ESPECIAL JEAN-CLAUDE ROUSSEAU

WER GLAUBT, SOLL SELIG WERDEN *
Quien creyere será salvo

por Jean-Claude Rousseau



 

 

   
   

Leer en francés.

Están cerca sin estar al lado. Ya no hay lados.
Son bellos de todos los movimientos que no hacen, que ya no hace falta hacer.
¿De dónde vienen?
De ninguna parte, si no es de cuanto leen. Cuanto dicen es el libro de vida.
Ninguna cuenta que rendir, si no es la cuenta de los días.
El último juicio no es un proceso.
Él dijo bastante. Cierra su cuaderno y sale de campo. Se desvanece.
Si se va, se ve que no es por ir a otro lugar.
Es una desaparición, más que una partida. Del fuera de campo el cuerpo glorioso
no vuelve. Y presentimos que los otros seguirán y que esta vez
no habrá vuelta del lugar sin estaciones donde se anula la cuenta de los días.
El ojo no olvida, y la imagen creída borrosa perdura nítida sobre él, desaparecido.
El foco sobre quien ya no está.

Bajo los cuadros, sobre las predelas, el paso de un espacio al otro se hace
sin ruptura de plano y sin distancia.
Visión global sin ser plano de conjunto.
Estamos en Padua en la capilla de los Scrovegni.
Los ojos van de un plano al otro y la visión se alarga hasta ver
la resurrección de los cuerpos. También sobre la pantalla el fresco
no tiene perspectiva. Es contemporáneo de la obra de Giotto.
Primitivo para quienes encontraron en las reglas de la perspectiva
mentirosa un reposo para el ojo cansado de lo verdadero.
Buscar la verosimilitud es cerrar el ojo de la visión.
Cuando ya no se ve, se puede imaginar la puesta en escena,
pero este imaginario jamás fragua una imagen. La imagen no es una escena.
Es un pozo profundo donde el actor no hace pie.

¡No, Operai, Contadini no es teatral!
No están representando y no les rodea un decorado.
Venidos de ninguna parte, yendo a ninguna parte, han llegado.
De ellos sólo queda la historia
y la historia cede al lugar.
Llameante se eleva su palabra y su presencia es sólo la del lugar.
En la escucha final de este oratorio, cuando las partituras se han cerrado
y la visión se alarga hasta el horizonte luminoso,
sólo se oyen el temblor del follaje y el canto de la tórtola.
Arrullo sin fin. El lugar por siempre es habitado.
Es el sentimiento de que no merecemos este film.
Y no tiene importancia, porque sabemos,
corazones ligeros, que la Belleza, como la Esperanza, no se merece.

 

 * BACH, Cantate BWV 125

Publicado originalmente en L’internationale straubienne,
París: Éditions de l’Œil / Centre Pompidou, 2016.

Todo nuestro agradecimiento
a Jean-Claude Rousseau
por habernos permitido la publicación
de este artículo.

Traducción del francés de Carlos Saldaña.