XCÈNTRIC 2023 (10): POR UN CINE CÓSMICO, DELIRANTE Y LUMPEN: 'ORG' DE FERNANDO BIRRI

El redescubrimiento de ‘ORG’

Por Settimio Presutto


ORG (Fernando Birri, 1979)



Cuando los miembros del grupo Entuziazm (Michael Baute, Volker Pantenburg, Stefan Pethke) descubrieron la versión original de ORG (177 min) en el archivo de Arsenal - Institut für Film und Videokunst y cuando Markus Ruff me contactó, ni ellos ni yo sabíamos que el viaje sería mucho más largo de lo que parecía.

Cuando surgió la idea de producir un DVD, con la idea de dar una nueva vida a la película, que se había estrenado en el Festival de Cine de Venecia en 1979, no sabíamos que pasaríamos cuatro años hasta materializar esta idea.

El estreno mundial de ORG en el Festival de Cine de Venecia atrajo la atención hacia la película. La información sobre la obra estaba en el catálogo y las imágenes llegaron a los ojos del espectador que esperaban el estreno. Después de esto, no se volvió a oír prácticamente nada sobre la película. Terminó formando parte del reino de las leyendas debido a su proceso técnico, y nunca tuvo distribución. Pocas veces se proyectó, y cuando así fue se hizo en una versión corta (104 min) en las retrospectivas de la obra de Fernando Birri.

En 1991 Fernando Birri fue invitado al cine de Arsenal en tanto que miembro del DAAD. Presentó una proyección de la película –la copia seguía en el archivo. El grupo Entuziazm descubrió la película en 2012 como parte de su proyecto Living Archive. A ello siguió una proyección el 29 de junio de 2013, como parte de la clausura del festival.

Los espectadores latinoamericanos y alemanes y el público pluricultural, con sus preguntas y su vigor físico durante la larga conversación tras la proyección, dejaron claro que la película todavía estaba viva.

Había pasado mucho tiempo, pero tenía la sensación de que el paso del tiempo jugaba a favor de la película. La transición de la tecnología analógica a la digital, la caída del Muro de Berlín, la subyugación del mundo a la dominancia del neoliberalismo y el crecimiento descontrolado de la economía asfixiando a las personas convirtieron ORG en una obra por redescubrir.

Algunos espectadores dijeron que era una obra anormal, que iba más allá de cualquier clasificación, que se resistía a todos los parámetros, y aunque hubiera pasado 34 años en soledad y silencio, muchos de los que estaban allí aquella noche me dijeron que parecía «como si la película se hubiera hecho ayer».

En realidad habíamos saltado de una era tecnológica a otra, de un mundo, dividido ideológicamente en el este y el oeste, a otras realidades. El Muro de Berlín había caído y cuando el capitalismo, sin adjetivos, comenzó a levantar su voz victoriosa, los grupos de rebelión se escuchaban incluso en Chiapas, estableciéndose procesos progresivos en muchos países latinoamericanos y convirtiéndose la búsqueda de la dignidad del ser humano en una necesidad verdaderamente primordial, incluso aunque siempre lo hubiera sido, pero había quedado suprimida o sofocada.

Los nuevos lenguajes en los que estaban trabajando los creadores chocaban con los límites siempre ajustados de las estructuras dominantes que establecían la condición de los contenidos.

En la prueba de proyección en la sala de cine vacía de Arsenal, con Markus Ruff y el proyeccionista, descubrí y sentí la seguridad de que muchos de los efectos ópticos y especiales de la película no se podrían realizar hoy, a pesar de los avances tecnológicos en la producción cinematográfica.

Dije que parecía como si la película se hubiera hecho ayer porque surgía como una película de ruptura, en la que los actores aparecían desnudos, y porque la investigación lingüística durante el montaje y el trabajo con la banda sonora se desarrolló en un espíritu de experimentación.

Después de haber concebido la idea entre finales de 1967 y comienzos de 1968, empezamos a filmar el 15 de agosto de 1968 en Roma Caput Mundi, en la casa del director, en el distrito de Nomentano, que se había convertido en un estudio de cine.

A partir de este momento, un camino que debió ser tan sencillo de recorrer como el de cualquier otra película se fue complicando. Se cambió varias veces de operador, el rodaje se interrumpió más de una vez, las condiciones de la luz cambiaron, lo que debía suceder en verano al final se filmó en invierno.

Lo mismo ocurrió con el proceso técnico-creativo. El primer montador nos abandonó tras un año y medio. Yo era el asistente del segundo montador. Un día se fue también. Birri me pidió que me encargara del montaje. Estaba muerto de miedo. Hicimos una prueba para el director y para mí. Después de dos semanas de trabajo me encargué del montaje. Aprendí el trabajo. Incluso traspasé ciertos límites que los montadores se niegan a cruzar, pero debido a la complejidad de montar el negativo, tenía que supervisarlo con dos mujeres que se encargaban de ello, y tras un periodo de aprendizaje establecí los códigos para la corrección de color con el director –este trabajo lo hace normalmente el departamento técnico en el laboratorio donde se revela la película. No voy a seguir aquí con el fascinante viaje de los efectos ópticos, de los efectos en directo, de la experiencia de ajustar el color de la película, y finalmente la manera en que la película acabó en el Festival de Cine de Venecia.

Pero no acaba aquí. Las cosas cambian, la gente cambia. Y lo que debería haber sido un disfrute para todo el mundo que se embarcó en este viaje terminó siendo un callejón sin salida, el viaje no avanzaba.

Por razones confusas e incomprensibles, se prohibieron las siguientes proyecciones de la película. La obra existente se convirtió en una obra «desaparecida».

Después de Venecia trabajamos de nuevo, durante varios meses, e hicimos una versión «más comercial», acortada una hora; tampoco se mostró en cines.

El descubrimiento de la versión larga por parte del grupo Entuziazm, la digitalización de la copia en 35 mm y la corrección de color de la nueva copia «positiva» proporcionaron a la película –si la sostenibilidad del formato digital resiste los estragos del tiempo– una nueva vida.

Desde mi punto de vista, el poder visual y sonoro de la película ha quedado intacto, con sus imágenes múltiples y su banda sonora densa y variada, que intentaba ir más allá de los límites visuales y sonoros de la época, viajando hacia una totalidad de imágenes para producir nuevas impresiones. Queríamos conseguir la superposición de imágenes en el ojo, y no en la pantalla, por lo que montamos escenas de un solo fotograma; nuestra intención era hacer los pianísimos y fortísimos de las composiciones sonoras audibles, encontrando su camino al margen de los comentaristas del cine, en el laberinto de la escucha.

De este modo pudo continuar un diálogo que empezó con los espectadores del Festival de Cine de Venecia en 1979 y que luego se interrumpió, y que se puede retomar de nuevo en la proyección del Forum de la Berlinale en 2017 con otros espectadores.

Berlín, 28 de diciembre de 2016.

Publicado originalmente en el libro que acompaña
la edición en DVD de ORG, editado por Arsenal.

Traducción del inglés de Francisco Algarín Navarro.