LA MAGIA DE LA AUTOELIMINACIÓN. NOTAS DE UN SUICIDIO DE LUPE VÉLEZ, POR KENNETH ANGER

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La magia de la autoeliminación. Notas de un suicidio sobre Lupe Vélez

Por Kenneth Anger



Lupe Velez, el «Huracán Mexicano», fue uno de los mitos vivientes de Hollywood. Había nacido al sur de la frontera para ser bautizada con el nombre de María Guadalupe Vélez de Villalobos. Educada en el convento de San Antonio, irrumpió en el mundo del cine en 1926. Causó enorme impresión como compañera de Douglas Fairbanks en The Gaucho. Fue notable su aportación a Lady of the Pavements, de D.W. Griffith, sin por ello dejar de gozar de una gratificante vida privada: tras una breve relación con John Gilbert, se lió con el joven galán Gary Cooper. En 1933, se casó con Johnny Weissmuller, Tarzán, el Hombre Mono, y una vez divorciada de él pasó por los distintos brazos de un pequeño regimiento de amantes: vaqueros, acróbatas y gigolós norteamericanos. Pero su carrera se fue desmoronando y durante los últimos años casi no actuó más que en comedias de serie B junto al deprimente Leon Errol. En 1944, endeudada hasta el cuello y embarazada de su más reciente amante, Harold Ramond, Lupe decidió escenificar la última noche de su vida. Encargó un inmenso ramo de flores, invitó a dos amigas a la Última Cena y luego, a las tres de la mañana, se quedó sola en su falsa hacienda de Rodeo Drive. El dormitorio era un mar de nardos y gardenias; resplandecían las llamas de varias docenas de velas. Vestida de lamé plateado, la Lupe se instaló en aquel altar de la propia muerte, escribió una nota de despedida al padre del feto, abrió un frasco de Seconal y se zampó las setenta y cinco bolitas. Con las manos enlazadas en ademán de plegaria, se tendió en la cama escenificando así lo que ella vería como una imagen fotográfica final de exquisita belleza. Precisamente esa foto no se tomaría nunca. El Seconal no quiso mezclarse bien con la picante Última Cena. Lupe empezó a vomitar, dejando una hedionda estela de vómito desde la cama al baño, donde resbaló en las baldosas y cayó dándose de cabeza contra el borde del lavabo. A la mañana siguiente el cadáver fue descubierto por Juanita, la doncella. La imagen no era bella ni conmovedora.

Publicado originalmente en Hollywood Babylon, de Kenneth Anger.
Traducción del inglés de Jorge Fiestas.
Barcelona: Tusquets, 1998.