El resultado consiste en que puedo continuar sin necesitar ver la película proyectada hasta que esté completada.
Sostenida por el despertar de la emoción unida a la fuerza, llego a alcanzar la semejanza vital del actor y la sombra de la representación hasta la figura en aumento de la luz –la propia vida en la imagen.
¿Cómo se encuentra la fuerza para reunir las imágenes?
A partir de un sentimiento de soledad, soportando / aceptando el momento en el que un único color es la única señal de una sensibilidad en un ambiente en el que todo lo demás se opone.
La gran realidad del color: respondo a ella directamente en el montaje, cuando una imagen se sitúa tras otra en una frase unificada por un tono.
La elección de la duración es un juicio de valor que se extiende más allá del rodaje en la claridad de la fase de montaje.
Aproximo la imagen al orden oculto de la frase. Como el paseo repetido hasta el lugar del rodaje, es creado por un modelo devolviendo y añadiendo al film conforme se desarrolla.
La dirección total y verdadera es vista finalmente como si cada película completada continuara creciendo a partir de las decisiones tomadas una vez la película se ha completado.

2. La Terra Nuova.

El acto de filmar debería ser en sí mismo una fuente de pensamiento y de descubrimiento. Tan simple como que cuando esta declaración aparece, se opone realmente a la concepción del trabajo del cineasta frente a la cámara, que es todavía una adaptación de la ‘mise-en-scène’ teatral, e igualmente opuesta a esa idea del cameraman que desarrolla un estilo para la imagen. Dividiendo el acto de filmar en una colaboración entre el cineasta y los técnicos, la imagen se reduce a una ilustración o a una preconcepción; mientras que la función y las posibilidades de la cámara, cuando es utilizada por un cineasta, deben alcanzar lo que es recién visto y resulta en una imagen que posee el poder de proyectar su sentido en el futuro.
La filmación es como la raíz de una planta –ya se extienda durante varias semanas o esté condesada en unos pocos días o incluso horas. Es la parte escondida del acto total del rodaje, nunca es vista por el espectador y, de hecho, incluso tampoco por el cineasta: un acto que tiene lugar sólo en parte a través de los ojos de un cineasta y que tiene más que ver con una serie de reacciones y de gestos que comprenden su relación inmediata con la cámara. El resultado retiene ciertos elementos de ese momento, tales como la cualidad de la luz, etc., pero es igualmente misterioso cómo la cámara está rodeada por el cineasta y dibuja lo que él está buscando en la imagen.
Las intenciones básicas para una película quedan equilibradas en contra de las cualidades de la propia filmación. Una compleja diversificación libre de intenciones continúa desarrollándose en el proceso de filmación. Dentro de cada acto de filmación se encuentra situada la memoria: no solamente el acto cerrado de la recolección, que se asocia fácilmente al montaje, sino también la búsqueda de un equilibrio durante la propia filmación. La cualidad física de la última es similar al modo en que uno puede encontrar un lugar que haya visitado solamente una vez; el destino se mantiene en mente a través de un cierto sentido interior sobre cuál puede ser la dirección que lleve hasta él.
Logrando entre el tacto y la vista formar la ‘raíz’ del film, marca un poder sostenido por la proporción. La intención de obtener una idea particular puede situarnos frente a un obstáculo proyectado a partir de esta misma fuente, y con varios sentidos, donde la filmación gira en una dirección más allá de la primera concepción hasta una imagen más fuerte; todavía, el resultado correcto es reconocido sin duda puesto que acompasado por una congruencia entre el ‘sentido interior’ y el sentido del organismo.


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