XCÈNTRIC 2017 (20): ACTOS SIN PALABRAS. LAIDA LERTXUNDI, THOM ANDERSEN, MORGAN FISHER

'The Director and His Actor Look at a Footage Showing Preparations for an Unmade Film'

por Morgan Fisher

El título es apropiado para la película, pero no describe todo lo que vemos en ella. Viendo la película descubrimos que hay otra película no hecha con otro director además del director mencionado en el título y que este director tiene otro segundo actor a su cargo.

En una sala de cine improvisada con un segundo puesto de proyección hay dos hombres, uno de ellos el autor de la película que estamos viendo, en teoría, el director de la película no hecha, preparado para ver la bobina de una película montada en el proyector que vemos a su espalda. Antes de empezar con el material, pasan a los preliminares. Hacen una prueba de sonido. El director se levanta para chequear el proyector.

Se trata de una película modular, está hecha en varias bobinas de 30 metros. La acción que requiere la escena se podría haber realizado en mucho menos tiempo, pero el compromiso de la película con lo modular requiere que el actor y el director improvisen para ajustarse al tiempo, de hecho, para que maten el tiempo. Esta discrepancia entre el módulo y la acción podría ser llamada error, pero al mismo tiempo la discrepancia llama la atención al principio de la película por su base formal.

Al final, el director enciende el proyector. Se sienta para unirse al actor, el pie del taburete hace un desagradable chirrido contra el suelo de cemento.

El material que ven el director y el actor consiste en cuatro bobinas de 30 metros montadas una tras otra. Mientras ven el material proyectado, el director y el actor comentan aquello que les llama la atención. Lo que dicen sigue estando totalmente improvisado. Estamos viendo exactamente el mismo material que están viendo el director y el actor, por lo que podemos imaginar que estamos en la sala de proyección viendo el material con ellos. O podemos imaginar que el director y el actor están en el mismo espacio que nosotros, viendo el material con nosotros.

En la primera bobina del material, el director toma fotografías del actor mientras el actor toma fotografías. Aparentemente, las preparaciones para esa película no hecha incluyen la realización de un story board en forma de fotografías. Y se hace evidente que la película no hecha incluye una secuencia de un hombre que hace fotografías.

La organización de los planos sigue un esquema que subdivide el módulo. El esquema estaba determinado por adelantado por lo que se impuso, por decirlo así, a la acción.

El director realiza veinte fotografías del actor, que en cada una de ellas toma una fotografía, de manera que el actor también realiza veinte fotografías. Al igual que una bobina de 30 metros de una película de 16mm, un rollo de veinte exposiciones de una imagen en 35mm es un módulo. Las veinte exposiciones en el rollo de la imagen divide el largo del rollo de película en 16mm en veinte escenas. Cada una de ellas tiene una duración de un metro y medio, y están subdivididas de manera idéntica en tres planos, el primero de un metro y medio y el segundo y el tercero de un pie, creando cada uno de ellos otro módulo.

El primer plano muestra tanto al director como al actor, cada uno acercando la cámara a su ojo. El director está tomando una fotografía del actor, que a su vez toma una fotografía, a veces del director.

El segundo plano muestra al director desde la posición del actor, aunque la fotografía que está tomando el actor no sea la del director. El plano muestra al director tomando una fotografía del actor, de modo que el director hace coincidir su cámara con la cámara de cine que ocupa la posición del actor.

El tercer plano muestra al actor desde el punto de vista del director. El plano muestra al actor en el momento de tomar una fotografía. Si el actor está fotografiando al director, está encuadrando con su cámara la cámara de cine, que está filmando el plano.

La relación entre estos planos es convencional, pero la serie de planos está, por así decirlo, incompleta. El primer plano muestra a dos personas; el término técnico para un plano como este es plano de a dos. Luego hay un corte a un primer plano de uno de ellos, que acerca la cámara a su ojo. Ese plano reclama otro en el que se vea aquello que esta persona está fotografiando, por lo que llega un corte que satisface la curiosidad que este plano crea. Tal y como esperábamos, es un plano de la otra persona que estaba en el plano de a dos, que también tiene una cámara pegada a su ojo. El acto de llevarse la cámara al ojo implica un corte al siguiente plano, la escena de la que está tomando la foto, pero esto no sucede. Lo que oculta este plano es una ruptura del dictado de las convenciones, lo cual es apreciable, quizá incluso frustrante, pero también crea un suspense.

