XCÈNTRIC 2022 (3): HISTÓRIAS SELVAGENS, DE ANTÓNIO CAMPOS

António Campos habla de ‘Histórias Selvagens’

Por José de Mátos-Cruz

Histórias Selvagens (António Campos, 1978). © Colección Cinemateca Portuguesa.


El nombre de António Campos representa una vía original y significativa del cine portugués –ligado a la tierra y a sus gentes, a esa lucha ardua y reiterada por la subsistencia. Películas como A Almadraba Atuneira (1961), Vilarinho das Furnas (1971), Falamos de Rio de Onor (1974) o Gente da Praia da Vieira (1975) constituyen marcos esenciales de cariz etnográfico y sociológico, a las que ahora se añade Histórias Selvagens (1978).

Tras A Invenção do Amor (1965), ¿ésta es su segunda película de ficción?

Histórias Selvagens es más bien una película de realidad con una gota de ficción. La realidad de hoy –la que se habla en las carnicerías, la de las mujeres y los hombres que están relacionados con esa ficción, principalmente. En A Invenção do Amor traté una realidad implícita; Histórias Selvagens se refiere a una realidad directa, de temática rural. Quise centrarme en la realidad de todas las personas que trabajan y se esfuerzan, de la mañana a la noche, sin derecho a ponerse enfermos. Trata de la cría de un cerdo llamado Chino… Es la historia de quienes viven agotados y luego venden los animales baratos; quien acaba lucrándose es el carnicero. Se habla también de la vejez de esas personas que se sacrifican durante toda la vida para no acabar con casi nada propio.

Por primera vez utiliza a actores profesionales...

Sí, porque la gota de ficción tenía que llegar con perfección; los actores aficionados podrían no llegar a esa justeza. Buscaba la seguridad, incluso en el aspecto físico… Cremilda Gil –por ejemplo– me encantó, pues se integra perfectamente al entorno en el que está situado el personaje, superando todo lo que pude imaginar. Mucha gente preguntaba por qué no explicaba a los actores lo que tenían que hacer; yo prefería que creasen y viviesen los personajes a partir del diálogo escrito, sin limitar su representación; ellos respondían plenamente. En el caso de Cremilda, se integró con las personas, repetía su manera de sonarse o de comer, como si formara parte de la realidad general…

¿Histórias Selvagens ha alterado su modo de concebir el cine?

Sigo pensando que no me interesa que mis películas se estrenen. Lo que deseo es que circulen entre el pueblo, conozca éste o no los problemas que se plantean, para que se pueda debatir sobre ellos… Mis objetivos y preocupaciones son los mismos. Me basta con pensar en una película y tener el mínimo de dinero para hacerla. Cuando un tema me afecta, cuando me apasiona, me entrego en cuerpo y alma… Trabajo igual que cuando lo hacía solo. Elegí a un equipo con el que me entendía. En algunos casos se da una afinidad ideológica; siempre hay una comprensión en la gente que me rodea. Acácio de Almeida, por ejemplo, es un hombre en el que tengo confianza como operador, siempre me ayuda sin esconder lo que conoce; nace una amistad y una simpatía que pienso que es recíproca; creo en su competencia y le doy libertad en relación con la planificación de su trabajo. A pesar del poco presupuesto disponible, sigo pensando que las personas deben trabajar con un mínimo de interés en relación con el tema.

De Um Tesoiro (1958) a Histórias Selvagens hay un largo camino…

Mi actividad ha sido muy discreta. Desde que empecé, con una cámara de 8 mm, la gente me demostró su cariño y me animó, pensando que quizá tenía posibilidades haciendo películas con un cierto interés… Es lo que me estimula para seguir trabajando en esta dirección. No sólo aprecio a quienes dicen cosas buenas de mis películas, sino también a los que me pueden alertar; siento simpatía por todos. ¡Me han dado un calor humano muy grande! Si hago cine es porque me gusta, no sólo es una manera de vivir. Las personas me animan a hacer películas, y si he hecho algo, se debe a ellas. Como son personas honestas, en las que confío, se van formando los cimientos. No sólo me refiero a los críticos que escriben, sino también a las personas que van a los coloquios y expresan su opinión sobre las películas. No soy un profesional de las escuelas de cine; sólo he ido de visita… Trabajo con mi intuición, con mi sensibilidad, aprovechando las capacidades artísticas que poseo. Nunca me peleé con otros cineastas, todos me mostraron su simpatía: Manoel de Oliveira, Paulo Rocha, Fernando Lopes, António de Macedo, José Fonseca e Costa…

António Campos tiene un proyecto para la televisión…

Sí, Fernando Lopes me llamó para que formara parte de los cineastas de la serie para el II Programa, basada en «Contos Tradicionais Portugueses». Me dio la posibilidad de elegir el que más me gustara; acepté y elegí «Ti Miséria», de la antología de Teófilo Braga… Pero me preocupa, no por ser una ficción, sino por las escasas posibilidades. Me siento por primera vez receloso desde que me pagan por hacer películas. Hay mucha tela que cortar a nivel de imaginación, pero parece que tenga que poner dinero de mi bolsillo… La película exige, al menos, tres actores profesionales, aunque sean papeles pequeños. En su arquitectura, me gustaría hacer algo hermoso, con mi toque personal, pero es con eso con lo que me siento limitado. Será en 16 mm, en color (película reversible), durará treinta minutos, y debe estar lista antes del 31 de diciembre.

Volviendo a Histórias Selvagens, ¿no se trata de un título fuerte?

Exactamente, y quiero aclarar que no son historias salvajes, como podría sugerir el título. Decidí mantener el título original de la antología de A. Passos Coelho, de donde extraje el cuento «O Chino». Son más bien narraciones muy humanas, relacionadas con nuestro pueblo. Por cierto, me gustaría añadir que tengo mucho interés en presentar Histórias Selvagens en el Festival de Santarém, no sólo porque fue allí donde tuvo tanto éxito Vilarinho das Furnas, sino porque durante el certamen se reúnen críticos de diferentes corrientes y espectadores que conocen mis trabajos, y podrían ofrecerme los primeros comentarios sobre la película. Además, fui a este festival desde sus comienzos; el año pasado fue el único en que no pude ir.

Por otro lado, es una película que no está dentro de la temática del festival: está relacionada con la tierra, con su explotación –con los que explotan y son explotados… No irá a concurso, el único objetivo será mostrarla: yo no entro en competición con nadie porque no tengo ni la capacidad ni el físico para eso, así que dejo la competición para los demás –además, ¡entiendo que la competición debe existir!

Publicado originalmente en Diário Popular el 12 de octubre de 1978. Pág 25.

Traducción del portugués de Francisco Algarín Navarro.