XCÈNTRIC 2020 (6): I DIARI DI ANGELA. NOI DUE CINEASTI

Catálogos y perfumes

Por Alberto Farassino

Cesare Lombroso – Sull’odore del garofano
(Yervant Gianikian y Angela Ricci Lucchi, 1976). Cortesía de Yervant Gianikian.


Recuperar la noción de «Catálogo» resulta indispensable para hablar de las películas de Yervant Gianikian y Angela Ricci Lucchi. Una de estas películas se titula precisamente Cataloghi (1976), y todo el trabajo puede ser resumido en la figura de la clasificación, de la acumulación ordenada y serial, de la catalogación.

Al inicio de este trabajo hay un repertorio o colección de millares de objetos viejos y pequeños, juguetes, fotografías, postales, que pertenecieron en su mayor parte a una familia desaparecida a principios de siglo. Las imágenes se recortan en rectángulos para articularse, ordenadamente, en sus obras gráficas, sobre grandes hojas con etiquetas antiguas, aquellas con el margen dentado y el borde azul. Los objetos más pequeños se conservan en contenedores de madera con un lado de cristal, que se convierten en pequeños teatros conceptuales o en paisajes mínimos. Y el acercamiento al cine de estos dos artistas parece inicialmente dictado por la exigencia de catalogar, también en el tiempo y en el movimiento, sus extraordinarios materiales, alineándolos sobre la mesa de refilmación o situándolos en exteriores alpinos y campestres, o escondiéndolos y desenterrándolos, puesto que son tesoros, con meses de distancia. Estos catálogos íntimos, un poco anticuados y crepusculares,  han evolucionado sin embargo hasta conocer la violencia y el horror. La película más reciente de Gianikian y Ricci Lucchi consiste en la observación espeluznante de otro catálogo similar al suyo en su observación clasificatoria, además del estado de las piezas: el Museo Lombroso de Turín, donde se encuentran alineados y repertoriados –con las mismas etiquetas, las mismas relaciones formales entre objetos y palabras– cabezas cortadas de ladrones y violadores, restos anatómicos en botellas y series de vulvas disecadas, cuchillos y hoces y punzones usados en homicidios, ilustres juguetes y muñecos de la Enciclopedia, ese monumento histórico de la comprensión clasificatoria, himno al saber y al ver ordenados. Por ello precisa, ilustrativamente, la película Cataloghi era el Traité des sensations (1754) de Condillac rescrito, filmado, transformado en poesía: estética como teoría de las sensaciones, búsqueda en torno a los sentidos más que en torno al sentido. El cine «conceptual» de Gianikian y Ricci Lucchi también es un cine de las percepciones y de las sensaciones, y no sólo visuales, porque se vuelve hacia el menos desarrollado y el menos estéticamente valorado de los sentidos del hombre, el olfato (y Lombroso sostenía que estaba aún menos desarrollado en los criminales).

Cine, por tanto, de los olores, cine «perfumado» por el que Gianikian y Ricci Lucchi son principalmente conocidos y despiertan interés. Pero los perfumes que acompañan la proyección de sus películas no surgen de la nada, de aquella oculta columna olfativa que fuera diseñada, en el mito de un cine total, para añadirse a la columna sonora y a la visual, reforzando así la ilusión realista. Emanan, en cambio, de lugares precisos, visibles: se encierran en frascos de cristal, gotean a través de tubos y conductos para quemarse sobre tazas de metal, calentadas al fuego de un hornillo de alcohol. No se programan en un código tecnológico sino que requieren la presencia de los sacerdotes del rito, que actúan durante la proyección para manejar la maquinaria, la perfumería. Perfumería de opio, de incienso, de benjuí, de clavellina, para desarrollar las asociaciones mnémicas, ampliar el compromiso sensitivo y emotivo, pero que también tiene el efecto de transformar la fisicidad de la sala oscura, iluminándola en llamas y movimiento, y de implicar a los espectadores en el mecanismo generativo de las fragancias y del lenguaje, más que en la ilusión de la pantalla. Pero aparecen otras escrituras en las películas de Gianikian y Ricci Lucchi, estampadas a mano sobre libritos, grafiados sobre piedras del bosque para probar en ellas los efectos de la cancelación del tiempo y dibujar un mapa fantástico. Y aún más: técnica de la animación cinematográfica que se transforma que escritura objetual, acercamiento sintáctico de los objetos-grafemas; búsqueda en torno al ideograma chino a través de Pound y Fenollosa y Eisenstein, experimentos de escritura mixta iconográfica. Incluso la instrumentación del trabajo de Gianikian y Ricci Lucchi está constituida en gran parte por material (escolástico) relativo a la escritura, restos nunca vendidos de papelerías y trastiendas, cuadernos con la cubierta negra, etiquetas, postales, plumillas. Si se ha podido decir que el 16mm era la caméra-stylo, que el Super 8 o el VTR son como el bolígrafo en cuanto que se pueden tener siempre consigo para un cine del apunte rápido e inmediato, no hay duda de que el 8mm es la pluma. Presbítero de la escritura cinematográfica. Y no sólo porque esta película está ahora casi caída en desuso y casi irreparable en comparación con el Super 8, encerrada tal vez en cartuchos siempre a punto, como los recambios del bolígrafo, sino también porque simboliza la práctica de una caligrafía aleatoria, fruto de un impacto siempre chirriante entre instrumento y soporte. Gianikian y Ricci Lucchi utilizan casi exclusivamente el 8mm y su frase fílmica se ordena según secuencias programadas y rigurosas, como la de la escritura forzada a seguir las líneas del cuaderno, pero el trazo puede resultar oscilante, con manchas de luz como bocetos de tinta, máscaras como borrones y correcciones, sobreimpresiones como escritos múltiples que van a depositarse sobre el papel absorbente. Perfumes de infancia, perfumes de escritura.

 

Publicado originalmente en Lo sguardo ammucchiato. Cronache e critiche del cinema sperimentale,
Patalogo Due, Milán, Ubulibri, 1980.

Cinema anni vita. Yervant Gianikian e Angela Ricci Lucchi,
Paolo Mereghetti y Enrico Nosei, Milán, Cineteca Milano, 2000.

Traducción del italiano de Carlos Saldaña.