DENUNCIA DEL ANN ARBOR FILM FESTIVAL. EL ASUNTO JEROVI, POR GREGORY J. MARKOPOULOS

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Denuncia del Ann Arbor Film Festival (1965)

Por Gregory J. Markopoulos



El folleto del festival afirmaba que las «películas» se proyectarían entre el 11 y el 14 de marzo a las 19 y las 21h en el auditorio de la Facultad de Arquitectura y Diseño. Luego se podía leer: «Con el fin de apoyar el trabajo de los cineastas independientes y de promocionar la idea del cine como arte, Cinema Guild de la Universidad de Michigan y The Dramatic Arts Center of Ann Arbor tienen el placer de anunciar la Tercera Edición del festival de cine de Ann Arbor».

El Sr. Mekas me preguntó si podría ocupar su lugar como jurado en el Ann Arbor Film Festival, debido a que tenía que encargarse de realizar otros asuntos. Acepté y cogí el avión hasta Detroit, donde quedé con el Sr. George Manupelli, el organizador jefe de los festivales de Ann Arbor. El programa de apertura estaba anunciado para esa misma noche. Antes de esto hice un discurso en la inauguración, en el que afirmé que todas las artes estaban muertas excepto el cine. Los estudiantes lo aceptaron. Nadie lo cuestionó. Una joven preguntó, en un momento dado: «¿Por qué no podemos ver estas películas?». Le respondió que sobre todo se debía a la incompetencia de las personas que estaban a cargo de las sociedades cinematográficas; también por el interés absoluto de esas personas por el cine como cine. Seguí diciendo que esas personas tratan el pensamiento del cine de la misma manera que los propietarios y distribuidores del cine comercial. Curiosamente, más tarde, después del primer programa, se me acercaron dos miembros de Cinema Guild, que parecían sorprendidos con la increíble manera en que habían reaccionado los alumnos ante las películas. Muchos habían sido rechazados. Esta reacción me recuerda otras reacciones parecidas, como la de algunas fundaciones, cuando se sorprenden de que los proyectos que apenas han apoyado con fondos son bien recibidos. En ese momento, las fundaciones retroceden más que nunca. De hecho, los contables que están a cargo de las fundaciones no pueden entender lo que ha sucedido.

La película mejor recibida la primera noche del festival fue Nightspring Daystar, de David Brooks. Un miembro del jurado dijo que le recordaba a una litografía de Rauschenberg. Quiet, de Robert H. Spring, es una hilarante parodia realizada en una morgue. También The Devil is Dead, de Carl Linder. Varias personas dijeron que esta película era demasiado larga. Lo que no consiguen entender es que uno de los pocos privilegios del cineasta es poder hacer una película tan larga o tan corta como sienta que es necesario. Por supuesto, ningún espectador consideraría sugerir a un pintor que debería utilizar más o menos cantidad de un determinado color. Hay una tendencia bastante extraña –como la mala interpretación del concepto «camp»-, una especie de temor ante la idea de que el hombre medio, la masa, comparta o no comparta ese mismo TIEMPO. El hombre se ha vuelto libre, pero no puede disponer de su TIEMPO como quiera. Se promueve el tiempo de ocio, las cadenas han quedado subyugadas frente al TIEMPO.

Sin duda, uno de los mejores momentos de los cuatro días de Ann Arbor fue la proyección de películas en 8mm. Luego, cuando sugerí que incluyeran esas películas en los premios y votaciones, me vinieron a decir más o menos que si incluían esas películas en las categorías premiables, que si aceptaban las películas en 8mm, al año siguiente el comité de selección liderado por el Sr. Manupelli tendría que aceptar «todas esas películas en 8mm». Al parecer, en las tierras pantanosas, no consideran las películas hechas en 8mm como cine. Otra curiosidad del comité de selección se reveló la segunda noche del festival. Uno de los miembros del jurado comentó, después de ver las películas de nuevo en una sala de cine en condiciones, en una buena proyección: «las películas se ven tan diferentes... en la pared parecían tan insignificantes». Así es como el New American Cinema, todas las películas de los cineastas que viven por todo el país, que aman el medio, florecen y seguirán floreciendo por todas las superficies, por las viejas y las nuevas superficies inevitables, en esas nuevas salas dedicadas al cine a lo largo y ancho de la nación.

Sin sentido

Durante los cuatro días que estuve en Ann Arbor, tuve la oportunidad de leer las reseñas de las películas experimentales que allí se vieron. Tal y como había sucedido en otros lugares, en otros campus, no se había entendido el cine como cine. La actitud general consistía en que, para entender el cine, había que recurrir a los significados literarios, a la pintura, a los dudosos significados de la psicología o la sociología, pero el cine nunca tenía un sentido inherente, en sí mismo. Había anuncios que se supone que estaban destinados a los programas del cine experimental en los que se podía leer: «Se recomienda no asistir a los miembros del público que se puedan sentir perturbados u ofendidos por las escenas que representan las tendencias más extremas del cine experimental».

