XCÈNTRIC 2018: VIDA Y LENGUAJE DEL ARROZ. "NIPPON". FURUYASHIKI VILLAGE, DE OGAWA PRODUCTIONS (2)

'Nippon': Furuyashiki Village, de Ogawa Productions

Por Varios autores




1.

“Hice mi primera película, The Sea of Youth en 1966, pero no pudimos mostrarla en ningún cine, por lo que pensamos en montar una organización y fundamos Ogawa Productions. Fue muy importante, no tanto para la filmación como para la distribución.

¿Cómo elegisteis a esos ochos granjeros que aparecen en la película?

Sólo había diez campesinos, dos de ellos pertenecían a una religión que les prohibía ser filmados; me rechazaron, no al revés.

¿Cómo consiguieron hacer un retrato del conjunto del pueblo a través de los testimonios individuales?

El pueblo está formado por cada campesino y sus vecinos. Decidí mostrarlos de manera independiente, uno tras otro. Juntos forman un retrato del pueblo. Es un viejo método; actualmente, los sociólogos intentan entender los pueblos como entidades individuales. Creo que tenemos que intentan entender a cada campesino de manera separada, como persona. Y para eso tenemos que entender en qué circunstancias viven, cómo es su trabajo, el clima de esta tierra, el agua, el campo; por eso decidimos mostrar el problema con el arroz.

Todas las narraciones, filmadas en planos fijos, son increíblemente ricas. ¿Las montasteis, cortando y reagrupándolas?

Cada campesino nos contó una serie de historias; incluimos unas cuantas, siempre en su integridad; cuando había que cortar algo, enseñaba a los campesinos todo lo que filmamos. Se sentaban cerca de la pantalla, veían los rushes con nosotros, los comentaban y decían: «Esto está bien, vamos a conservarlo».

Hay momentos muy intensos en los que todo surge de manera emocional, como cuando el trompetista termina de tocar y empieza a recordar y emocionarse. ¿Cómo conseguisteis esto?

No me gustan las tomas directas, las palabras de los campesinos suelen ser muy diferentes, repiten el relato de una manera ligeramente distinta, es su historia, y eso es importante.

¿Qué tipo de material tenías a tu disposición para filmar el fuego dentro del horno?

Teníamos cuatro cámaras: una francesa, una Bolex, una Bell&Howell y una pequeña de 16mm. Dentro del horno hacía tanto calor que el objetivo se estropeó y no se podía enfocar.

¿Cómo es el trabajo como colectivo?

Yo me encargo de la cámara y a veces del sonido. Somos un equipo de doce personas que llevamos veinte años trabajando juntos, ya no necesitamos discutir las cosas. Lo importante es vivir juntos, beber y comer. Soy un gran cocinero.

¿Conocisteis a los campesinos como grupo?

Primero como grupo, luego uno por uno, son personas. Al primero al que conocí fue mi vecino, no lo filmamos, pero escribió el poema final [Kimura Michio]. Solíamos visitarles e incluso les ayudamos a buscar una manera de cultivar el arroz. Algunos empezaron a escribir poemas.

¿Tuviste algún tipo de problemas con las mujeres?

Cuando llega un extraño a un pueblo, empezamos conociendo a los niños, luego a la gente mayor, después a las mujeres o los hombres, luego a las esposas y finalmente a los maridos. En este pueblo todos son mayores, no tuvimos ningún problema.

En el futuro, ¿continuarás trabajando tu método de registrar lo real filmando a los individuos o buscarás una técnica más sintética?

Para mí no hay diferencia entre seguir a un campesino o abarcar la totalidad de los problemas de Japón. Si sigo a alguien de manera más o menos profunda, puedo mostrar el conjunto de problemas de Japón. No voy a cambiar mi estilo –aunque hay un punto de vista sintético para cada persona.

¿Hay nuevos individuos en el colectivo?

En el nuestro hay gente joven que seguirá. Tienen 25 ó 30 años”.               

Entrevista con Shinsuke Ogawa a propósito de "Nippon": Furuyashiki Village realizada en el Festival de Berlín de 1984 por André Tournés. Jeune Cinéma, nº 159, junio de 1984.

2.

“Ogawa: Por desgracia, el pueblo está desmoronándose actualmente. Así que la pregunta es: ¿la vida era tan buena como la filmamos? En mi caso, digo rotundamente sí. Filmamos a los ancianos, a los abuelos. Cuando ves el material, notas que hubo una comunidad. La cámara revela esa parte de sus vidas.

Oshima: Entonces, ¿también muestras sus problemas?

Ogawa: Seguro que dentro de muy poco el pueblo se convierte en una ciudad fantasma. Es triste. Y tengo que registrar esa realidad. En mis películas de Sanrizuka y en otras sobre las diferentes injusticias sociales, como la polución, el poder de las centrales nucleares y otros casos vergonzosos, los habitantes protestaban. Se unieron y presentaron una oposición en común. Buscaron la ayuda de fuera.

Oshima: ¿La gente se une cuando sienten una amenaza exterior?

Ogawa: Sí, pero podemos encontrar ejemplos como este pueblo, Furuyashiki, por todo el norte de Japón. Mueren cientos de personas al mismo ritmo que el centelleo de las velas. Puedo decir el nombre de muchas personas de esta región. Muchos han muerto ya.

Oshima: Llevas ocho años viéndoles desaparecer.

