ESPECIAL JEAN-CLAUDE ROUSSEAU

Canciones de amor

por Jean-Claude Rousseau
 

 
   

Leer en francés.

No hay sentido particular que dar al ir y venir del hombre en el cuarto. Sus desplazamientos son los de un animal en su jaula, los de un prisionero en su celda… Ir de un lado a otro. ¿Qué más hacer?

Un movimiento repetido sin razón, que topa con los límites del espacio, entre dos canciones de amor como entre dos sueños raídos de felicidad.

Del viejo disco, la canción final nos dice en su postrera estrofa: «sonó la medianoche». Las mañanas que seguirán serán las mismas. Idas y venidas en el espacio cerrado, con la expansión ilusoria del espejo y de la ventana velada, por donde se ven furtivamente y se oyen los chapoteos del mundo. Imposible tomar parte…

Pero hay un recodo secreto, un lugar oculto tras la pesada cortina. Deslizarse allá en la oscuridad, como desaparece tras el telón del iconostasio aquel que celebra el oficio divino. Atravesar el muro de imágenes para ver la Imagen. El sinsentido del tiempo que pasa convertido en ritual.

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Mudar, mudarse. De una camisa a otra, la tela dejada sobre el respaldo de la silla, como un despojo. Un rápido desvestirse para mudar de apariencia. De una camisa a otra, imaginamos que se prueba ropa antes de decidirse a salir; pero es pensar demasiado en la ficción que haría creer en la escapada y daría razón al gesto.

El gesto se ve como se vive, sin razón, y la camisa dejada sobre el respaldo de la silla está por ello más presente.

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Ritual y celebración. Repetición sin fin de los gestos y del circuito cerrado de los alienados, en un más allá ininteligible. Así es como la película encuentra su forma.

Primero, las tomas hechas sin intención, registrando una presencia, la cámara sobre su caballete. La imagen vista sin historia a la vista. Luego, la puesta en órbita de las tomas en una forma repetitiva con improbables raccords.

La película no tiene, pues, la estructura lineal que reclamaría un relato. Nada que contar, ninguna representación. Un ajuste no para crear un sentido, sino que, al contrario, evacúa el sentido para preservar la imagen. 

Publicado originalmente en Dérives.

Traducción del francés de Carlos Saldaña.