XCÈNTRIC 2015 (VIII): LOS VÍDEO-DIARIOS DE GEORGE KUCHAR*

La imagen de un cineasta frente al espejo quebrado

Por Alfredo Aracil

Wild Night in El Reno (1977), Weather Diary 3 (1998) y Heavenly Features (2005) de George Kuchar

 

¿Ente de ficción? ¿Ente de realidad?
De realidad de ficción, que es ficción de realidad
Unamuno.

George Kuchar, que para la época de sus Weather Diaries1 (1977-2011) ya era consciente de cómo trabajar su personalidad como personaje, es el personaje de sus películas y, al mismo tiempo, el de su propia vida. La cámara de vídeo, casi una extensión de su cuerpo, abre un espacio de intimidad que tiene mucho de «confesionario», aunque también de terapia. Hablar a la cámara, cuando uno está solo; hablar con ella, no siendo un sujeto, sino un objeto, es hablar-se a uno mismo. Algo que nuestras sociedades disciplinarias, con frecuencia, sulen leer hacia el lado de la locura.

Los diarios escritos son un género literario de la llamada no-ficción, pero también un ejercicio de retórica: lugares donde el yo, por medio de una convención que relaciona autor y sujeto narrativo, puede esconderse, recogerse o reorganizarse. Kuchar juega con el sentido de la expresión Weather Diary: por un lado se trata de un lugar para la autobiografíaa: sus peregrinaciones anuales a El Reno, Oklahoma, para observar los tornados; y, por otro lado, un parte meteorológico, un recuerdo de los días en que dibujaba mapas para un programa de noticias locales. Estas películas, articuladas en dos ejes, discurren en un espacio recortado. Por una parte encontramos lo cercano, lo próximo al cuerpo del propio Kuchar o de aquellos que le rodean, aquello que está al alcance de sus manos, que se puede tocar. Y por otra parte, lo lejano, el cielo arriba que, convirtiendo cada nube en un fragmento, se transforma en el transcurso del tiempo. La cámara, cuando permanece cerca de él, no para de moverse, le persigue, como flotando a su alrededor, mientras que cuando apunta a las alturas, hacia el cielo, se dedica a describir movimientos breves, una forma de grabar absolutamente gestual, casi como si se tratara de una performance.

Es un fenómeno extraño el del tiempo en las películas de George Kuchar. Encontramos de nuevo una ambivalencia: en español, el tiempo atmosférico, al contrario que el clima, que se da de forma cíclica y regular, es algo que se percibe en el presente, un acontecimiento. Es como una grabación en vídeo, condenada a percibirse en tanto que repetición.

A pesar de su aspecto trivial, los diarios de George Kuchar son también reflexiones sobre el medio. No obstante, se permiten comparar vídeo con cine, tal y como se puede ver en Weather Diary 3 (1998), cuando, frente a la cámara, su mano, de nuevo un gesto, nos muestra cómo funciona todo montaje en relación con el tiempo.

Si bien los diarios filmados suelen ser herramientas para el establecimiento de una memoria capaz de leer(se) de manera coherente, en Kuchar tienen un punto desquiciado: «The time is out of joint»: he aquí la antesala de todo drama. Vemos, cogidas en sus manos, fotografías de su paso por un festival de cine en Ohio al que fue invitado: calles, rostros desconocidos, otros conocidos, como el de Robert Gardner, la habitación de hotel donde durmió aquellos días... El mundo, en la película, gira en torno a su vida. La operación, por su sencillez, resulta ejemplar, siendo capaz además de revelar la naturaleza última de la idea de montaje: una foto es sustituida por otra, e incluso podría no tener relación una con otra, pero su voz en off, la única garantía del pactum entre lo vemos y la verdad, imprime un sentido al discurso.

George Kuchar era un voyeur: el peeping tom que vio pasar desnuda a Lady Godiva. La cámara en sus diarios es la mirilla que le permite acceder no sólo a su propia intimidad, sino a la de los otros, siempre chicos, y preferiblemente semidesnudos, acechando con su lasciva mirada. Ellos, en bañador, se pasan el balón unos a otros. No se imaginan espiados. Mientras, él disfruta, aunque también sufre. Un sufrimiento convertido en masturbación. Podría tratarse de un ejercicio de sadismo, y sin embargo resulta tierno.

