MIDNIGHT SON (LEBERECHT), LEASHED (WEBER), HELLACIOUS ACRES (TREMBLAY)

Sitges 2011 (III)

por Miguel Blanco Hortas

 



Mientras el Festival de Sitges se entrega a desarrollar una y otra vez la temática del fin del mundo (de manera bastante artificial, como señalé en la primera crónica), el certamen constata otro final mucho más creíble, real y, quizás, triste. Se trata del fin del celuloide como soporte principal del cine, a favor del digital. Parece una tendencia imparable, tanto que el ritmo de producción de película de 16 y 35 mm ha descendido notablemente, lo que ha provocado que muchos directores que rodaban en esos formatos (más que nada el 16 mm) hayan encontrado serias dificultades para hacerse con material.

Sitges es el primer festival al que acudo en el que las películas filmadas en digital ganan a las que han sido filmadas en 35 milímetros. Quizá tenga algo que ver el hecho de que sea un festival de cine fantástico. La textura artificial, sobrenatural de una copia digital se ajusta muy bien a los tópicos del cine fantástico. Como dice una de las promociones del festival, «la realidad nos mata». La realidad es el 35 mm, así que para sobrevivir, el cine fantástico camina hacia el cine digital.

Está claro que, en muchos casos -quizás la mayoría-, el paso al digital se realiza para abaratar costes en un producto a medio camino entre lo amateur y lo profesional. En Sitges hay decenas de películas así, a veces en el Brigadoon, a veces en Midnight X- Treme. También, tras el boom de The Blair Witch Project (1999) y REC (2007), nace un nuevo subgénero que privilegia la inmediatez del punto de vista televisivo, del reportaje, eliminando la concepción del encuadre.

No todo es así. Inland Empire (2006) abrió un camino poco explorado –de momento- por el cine fantástico. Tras la muerte del celuloide, quemado, oxidado y/o podrido, el digital tiene algo de post-apocalíptico, con sus texturas lisas, sus tonos pálidos; se trata de una imagen fácilmente manipulable, muy sobrenatural. En la primera crónica hablé de Contagion, de Soderbergh, con sus anodinas elecciones formales y cromáticas. Un mundo donde todo es demasiado profesional y televisivo. El segundo día, de 4:44 Last Day on Earth, de Ferrara, un director con el que tengo la sensación de que filmaba en digital, o pensando en digital, desde hace mucho tiempo. Es algo que se aprecia en Dangerous Games (1993), por ejemplo. En Ferrara, el digital no es más que una evolución de su mirada inimitable.

En Midnight Son (2011), de Scott Leberecht, los vampiros no hacen nada espectacular. No llevan capa ni largos dientes que clavar en cuellos de vírgenes inocentes. Les basta con ser registrados por la cámara del operador Lyn Moncrief. Es esa fotografía digital la que convierte las imperfecciones de la piel en una superficie blanquecina. El del protagonista es un cuerpo sin vida, carne muerta que, cuando no está en su trabajo como guarda de seguridad nocturno, pasa las horas en su apartamento, una estancia de cuatro paredes impersonales que sustituye sus ventanas (tapadas para impedir la entrada de la luz del sol) por cuadros que pinta, todos alrededor de la misma temática: la puesta de sol.

Un día conoce a una mujer. Una drogodependiente que vende tabaco para sobrevivir. Tras pasar una noche hablando, la noche siguiente la llama por teléfono. El plano- contraplano habitual de la conversación telefónica contrasta la palidez del chico frente a la carne luminosa de ella, que refleja la luz rosada de la lámpara de su habitación. Es una película sencilla en la que el componente fantástico no se impone sobre el drama. Por momentos dudo de si el protagonista es realmente un vampiro o una persona obsesionada con el vampirismo. Bebe sangre y en seguida la vomita, pero si no la bebe, le destroza la dependencia.

La relación de los dos protagonistas se desenvuelve en escenas íntimas en las que se encuentran y se separan. La primera vez, ella quiere besarlo, pero tiene miedo. Es una persona insegura, por culpa de muchos fracasos anteriores. Se dirige al baño, se mete una raya de coca y, al salir, le besa. Ambos se tiran en el sofá y, cuando se están desnudando, su nariz comienza a sangrar. Él prueba la sangre estimulada por la cocaína y se marea. Ella se va llorando. En el siguiente encuentro, él se lanza encima de ella, pero cuando la va a besar, ella le pregunta qué le pasa en los ojos. La dependencia de sangre hace que las pupilas se vean de color amarillo. Entonces, se esconde en una esquina y toma la sangre que tenía guardada en su frigorífico.

Esta historia de amor se construye mediante estas situaciones. No es una película exhibicionista, de aquellas que te están diciendo a cada segundo lo buenas que son (o lo buenas que creen ser). No hay buenos diálogos, la trama es discontinua y no tiene “ritmo” (se trate de lo que se trate el ritmo). Las situaciones a veces son inverosímiles, pero cuando se concentra en esos instantes en los que dos personas están desnudas una frente a la otra, Midnight Son es una buena película. No hay clichés, ni situaciones que traten de extraer del espectador una mueca de agrado, una sonrisa…

También el formato tiene una importancia capital en Leashed (2011), de Marco Weber, el slasher californiano adolescente que comienza como Scream 4 (2011) («no quiero amigos, quiero fans») y termina como una variación de Twin Peaks (1990-91). Se trata de una historia moralista en la que dos amigos surfistas conocen a una chica salvaje y algo desequilibrada, Chloe. Pero es también muy carismática y termina por dominar la voluntad de ambos. Según el cineasta, hizo la película para alertar de los vicios de una juventud violenta y sin moral, que busca el éxito a cualquier precio y que no tiene referentes. La película no es muy sutil, y no falta la escena de rigor en la que cada uno de los adolescentes es ninguneado por sus progenitores.

