Nathaniel Dorsky: (VII) Sarabande

Por Miguel Blanco Hortas y Francisco Algarín Navarro



Video: Miguel Blanco
Montaje y subtítulos: Francisco Algarín Navarro
A Coruña - CGAI / (S8) Mostra de Cinema Periférico, 3 de junio de 2011.

"Dorsky no quería poner el grito en el cielo, después de todo, cuando respondió al público de Rotterdam a una pregunta ligeramente antagonista sobre por qué las películas no estaban en DVD diciendo, «Puesto que no funcionarían». Elaboró con un brillo técnico –considera el DVD un formato principalmente auditivo- pero también añadiría que los discos representan una variación adquisitiva de la experiencia cinematográfica, en contra de la naturaleza efusiva de su montaje. Esto es algo que afectaría especialmente a las películas del Cuarteto, comprometidas como están con la idea de disolver la jerarquía entre el fondo y el primer plano. Uno se sorprende inmediatamente al ver el plano de apertura de Sarabande (un plano del cielo o: la luna a través de las capas de las nubes a través de las ramas de un árbol en invierno a través de una tela de gasa negra)- para comprender que Dorsky es capaz de conseguir con una sola imagen lo que le ocupaba v varias en Alaya. En ese antiguo ‘dueto’ (en palabras de Dorsky) entre el grano de la película y los granos de arena filmados, los cambios fluidos en la escala entre las dunas distantes del desierto y el pálido espectro de los guijarros individuales recuerdan a dos líneas de la poesía de Noël Boreau citada por Gaston Bachelard en La Poétique de l´espace: «se tumbó a un lado de la hoja de hierba / para ampliar el cielo». Lo que es destacable de los cortes de Dorsky es su libertad y su yuxtaposición. Hay mucho ingenio en algunos de los hilos, pero en general están destinados a reentrenar nuestro ojo mental no para leer una imagen demasiado rápido, de modo que podamos quedar absorbidos primero por sus formas gráficas. El avance en Sarabande tiene que ver ahora con el juego con las texturas anidadas de forma tan asegurada en el interior de la imagen, el montaje es libre para ser disfrutado por sí mismo –siguen las suaves sensaciones de la flotabilidad y del balanceo". Max Goldberg.