Ogawa: Sí, muchos mueren simplemente. Y parece natural. Pero no debería ser así. Como documentalista, mi debe es filmar la agonía final de esas comunidades. Ahora es incluso más fuerte que cuando llegué. Siempre me pregunté por qué vine aquí después de documentar las luchas contra el aeropuerto. Nunca he conseguido saberlo. Hace poco me di cuenta de que se trata de establecer un contraste entre el declive natural de una comunidad y la supervivencia vibrante de otra aniquilada porque «necesitaban» construir un aeropuerto allí. Ese contraste está en el corazón de mis documentales.

Oshima: ¿Y todo esto ocurría mientras se cultivaba el arroz?

Ogawa: Sí, exacto. Como suelo decir, conseguimos algo magnífico rodando en Sanrizuka. Al menos un cuarto del material está dedicado a la agricultura. Pero no pude usar un solo fotograma. No pude. Conocía a la gente y sé cómo se sentían con la tierra confiscada. Nosotros no sabíamos nada de agricultura. Ni siquiera sabíamos caminar por el campo. Hasta lo más básico era raro para nosotros. Entonces, lo que filmamos era una pequeña muestra de la agricultura. Era consciente de ello y me sentía frustrado. Por supuesto, estábamos allí para filmar las protestas, no para documentar las tareas agrícolas. Muchos nos criticaron. Y llegué a estar de acuerdo con gran parte de estas críticas.

Oshima: No sólo fueron protestas.

Ogawa: Sus vidas les llevaban a la lucha.

Oshima: Por eso necesitabas registrarlo.

Ogawa: exacto”.  

Fragmento de una conversación entre Nagisa Oshima y Shinsuke Ogawa extraída del documental A Visit to Ogawa Productions (1981), de Jun’ichiro Oshige. 



3.

“Kanai: Me gusta mucho Furuyashaki Village. ¿Cómo fue hacer un documental después de tanto tiempo?

Tamura: ¿Cómo fue? Para una película de Ogawa, fue mucho tiempo, pero yo no lo sentí de ese modo. Primero, porque no distingo entre documentales y ficciones. No sé por qué. Además, en esa época, iba a filmar a Magino, en Yamagata cada año. Sobre todo filmaba escenas sobre el cultivo del arroz. Sobre todo filmaba cosas concretas, como el clima y los árboles en la montaña, el agua. Si cometías un error un año, tenías que volver al siguiente: en eso consiste filmar la naturaleza. Lo hicimos durante siete u ocho años. Y por supuesto filmamos las historias de los campesinos, que es algo que no podíamos hacer en Sanrizuka. Era la idea de Ogawa. En esa época había ganado más sensibilidad trabajando en otras películas.

Kanai: Cuando creaste tu propio campo de arroz, la tierra era un factor fundamental. El mismo campo de arroz puede ser muy diferente de una zona a otra dependiendo del suelo.

Tamura: Varía muchísimo porque los campos de arroz grandes están hechos de la unión de otros más pequeños.

Kanai: Después de investigar bastante, construiste una máquina para hacer experimentos con corrientes de niebla. ¿Por qué?

Tamura: En Furuyashiki se le llama shirominami o «sur blanco». Furuyashiki es un pueblo de montaña, por lo que el viento frío siempre llega a la montaña a principios de verano. Siempre va de la misma montaña hacia el sur.

Kanai: Es realmente interesante la manera en que usas el hielo seco en tus experimentos. Además, sabes que nací en un pueblo de campesinos y cultivé arroz desde que era pequeño. Me sorprendió mucho el lado erótico de la escena de la fertilización, que está filmada con un microscopio. Cuando estábamos allí Ogawa dijo que si la filmábamos en interiores no sería natural. Dijo que había que filmarla en los campos de arroz. Imagino que solías filmar fotograma a fotograma en los campos de arroz.

Tamura: El momento más importante del arroz es el florecimiento y la polinización. Es lo mismo con todas las plantas. La primera vez que filmamos no lo hicimos fotograma a fotograma, sino usando un ralentí. Parecía que tenía todo el sentido filmar el florecimiento ralentizado, pero cuando vimos la toma no nos pareció nada interesante: había movimiento en el arroz, pero no vida. Después de filmar durante varios años, encontramos variaciones sutiles en los cambios de clima, de temperatura y en el tipo de tierra. Quizá exagero un poco, pero esas condiciones afectaron a cada grano de arroz y uno podía verlo perfectamente. Así fue como Ogawa se interesó en el cultivo del arroz. Así que al final tenía más sentido registrarlo fotograma a fotograma.

Kanai: En la segunda mitad de la película, cuando escuchamos las historias, aparecen vínculos con la Guerra del Pacífico.

Tamura: Llegamos a Furuyashiki interesados por el «sur blanco». Si filmas el aire frío y la fisiología del arroz, la relación entre esas personas y la Naturaleza se vuelve evidente. Luego nos dimos cuenta de que había un pueblo de montaña donde todos
los habitantes eran ancianos.

Kanai: Y está despoblado.

Tamura: Hablar sobre la montaña y el carbón vegetal era muy interesante, peor en cuanto entablábamos una conversación larga, era inevitable hablar del pasado, porque eso explicaba el descontento con el presente. La razón era que todos los jóvenes y las personas de mediana edad vivían en la ciudad”.

Entrevista publicada en Docbox #8. Festival Internacional de Cine Documental de Yamagata.

Traducción del inglés de Francisco Algarín Navarro.