Comida basura, una casa desordenada e incluso llena de porquería, rostros quemados que en realidad son prótesis de plástico, consumo pasivo de una televisión siempre encendida, paseos al Walmart sin motivo alguno, porno gay no explícito y calendarios de jugadores de polo en bañadores apretados... Una serie de elementos que, unidos a una exploración del entorno y la realidad que tienden puentes con el entorno experimental en el que Kuchar se educó durante los años 60, desarrollan, en su conjunto, un cine ciertamente camp. Como le confiesa el propio Kuchar a su cámara: «Pictures speaks stronger than words».

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*Este texto se centra en el ciclo de George Kuchar Weather Diaries, si bien en el programa de Xcèntric se podrán ver, junto a Weather Diary 3, otras películas, como Migration of the Blubberoids (1989), Fill Thy Crack with Whiteness (1989), Dial a Kvetch (1993), Season of Sorrow (1996) o Terror by Twilight (1988).

1 El programa del Harvard Film Archive dedicado a los Weather Diaries de George Kuchar recoge las siguientes palabras del cinesata a propósito de este ciclo:

«Todo esto comenzó a causa de mi interés por la naturaleza. Puesto que era un chico de ciudad, que vivía en el Bronx, la naturaleza llegó hasta mí a través del tapiz colorido del cielo que se alzaba por encima del vecindario. El temor ante las tormentas de verano, las sofocantes ventiscas y el traqueteo de las ventanas, cerca de Pascua causaron una profunda impresión en mí. Busqué, en los libros de varias bibiliotecas, cuáles eran las superestrellas de esta majestuosidad meteorológica y leí sobre los huracanes, los tornados y otros terrores que en ocasiones se arremolinaban alrededor de la conciencia urbana.

Gustándome el dibujo y la pintura, llegué hasta los libros de Eric Sloane. Era un artista muy interesado en lo americano y en la climatología americana. Sus volúmenes, hermosamente ilustrados sobre la atmósfera tenían un gran valor estético y científico para mí. Aprendí a leer las nubes, y esto me hizo salir todos los días, en busca de una especie de horóscopo celestial. Finalmente, tuve la suerte de conseguir un trabajo que consistía en realizar mapas del tiempo para unos informativos locales de la NBC. Frank Fields era el hombre del tiempo en ese programa, y estaba asombrado ante el hecho de que supiera cómo eran las nubes que acompañaban a los frentes y las tormentas. Algunos artistas visuales previos habían dibujado atrocidades de formas amorfas que se parecían a bolsas de lona desinfladas. Las mías eran artefactos aéreos anatómicamente correctos de una belleza floreciente. Sus mapas meteorológicos eran muy oportunidad para visualizar el conocimiento que había adquirido de Eric Sloane y del hecho de escanear los cielos con unos ojos nuevos.

Fui desarrollando una fascinación por las tormentas y por los torbellinos furiosos que a veces se desencadenaban en el horizonte. En lugar de dar cuenta únicamente de ellos, de esos derviches monstruosos y de las vidas de aquellas personas que quedaban atrapadas en las proximidades del vórtice, decidí alquilar una avioneta y acercarme al lugar en el que soplaban y resoplaban. Así que me instalé en Oklahoma durante la primavera. Me quedé en el YMCA durante tres o cuatro semanas e intenté absorber, a todos los niveles, los misteriosos elementos que ahora me obsesionaban. Era joven y el tiempo se extendía delante de mí en una especie de horizonte que no tenía fin, repleto de acontecimientos. Quizá podía llenar mi cabeza de imágenes y sonidos que llegaban previamente tan sólo de la lectura de libros sobre este asunto. Esto sería lo auténtico.

No soy un cazador de tormentas, puesto que nunca aprendí a conducir un coche. Quería experimentar cómo eran las tormentas primaverales en las llanuras americanas tal y como lo hacía la gente sencilla, según había leído en los libros en aquellas bibliotecas. Así, los vídeos de los diarios climatológicos describen la agitación, el tedio, el terror y el lado televisivo de la región de los tornados a través de los ojos de un inmigrante. A veces intentaba integrarme, intentaba digerir ese ambiente extraño, esos días de comida rápida y de ralentizaciones. Cubría las dolencias con montones de pimienta, vislumbrando a aquellos que pasan como el gas, los vapores de vitalidad aspirados con un aparato que no tiene nariz. Pero espero que disfruten con lo que el ojo capta en este viaje que va de exultante comida basura hasta los deliciosos pavores».

El programa está formado por las películas Wild Night in El Reno (1977), Weather Diary 1 (1986), Weather Diary 3 (1998), Chigger Country (1999), Heavenly Features (2005), Centennial (2007) y Hotspell (2001).