Otra película recibida con gran entusiasmo por parte de los estudiantes fue The Pong-Trang Trilogy, de Ben Van Meter. La sorpresa satírica y maravillosa del festival fue Papillote, de Benjamin Hayeem, que se filmó en Stock Exchange, en Nueva York. Ingreen, de Nathniel Dorsky, recibió también un aplauso unánime. Muchos querían ver la película de nuevo, no sabían de qué trataba. Uno de los grandes fallos del festival consistió en que no había programas de notas. Al final, el mayor horror del festival fue una película hecha en la New York University: It’s Not Just You, Murray. Se llevó el premio Edward Kingsley.

Dos «indignos»

A última hora de la tarde, el segundo o el tercer día del festival, me enteré de que algunas películas no se habían admitido en el festival porque el comité de selección del Sr. Manupelli pensó que no eran dignas. Entre estas películas estaban la maravillosa Jeromelu, de Naomi Levine y Jerovi, de José Rodríguez-Soltero, otra película sobre la masturbación, como Ingreen, de Nathaniel Dorsky. Una parte del comité de selección salió corriendo al ver Jerovi, estaban considerablemente sorprendidos. Una joven la tildó inmediatamente de pornográfica. «¿Qué tiene de pornográfica?», pregunté. Ninguna respuesta. Luego me enteré de que esta película se había mostrado de forma privada, en casa del Sr. Manupelli, el organizador del festival, durante una fiesta con música que hizo que pareciese obscena. Me pareció un ultraje, en la medida en que los cineastas envían las películas a los festivales de buena fe, de modo que los organizadores tienen tanto el privilegio como la responsabilidad de respetar los esfuerzos de los cineastas, estén las películas conseguidas o no.

Por la noche, habiendo hablado con el Sr. Manupelli e insistiendo en que tanto la película de la Señorita Levine como la del Sr. Soltero debían estar incluidas en el festival, conocí al poeta griego Konstantinos Lardas. Antes de esto, había visto la película ganadora del año anterior, First Time Here, de Richard Meyers [Myers], y también su última película, Coronation. Ambas películas eran teatrales en contenido, estaban bien hechas, pero no se merecían el primer premio –Coronation fue la película que lo recibió. La única película destacable esa noche fue Glass House, de Lawrence Janiak, con su evocadora banda sonora.

Los jueces se reúnen

El domingo por la tarde los jueces se reunieron. Uno de ellos admitió que no estaba calificado para juzgar las películas. No había entendido el cine de Breer o de VanDerBeek. Antes de que llegaran los problemas del primer, segundo y tercer premio, pedí a los jueces que realizaran alguna declaración respecto al cine como medio. Debí renunciar en ese mismo momento. El cine, para estos jueces, era lamentablemente algo que se encontraba en la mesa de dibujo del departamento de arte.

La deliberación de las películas tuvo lugar de la siguiente manera: las películas se iban leyendo y eliminando una a una. Jerovi (que había conseguido que mostraran) e Ingreen fueron eliminadas, «parece haber la deliberación más fácil», ¡puesto que ambas eran películas sobre la masturbación! Y así con todo. Pero me quedé hasta el momento en el que utilizaron un sistema de puntuación para valorar las películas. Esperé a los resultados y me resigné sobre la marcha. Temía que si no me quedaba, el cheque emitido por mis gastos, por exiguo que fuese, no les valiera. Otro miembro del comité de selección gritó: «¡Te han contratado!».

Salí de la casa donde estaba reunido el comité y me fui de Ann Arbor. Al menos, había conseguido que mostraran Jeromelu de Noemi Levine y Jerovi. Luego me enteré de que estas películas fueron muy bien recibidas. Y mucho, mucho después me enteré de que incluso The Pong-Trang Trilogy ganó un premio de 50 dólares, ¡aunque más de la mitad de los jueces, en un primer momento, hubieran dicho que era una película sin contenido!

El resultado de los premios, una vez me marché, fue el siguiente: Coronation, 250 dólares; Nightspring Daystar, 150 dólares; Everybody Hit Their Brother Once, 100 dólares; Papillote, 50 dólares; The Pong-Trang Trilogy, 50 dólares. Menciones especiales a: Ingreen, Fist-Fight, Disgregation Line.

El sentido de la censura

Mi carta de renuncia enviada al Michigan Daily y al presidente Harlan Hatcher ponía lo siguiente: «Señor, he renunciado a formar parte de la Tercera Edición del Ann Arbor Film Festival como jurado y como invitado conferenciante. Creo que su dirección apenas tiene ningún tipo de alcance internacional, tal y como anunciaba el Sr. Manupelli. Me siento horrorizado al pensar que un sentido como éste de la censura pueda prevalecer durante la celebración de un evento como éste, un evento para los estudiantes y no para asegurarse la exhibición de películas locales fuera de competición. Es de esperar que un verdadero festival de cine tenga lugar bajo los auspicios de una organización más inspirada. Desde ayer, emprendí una batalla para que se mostrara públicamente Jerovi, de José Rodríguez-Soltero. Esta tarde, el jurado pasó por alto el descontento del comité de preselección y la película entró en el programa del festival. Me marcho de su campus con una imagen muy interesante que vi el otro día cerca de Student Union: un joven hablando con un árbol. Sinceramente suyo, Gregory J. Markopoulos».

Publicado en Canyon Cinema News, junio/julio, 1965.
Traducido del inglés por Francisco Algarín Navarro.