Al final de esta primera bobina, sigue sin quedar claro en qué consiste la película no hecha a la que alude el título de la película.

La segunda bobina muestra al director revelando los dos rollos de imágenes que cogieron el director y el actor. El rollo está dividido en veinte planos de metro y medio cada uno, repitiendo la división preliminar en módulos del primer rollo. Cada plano muestra un momento del proceso de revelado de la película: colocar el líquido de revelado en el tanque, agitar el tanque, quitar el líquido, echar el líquido en el baño de revelado, etc. En todos estos planos, salvo el último, la cámara no cambia de posición, de modo que todos los planos, salvo el último, están conectados mediante jump cuts. El último plano muestra al director colgando los dos rollos de película para que se sequen. Los dos rollos cuelgan de un cable uno al lado del otro, en paralelo.

El tercer rollo muestra las veinte fotografías que el director ha tomado del actor tomando fotografías, y la cuarta muestra las veinte fotografías que tomó el actor. El paralelismo entre estas dos series de fotografías es lo que hace presente The Director...

Para evidenciar este paralelismo, estos dos rollos se dividen en pequeños planos repitiendo el mismo esquema. En el primer plano vemos a la persona ordenando las fotografías que hizo en una mesa. Luego, en primeros planos, vemos las fotografías, una tras otra. En ambos rollos, el primer plano dura quince metros, y los primeros planos de las fotografías setenta y cinco centímetros.

En el plano del director ordenando las fotografías hay una tarjeta del mismo tamaño de las fotografías. En esta tarjeta, que dice «Paul Takes Twenty Photographs», precede la sucesión de primeros planos de las fotografías, lo cual nos indica que podríamos entender las fotografías como si fueran el storyboard de una película. Por primera vez, conocemos el título de la película no hecha y sabemos que consistirá únicamente en esta tarjeta con el título y veinte planos que se corresponden con las veinte imágenes. De hecho, ya hemos visto esas imágenes como fotogramas. Se corresponden con el tercer plano en cada una de las veinte escenas de la primera bobina de material; cada una de ellas muestra al actor tomando una fotografía. Pero aunque esos veinte planos sean todos los planos de la película no hecha a la que se refiere el título The Director..., no hemos visto la película, porque los otros planos en las escenas de la primera bobina impiden que los planos se vean de manera sucesiva, tal y como lo haríamos en una película. Además, cuando vimos la primera bobina de material no sabíamos que el tercer plano de cada una de las veinte escenas era uno de los planos que formaban parte de la película no hecha. Al no saberlo, no intentamos establecer conexiones mentales entre ellos para recrear la película no hecha. Y aunque lo hubiéramos sabido, habría sido difícil, y ahora será completamente imposible. Hasta para reunir mentalmente estos planos en una película tenemos que recordarlos, y no había ninguna razón especial para hacerlo. Ahora sabemos que esos veinte planos son la película no hecha, pero sólo en el momento en el que esos planos ya no están delante de nosotros, sólo lo sabíamos cuando estaban separados unos de otros como si no formaran parte de la película no hecha.

En cualquier contexto, el storyboard fotográfico tiene su valor; incluso aunque sean fotografías estáticas, nos muestran el equivalente de los planos y nos enseñan cómo está organizada la película. Quizá esto nos ayude a reunir mentalmente la película formada por los planos separados de la primera bobina, pero eso no se parece a ver la película. En efecto, la película que vemos en la forma del storyboard sigue estando sin hacer, por lo que la película que el storyboard sugiere sigue siendo una película prospectiva.

La segunda de esas dos bobinas sigue el mismo esquema de la primera. En el primer plano, vemos al actor ordenando las fotografías que tomó con la idea de ordenarlas, luego en primeros planos vemos las fotografías una tras otra. Finalmente, vemos todas las fotografías que tomó el actor, las fotografías que queríamos ver en la primera bobina, pero la organización de las escenas nos lo ha ido impidiendo.

No hay ninguna tarjeta de créditos que preceda a los primeros planos de las fotografías del actor, que anuncie que deben ser entendidas como un storyboard, pero puesto que se establece un paralelismo con el storyboard de la bobina previa, deben ser entendidas como un storyboard también. Al igual que la sucesión de fotografías que toma el director, la sucesión de fotografías que toma el actor es una película prospectiva. El título The Director... hace alusión a una película no hecha, pero aquí hay una segunda.