Esto puede asustar bastante. Pero paralelamente a esta visión tan sensacionalista de la juventud, se erige otra película mucho más ambigua y extraña, algo que termina afectando también a sus conclusiones argumentales. Rodada con una cámara de fotos Canon 5D en modo video, la película recrea un mundo oblicuo y desquiciado en las playas californianas. Tenemos a dos adolescentes surfistas y a dos chicas guapas, pero siempre hay un malestar. Una tensión provocada por la estridencia de los colores. El moreno californiano exagerado al máximo, contrastado con colores chillones, de prendas azules, amarillas…

En un momento de la película, Nick, uno de los dos surfistas, conoce a Hillary, una chica muy diferente a Chloe. Ella parece apartar a Nick del influjo de Chloe. Le cuenta la historia de cómo su madre murió por su culpa. Después, Chloe y Hillary se hacen amigas y la primera le dice que Nick ya le había contado esa historia. Pero esa confesión de Nick a Chloe sucede fuera de plano, al igual que muchas otras situaciones. Y es que es como si algunas partes importantes de la película nos fuesen ocultadas, de modo que esta operación colabora a la hora de fortalecer el clima turbio general. Creo que hay algo de “lynchiano” en esta mezcla de urbanizaciones perfectamente geométricas y la gravedad insoportable que existe en el ambiente. Chloe es admiradora de Charles Manson y Sasha Grey. Hillary no conoce a la segunda, así que la busca en Internet. Cuando los gemidos de la actriz porno empiezan a escucharse1, su rostro realiza una mueca entre el asco y la vergüenza.

La libertad formal que le otorga la ligereza y la fácil manipulación de la Canon 5D choca de lleno con los tópicos de su argumento. Trabaja sobre arquetipos recurriendo a las imágenes habituales que el cine y la televisión nos ofrecen de la Costa Oeste norteamericana, pero siempre con ese movimiento extraño de la cámara, como si tratase de romper con la representación habitual. La película comienza a romperse desde sus elecciones cromáticas, sus movimientos cámara en mano… Se podría decir que la violencia implícita resalta la violencia económica y social que sólo se cita de carrerilla. Poco a poco los lazos de unión entre los adolescentes se van tensando cada vez más, hasta que al final todo termina en una irreal pesadilla de máscaras de cuervos, asalto de mansiones, desapariciones y secuestros. David Lynch a la vuelta de la esquina.

En Hellacious Acres (2011), de Pat Tremblay, el espectador acompaña durante casi dos horas a John Gass, uno de los últimos hombres sobre la tierra. Un día se despierta sin saber quién es ni dónde se encuentra. Enfundado en un traje especial de supervivencia, ve el mundo a través de unos binoculares especiales. Ve el mundo en digital. Un digital de colores ocres y formas poco definidas. Un mundo más virtual que real, aunque su escenario sean granjas abandonadas. La naturaleza y los restos de vida humana están a punto de desaparecer. Como si de un videojuego se tratara, su único guía es un aparato electrónico colocado en su antebrazo. De ese modo, descubre que tiene una misión: llegar a tres puntos en los que realizar unas tareas determinadas. Las misiones no tienen más lógica que la de llegar a descubrir qué le ha llevado a esa situación.

Tras este prólogo, la película es un one man show de su director, Pat Tremblay. Salvo cinco minutos, es el único ser humano que aparece en la película. Es el actor principal, el director, el guionista, el fotógrafo, el músico, el creador de los efectos especiales. Es una película casera (en todos los sentidos) sobre el fin del mundo. Y de una humildad casi cómica, puesto que John Glass ni siquiera puede llegar a preocuparse por cómo salvar el mundo. Para él ya es suficiente tarea saber cómo comer con ese traje que lleva puesto.

La mitad de la película, de un metraje considerable para la situación que plantea, consiste en ver al pobre John buscando algo comestible que ingerir por un tubo que lleva en la espalda. Las situaciones son tan patéticas como hilarantes. No hay separación entre el drama y la comedia, puesto que al digital y al Apocalipsis poco le interesan esas divisiones.


***



1. NdR: Respecto a ésto, debo señalar que mi experiencia cinéfila me dice que esos gemidos no eran de Sasha Grey, que suele ser más dominante e impulsiva, no tan pasiva y sumisa…


MIDNIGHT SON
ESTADOS UNIDOS. 2011
Director: Scott Leberecht
Guión: Scott Leberecht
Fotografía: Lyn Moncrief
Montaje: Ian McCamey
Diseño de producción: Manuel Perez Pena
Música: Kays Al-Atrakchi
Intérpretes: Tracey Walter, Arlen Escarpeta, Larry Cedar

LEASHED
ESTADOS UNIDOS. 2011
Director: Marco Weber
Guión: Marco Weber
Fotografía: Damien Steck
Montaje: August Anderson, Marco Weber
Diseño de arte: Kristina Moore
Sonido: Jeff Gross
Música: Kays Al-Atrakchi
Intérpretes: Devon Werkheiser, Rachel Seiferth, Gia Mantegna

HELLACIOUS ACRES: THE CASE OF JOHN GLASS
ESTADOS UNIDOS. 2011
Director: Pat Tremblay
Guión: Pat Tremblay
Efectos visuales: Pat Tremblay
Montaje: Pat Tremblay
Intérpretes: Jamie Abrams, Navin Pratap, Paula Davis