PARABÉNS


Fritz Lang tiene una moral de hierro, se siente esto en cada uno de sus planos y de sus ángulos de cámara, pero también se siente esto en su relación con los productores: es el único que ha conseguido hacer una superproducción que no es un superproducto. Der Tiger von Eschnapur y Das Indische Grabmal son las únicas películas que son superproducciones sin ser superproductos, que están hechas con todo el dinero del que se dispone sin crear una cortina de humo. Y que, con todo, no están hechas contra el dinero. Porque esto es más fácil de hacer; en su evolución, Godard percibió que es necesario hacer películas de oposición. Pero para un hombre de la generación de Fritz Lang, una idea de estas no era posible. Y a pesar de esto consiguió hacer estas dos películas, en las que realmente da algo a los alemanes, que morían de hambre hace tantos años, desde 1933 o antes de 1933, hasta la Währungsreform, que los intelectuales de izquierda tanto despreciaban, hasta el momento en que las personas volvieron a saber un poco lo que era vivir: es a esto a lo que llamaron el milagro económico alemán. Para mucha gente, este fue el momento en el que volvieron a vivir, en el que volvieron a comer de forma normal –claro que había especulación y todo lo demás, okay. El aspecto negativo de esto es la llegada de la sociedad del consumo. Pero en este momento Fritz Lang le dio a los alemanes una prenda, digamos, de oro. Y esto es lo que es importante. Cualquier otro habría hecho un becerro de oro. El productor estaba realmente deseoso de hacer un becerro de oro. Y Fritz Lang hizo una película.