Tal y como sabemos, tanto por la tarjeta de créditos que precede las veinte fotografías que hace el director y por las propias fotografías, la película que está preparando el director consistirá en veinte planos de un hombre haciendo fotografías. Aparentemente, no hay una historia, sólo una repetición del mismo acto: un hombre tomando una fotografía. Hay algunas variaciones en los ángulos, pero no demasiadas. En la mayoría de los casos, son primeros planos. Al fondo, vemos varios decorados no descriptivos que parecen ser barrios de negocios o calles residenciales.

Saldría una película bastante peculiar a partir de este storyboard. Sería repetitiva y no avanzaría. E incluiría todo menos lo que uno espera al ver el plano de alguien haciendo una fotografía, el contraplano que muestra la escena que encuadra el fotógrafo. Esta relación convencional entre un plano que estimula la curiosidad y un segundo plano que la satisface la encontramos en la primera bobina, en la que vemos al director haciendo una fotografía, y luego un plano de aquello que ha sido fotografiado, al actor tomando una fotografía. Aquí se trataría de la monotonía de ver la misma acción veinte veces y de la frustración de no ver el plano de lo que fotografía el actor que tanto nos llama la atención.

Lo que es verdad en el caso de las fotografías que toma el director, que las hemos visto ya como planos de la película, no es verdad en el caso de las fotografías que toma el actor. Estamos viendo esas imágenes por primera vez, salvo en el caso de esas pocas imágenes que fotografió el actor del director, que vimos en el primer rollo como planos del director tomados desde el punto de vista del actor.

La película que el segundo storyboard describe ofrece varios contrastes con la película descrita por el primero. La repetición en la primera película, anunciada en principio por su título y promulgada específicamente por los propios planos, hace la película previsible. La segunda película es imprevisible. Un plano sigue a otro sin que haya ninguna conexión aparente. Hay una variedad en los ángulos: primeros planos, planos largos, un ángulo extremadamente hacia arriba, un ángulo que apunta hacia el suelo. El tema de los planos es heterogéneo: edificios de apartamentos, casas, tiendas, escaparates, señales, el director. Lo que comparten uno y otro es el decorado que ya reveló la primera bobina, pero las razones que determinan las elecciones del actor y lo que le ha llevado a decantarse por ese orden son un misterio. Podemos recordar las localizaciones de la primera bobina y así ser capaces de anticipar, aunque sea vagamente, el decorado de la fotografía que vendrá después, pero no hay ninguna lógica que nos permita predecir con mayor especificidad las propias fotografías.

Como se ha señalado, las fotografías que toma el actor son esos planos perdidos que el último plano de cada escena de la primera bobina reclaman con tanta fuerza, pero que no se incluyen, los ángulos que muestran aquello que está fotografiando el actor, y el storyboard de las fotografías del director que se repite y retiene. Los planos que finalmente nos ofrecen aquello que hemos deseado en dos ocasiones anteriormente llegan al final de la película. La película nos ha dejado esperándolos, y no nos lo da hasta el final.

La relación entre los planos que la película nos ofrece en una forma de suspense se podría presentar de una manera convencional alternando las dos series de fotografías: primero la serie del actor haciendo una foto, luego la foto que ha hecho. Pero la construcción de The Director rechaza esta opción desde el principio. Voluntariamente, la película mantiene las dos series separadas. Primero vemos una de las series y luego la segunda serie. Desde un punto de vista convencional, la primera serie, además de ser banal, está incompleta, puesto que no incluye lo que pide cada foto, la foto que vemos que el actor ha hecho. En la segunda serie no hay omisiones comparables; lo que omite más bien es la información que nos permite entender la relación entre los planos.

La película mantiene separadas las dos series no sólo para adelantarse a la relación convencional entre los planos que se produciría al combinarlos, sino también para insistir en la autonomía y en las diferentes sensibilidades de dos personas que han creado dos series independientes entre sí.

El director y el actor se van moviendo de un lugar a otro mientras hacen sus fotos. La película no nos dice qué es lo que determina este movimiento, pero la cuestión es que del mismo que el director tenía la libertad para dirigir su película, el actor también la tenía. El actor hizo las fotografías por su cuenta, moviéndose a lo largo de una trayectoria que él mismo había establecido, el equipo le siguió. Una vez el actor decidió qué es lo que quería fotografiar, el director eligió los tres ángulos desde los que iba a rodar la escena, siendo cada plano un ejemplo concreto del tiempo de plano programado por adelantado por el esquema para esas veinte escenas.

