XCÈNTRIC 2015 (VII): IMÁGENES SIN FIN. HOMENAJE A HARUN FAROCKI

La lógica empresarial de la guerra, la lógica militar de la empresa

Por Alfredo Aracil

Inextinguishable Fire (Harun Farocki, 1969)

 

Existe un línea de afinidad entre muchos cineastas que, como Harun Farocki, han terminado por desarrollar un tipo de cine ensayístico: además de buscar en la forma una manera de acercarse al estado de las cosas, todos, en un momento formativo de su carrera, han desempeñado el trabajo de la crítica desarrollando, así, una cierta capacidad para producir imágenes al mismo tiempo que se reflexiona sobre ellas. Alguno de ellos, incluso, han llegado a convertirla en una imagen, en una pregunta más que en una respuesta, en un dispositivo dialógico abierto al cambio a través del contacto de un fotograma con el otro.

Entre 1973 y 1984, Harun Farocki fue redactor de la revista Filmkritik. A finales de los sesenta, su labor como cineasta militante lo llevó fuera de la Escuela de Televisión y Cine de Berlín. El motivo de su expulsión no fue otro que su primera película, Inextinguishable Fire (1969), un filme que participa de un momento concreto de la Historia del Cine y que pasa, precisamente, por la disolución de lo institucional en favor de un tipo de película al marger de todo estilo, urgente, como si fuera un informativo televisivo sin lugar para las mentiras. Propaganda: un documento de la barbarie americana en Vietnam sin concesiones, a caballo entre lo documental y el relato ficcionado. El laboratorio de la The Dow Chemical Company es en Inextinguishable Fire el escenario de una farsa en la que los científicos y, en general, todos los trabajadores, responden frente a la responsabilidad de su labor con la banalidad y la excusa de la división del trabajo.

Mientras un cigarrillo alcanza cerca de 400 grados al ser apagado en un brazo, el napalm arde en el umbral de los 3000. ¿Cómo mostrar la dura realidad de los ataques americanos sobre el pueblo de Vietnam? ¿Cómo representar las cicatrices y las heridas del fuego sobre la piel? El cine de Farocki evidencia como pocos de qué manera la verdad se articula por medio de un juego de miradas que es, por naturaleza, esquivo. La polifonía parece el único recurso para acercase de manera objetiva a la realidad. «Cerrar los ojos a los hechos y a la memoria» es precisamente, como se puede escuchar en un momento de Inextinguishable Fire (1969), aquello que el cine de Farocki trata de bloquear.

En paralelo al mal de archivo de un cineasta como Godard, Farocki ha sabido entender como pocos que la historia no es sino una imagen y las noticias un teatro. The Taste of Life (1979) funciona como un tributo al que fue su barrio. En él la mirada atenta acaba desorientada, perdida. La calle, su calle, de tanto poner la vista en ella, se ve desenfocada. Berlín se convierte de nuevo en un personaje cinematográfico. Y es entonces cuando Ruttmann se aparece, así como los cientos de cineastas amateurs que, con el cambio de siglo, quedaron fascinados por el movimiento y la intermitencia de las cosas en la ciudad moderna. Detrás, cómo no, la mirada crítica de Farocki, su forma de plantear el conflicto y la crítica a través de una decisión de montaje.

Partiendo de las icónicas imágenes de los Lumière, Farocki las remonta en Workers leaving the factory (1995) justo cien años después de su filmación. Traza, de esta forma, un círculo. Y en medio de todo este tejido la imagen retorna como vehículo del poder. Todas las imágenes del mundo. Incluso aquellas que no llegan siquiera a la categoría de cine. La ópera prima de los Lumière no es más que la primera película empresarial en una larga cadena de ejemplos que termina en los anuncios actuales. Pocos cineastas han ido tan lejos a la hora desvelar cómo el sistema de producción funciona tanto para el capital como para las imágenes: la lógica empresarial de la guerra, la lógica militar de la empresa.