SEFF 2022 (1): 'TAHOUSSE', DE OLIVIER FOUCHARD Y MAHINE ROUHI

Sobre las películas de Deborah S. Phillips (2)

Por Christopher Becks y Heide Schlüpmann



1. La mano en la superficie

Por Christopher Becks

Guiar su mano, colocar su materialidad sobre una materia es una forma de confianza en el corazón de la que encontramos la verdad universal del procedimiento: una reflexión sobre la ontología del futuro, sobre el paso hacia y a través de otros estados que reposan en nuestra capacidad para formar materiales y, de este modo, para (in)formarnos. A través de esta confianza de la una y la otra, de la mano y la superficie, la relación entre ellas y la llamada inherente a la intervención se vuelve imprescriptible, porque no es posible renunciar a ella. Es la confianza en su pertenencia a un mismo mundo, aquel en el que nuestras intervenciones en la superficie –englobando sus límites sin borrar la dimensión de profundidad de un rasguño o de un corte, como en el caso de un fotograma, o en las cavernas microscópicas de una roca, como sucede con las piedras litográficas- pueden representar una existencia en el mundo con sus imperfecciones. Hablando de esta relación y comprometida con el proceso, Deborah S. Phillips hace su arte con y para el mundo.

Los materiales y sus superficies nos invitan a intervenir; aspiran a ser tocados, modificados, al mismo tiempo que la artista abre sus sentidos para ser tocada y quedar transformada por el material y la materialidad que encuentra.

Antes de las nociones de mensaje y de dibujo, es en la materialidad donde se encuentra la capacidad de comunicar, y es en esa consciencia donde emergen las obras de Deborah S. Phillips, en particular a través de sus litografías y de sus collages de diapositivas.

En este sentido, su procedimiento, sus intervenciones sobre las superficies y en el interior de los encuadres, su repuesta materializada a un mundo tan material y receptivo, no constituyen límites ni puntos finales respecto a su trabajo, sino que se convierten más bien en una garantía de su relación con la materia, y por lo tanto de la relación entre su arte y el mundo.



2. Reacciones a una proyección
Por Heide Schlüpmann

Las películas de Deborah Phillips son auténticas experiencias visuales y acústicas. Lo que puede parecer en un primer momento incomprensible, no identificable, es algo maravilloso. Diría más bien misterio, enigmático.

¿Se trataría de una búsqueda de sí misma a través de las películas? Los lugares tienen allí su importancia, así como su ausencia. El templo, la mezquita, el cielo en Mosaïc. ¿El cielo lejos de los cielos, que sin embargo está lleno de expectativas, como si se tratara de una aspiración física hacia lo alto, y que se gira, se desplaza hacia la danza, hasta que la cabeza da vueltas?

Los lugares: la Tierra prometida no es Israel, sino más bien la Hermannstraße. El cielo rojo inesperado en el espacio de un instante, la sobreexposición, la mirada hacia lo alto; y luego, de nuevo, el niño que cruza la calle moviendo los brazos. Este país no es un lugar concreto, ni tampoco son los lugares por los que la artista ha pasado, ni un más allá, sino la transformación del lugar en el que vivo, transformación efectuada por medio del montaje, de las superposiciones, de las transparencias, creando un imaginario condensado.

Y lo que vemos: primero de todo, el asombro, la fascinación ante los colores y la luz. Y luego, el enigma.

Traducción del francés de Francisco Algarín Navarro.