Como se ha comentado, las fotos del actor funcionan en paralelo al storyboard que se crea a partir de las fotos del director, por lo que también son un storyboard de una película. Por lo que el actor de The Director... se convierte en esa película en el director de su propia película, y el director de esa película, a su vez, se convierte en un actor de la película dirigida por su actor.

Vemos la decisión del actor sobre dónde quería ir a hacer sus fotos al principio del material que están viendo el director y el actor. Pero las fotos del actor, aquello que podría documentar de la manera más directa su decisión, llegan al final de la película.

Aunque parezca no haber una conexión, las fotos del actor están unidas en tanto que documentos sobre sus movimientos por la trayectoria elegida. Esa trayectoria implica la existencia de un objetivo que alcanzar, aunque éste no se revele al principio y sólo sea totalmente evidente al final. La trayectoria comienza en un rincón de un campus universitario y termina en su apartamento. Su última foto, una vista desde el salón, confirma lo que la foto del actor tomada por el director nos contó, que ha conseguido su objetivo. Querer ir a un lugar y conseguir llegar a ese lugar supone un diagrama narrativo reducido a su esencia.

La construcción de The Director... deja al director la libertad de elegir el principio que organizó sus fotos, puesto que tenía la libertad para elegir sus propias fotos, y el principio elegido es en el fondo narrativo. Pero incluso aunque no hubiera elegido un principio derivado de la narrativa, habríamos intentado encontrar una narrativa en la sucesión de las fotos; no le habríamos ayudado a hacerlo. La presentación de las fotos del actor en paralelo con las fotos del director nos confirma, simplemente, que debemos hacer lo que íbamos a hacer de todos modos, buscar una forma, una narrativa, con la que relacionar las fotos. Aunque The Director... refracte y complique la construcción narrativa, se basa en una narrativa inevitable, por lo que la propia película es una película narrativa, aunque esta narrativa sea oblicua.

En su origen, The Director... combina dos tipos de narrativa diferente: por un lado, una película de dos amigos, lo cual está claro desde el principio, y una road movie. Pero es una road movie inusual, porque mis amigos sabían hacia dónde les llevaba, pero yo no; simplemente les acompañé con una cámara.

El título de The Director... indica que hay una película que no se ha hecho, pero como se ha mencionado ahí, en realidad hay dos: la que se prepara con las fotos del director, la película de un hombre que hace fotos, y la película personal y enigmática que deriva de las fotos que ese hombre hizo. Potencialmente, hay una tercera película por hacer, la película que se podría hacer mezclando las dos series de fotos, aunque nos deja a nosotros ver la película como una posibilidad para luego construirla en nuestra imaginación. Sin embargo, como se ha comentado, esto sería algo muy complicado, y, lo que es más, no valdría la pena el esfuerzo, porque sería la película más convencional de las tres.

La palabra que aparece en el título, The Director..., que se refiere al material que el director y el actor ven es footage, como si no vieran otra cosa que la película tal y como sale de la cámara, el material en bruto a partir del cual se puede hacer una película. Pero como se ha explicado ya, el orden y la duración de los planos de cada bobina se programaron por adelantado. Los planos se ven en orden, y salvo algunos errores técnicos –pude corregir uno de ellos–, y los rollos que salieron de la cámara, aunque los llamemos footage, están dispuestos tal y como los planos estaban organizados, y eso es lo que muestra la película.     

Por supuesto, el storyboard fotográfico que hace el director, los preparativos para una película no hecha, son los preparativos para una película que en realidad nunca intentará hacer. Es lo que dice el título The Director... La película no hecha, por así decirlo, era una película para la ocasión, una película ficticia que necesitaba inventar, como si tuviera que hacerla para presentarla en paralelo con las otras fotografías, que son su storyboard y las fotos que hizo el actor.

El (2) del final del título no está ahí porque haya dos películas, sino porque es un remake. Hice la película con otro actor, pero hubo algunos problemas técnicos. Paul Morrison vio la película y pensó que era mejor hacerla de nuevo, así que la hice con su ayuda. No suelo mostrar la primera versión.

Texto escrito en 2005, no publicado, revisado en 2012.

Publicado originalmente en Writings.Sabine Folie y Susanne Titz (Eds.). Colonia: Verlag der Buchhandlung Walther König, 2012.

Traducción del inglés de Francisco Algarín Navarro.