SEFF 2022 (3): 'CAPISCUM', DE DEBORAH S. PHILLIPS

Sobre las películas de Deborah S. Phillips (1)

Por Martin Steffens, Zeynep Özkazanç y Sabine Schöbel

1.
Por Martin Steffens

Aparte de sus trabajos en papel, Deborah S. Phillips se ha dedicado durante años a las proyecciones experimentales en las que ha utilizado soportes gráficos transparentes, pero también película (como super 8 o 16mm).

Un ejemplo sorprendente de su forma de trabajar es Mosaïc, su proyecto monumental (también es un libro): la artista fija en la película y en los dibujos de los participantes la herencia ornamental y arquitectónica en la que se arraigan los trazos de las diferentes culturas islámicas y judaicas. A lo largo del proceso de producción artística, estas tomas se tejen para formar un universo cinematográfico en el que los colores, las formas y los sonidos se combinan de una manera casi sinestésica. El observador es el testigo de un proceso no menos complejo a nivel de contenido, que no siempre parece descifrable. Constatamos en el filme un desafío –por no decir una petición excesiva- a nivel intelectual y cultural. Así, las lenguas latina, hebraica y otras no son inteligibles para ninguno. Pero esto mismo no es sino un reflejo de la complejidad de la historia mundial, que no está realmente marcada por el eruocentrismo. En su profusión, los estímulos ópticos y acústicos, como si fueran un caleidoscopio, congregan los fragmentos para dar forma a un espacio en el que rebosan los colores y las formas, incluso más interesantes cuando comenzamos a comprender las complejas relaciones de causa y efecto al mismo tiempo que dudamos de su existencia.    

Otra faceta de la creación artística de Deborah Phillips tiene que ver con los collages realizados a partir de películas y de diapositivas recortadas, de materiales transparentes y de pintura secada. Estos materiales se presentan, por una parte, como «imágenes estáticas» en las proyecciones, pero también, por otra parte, en forma de tira de fotos. La particularidad de la presentación reside aquí en el hecho de que las fotos están suspendidas pudiendo girarse, de modo que el observador puede optar por verlas desde arriba o desde debajo de una mesa, dependiendo de los diferentes puntos de vista. En esta complicidad de motivos gráficos superpuestos, podemos también elegir una lectura que resulte adecuada en el momento. Por medio de esta variabilidad se distinguen en cada posición diferentes tipos de encuadres como portadores de sentido.

2.
Por Zeynep Özkazanç

Entre sus palabras translúcidas y sus técnicas idiosincrásicas, se arremolinan cientos de detalles –un flujo verde, un torrencial de colores vivos. Capas de color, agradables tazas de te, uñas pintadas de colores, todo ello forma complejas composiciones hechas a partir de cientos de fragmentos. Este movimiento está esencialmente relacionado con su personalidad y recrea atmósferas cercanas a las hojas danzantes y a las aguas voladoras en el cielo: una existencia semitransparente, un bosque que no tiene unos límites claros. Estos trabajos son poemas sin palabras, que pueden entenderse leyéndolos o no. Estos trabajos son elementos esenciales de la vida de Deborah y dan una idea del proceso que ella misma ha seguido en su trabajo.









3. Rojo y verde. Dos películas experimentales de Deborah Phillips 

Por Sabine Schöbel

En muchos aspectos, Capsicum (2008) es una película compleja sobre el color rojo. Varias veces y en varias lenguas se plantea la pregunta: ¿cuándo va a parar este rojo? –como si el color fuera una catástrofe que sería imposible soportar por más tiempo.

Pero las imágenes que vemos dicen algo completamente distinto. La película está formada por un largo encadenado de múltiples exposiciones, de dibujos animados en una mesa de animación y collages coloreados animados a base de piedras, frutas y legumbres en tonos rojos, color sangre y aspecto rojizo. Las manos de la cineasta, con sus uñas pintadas (de azul) surgen regularmente en primer plano. Como «talladas» y aceleradas, cortan un pimiento o una remolacha, y luego vierten un cucharón de sopa en una ensaladera de cristal.

La polifonía de las imágenes se refleja también en el sonido y en el texto. Estos se amplifican para formar una especie de «frenesí» babilónico: escuchamos trozos de frases, de música y de cantos –por supuesto, litúrgicos. Vemos letreros en ruso, en hebreo y en latín y escuchamos voces en persa, francés, inglés y alemán. Aquí, el tema es la connotación del color rojo en la historia y la cultura, relacionado por supuesto con la tradición judía ortodoxa. Sin embargo, este fuego artificial que es la película de Deborah Phillips ofrece más preguntas que respuestas. Una vaca pastando (alusión al animal sacrificial «rojo» del Libro de los Números) nos lleva, con su mirada desconsolada, hasta el sedicioso final de la película, que vuelve a subir con el páprika.

El proyecto en tres colores de la cineasta y artista pintora se acabó mientras tanto: para cada color existe una edición limitada en forma de libro, incluyendo además una serie de grabados y de trabajos acrílicos, una performance de diapositivas y una performance en 16mm sobre el color azul, así como otra película experimental que tiene como título idiomático Im Grünen Bereich (En la zona verde) (2017). En un primer momento, Im Grünen Bereich parece ser una película completamente diferente de su predecesora roja. El color verde, que simboliza en todas partes el éxito y un nuevo comienzo, permite evocar una mirada menos compleja del mundo. Pero también hay paralelismos claros: expresiones pronunciadas en una gran cantidad de lenguas reunidas en la banda de sonido y presentadas como prueba del potencial metafórico supracultural del objeto. La expresión «les pouces  vertes» parece existir, con ligeras variaciones, en numerosas lenguas. Y al igual que en Capsicum, las imágenes multiformes se han creado utilizando una exposición múltiple de la película y animando objetos. (Esta vez, sin embargo, se ha utilizado lo que se conoce como un banco de animación, un dispositivo óptico que sólo saben utilizar unas pocas personas en esta época en la que predomina lo digital).

Al igual que los ingredientes de una receta, descubrimos en la pantalla pequeños trozos de temblorosas legumbres, hojas de todo tipo de estructura y color animadas, matorrales iluminados y árboles a contraluz. Pero las familiares manos de la artista, que organizan este cosmos, nos presentan también una multitud de ejemplos en cierto modo artificiales del color verde: papeles pintados, hojas con inscripciones, un pequeño frasco de pintura, una rana de plástico.

Las composiciones sonoras de Ruth Wiesenfeld y Wolfgang in der Wiesche, acompañan con ingenio esta agitación y las incesantes aportaciones o sustracciones realizadas delante de la cámara. Los chirridos, los aullidos, los resoplidos, las piadas y el goteo que escuchamos en off son la reverberación sonora de una mecánica de la animación tan artística y sofisticada como rítmica.

Al final, el proverbio inglés «La hierba es siempre más verde del otro lado», aporta incluso una chispa de amargura a ese terreno delimitado de la zona verde. Se trata de una expresión que significa lo contrario de lo que dice literalmente: desafía con malicia las malas costumbres que tenemos, impregnadas por la envidia, de pensar que lo que los otros tienen es más hermoso, mejor y más conseguido que lo nuestro. Esto sirve tanto para los temas del verde como de la complejidad.

Traducción del francés de Francisco Algarín Navarro.