EVANGELION 2.0 (Masayuki, Tsurumaki), NYMPH (Pen-ek), NE TE RETOURNE PAS (De Van), THE HOLE (Dante):

SITGES'09 (4)

por Miguel Blanco Hortas

Otro día de grandes aglomeraciones en Sitges. Al aumento de público durante el fin de semana se le suman las fiestas del pueblo. Andar por las calles del centro se convierte en una tarea bastante complicada y, casualidades de la vida, las películas de la mañana las tenemos en los cines de esa zona. A primera hora de la mañana entro en el Retiro para ver Evangelion 2.0: You Can (Not) Advance, segunda parte del ambicioso rebuild que está llevando a cabo Hideaki Anno sobre su exitoso anime. Como fan compulsivo de la serie (al nivel de las adolescentes de Crepúsculo de ayer), acudo a la proyección a medio camino entre la emoción y la desconfianza. Siempre es un placer reencontrarse con Shinji Ikari, Rei Ayanami o Asuka Langly (ahora Shikinami), pero creo que es algo desvergonzado la explotación sin miramientos que el director japonés hace de su hijo más preciado. Y más cuando los productos oficiales nunca han estado a la altura del original. Pensamos en las dos películas realizadas a posteriori: la insulsa Death & Rebirth y la torpísima The End of Evangelion, que acabó con todas las sutilezas de la trama original para darle un final más espectacular y más retorcido, convenciendo a los fans más complacientes.

Los trabajos que mejor han tratado la herencia de Evangelion han sido el anime Rahxephon (que lleva al máximo los hallazgos estéticos de esta) y el videojuego Xenogears, una obra de culto que mezclaba los enfrentamientos de mechas con la filosofía de Nietszche (ya sé que suena un poco raro, pero es muy recomendable). Ambos manejan la simbiosis del hombre con el mecha como el principio de una forma de existencia superior, o más bien posterior a lo humano. En Evangelion, se trataba de intentar superar la barrera física, lo social, para llegar a comprender al prójimo, en una especie de celebración de la llegada de Internet (especialmente los últimos momentos de la serie, con esa emocionante ovación final). La película que vemos no añade nada nuevo al universo del anime, sino que simplemente trata de incluir de forma desesperada más referencias a todo tipo de mitologías e intentando ser lo más críptico posible. Sin embargo, las escenas de acción sí son muchísimo más ambiciosas, con un dibujo más espectacular. Como ya indicábamos ayer a propósito de Summer Wars, el anime contemporáneo está perdiendo el interés por las formas compactas, prefiriendo estructuras maleables, cambiantes. Y Evangelion 2.0, aunque respeta el modelo original, presenta unas formas más anárquicas, especialmente en los combates entre los EVAs y los Ángeles.

Sobra decir que la sala estaba llena de fans de la serie. Veo alguna camiseta de Nerv y gente comentando los detalles más puntillosos antes de la proyección, pero cuando empieza, los noto algo fríos, así que trato de levantar un poco el ambiente con un par de aplausos. Sin embargo, durante la película no hay mucho movimiento, quizás porque más que una película parece un copy & paste de capítulos de la serie, por mucho de que tenga más novedades argumentales que la primera. Entre ellas, la aparición de un nuevo niño y de nuevos mechas. Y un desarrollo bastante diferente, que profundiza en la relación amorosa (aunque puritana) de Shinji y Rei, además de darle mucha importancia a la mentalidad competitiva de Asuka. Solo hacia el final la gente se empieza a animar, porque la cosa se empieza a poner retorcida de verdad, con Ángeles fusionándose con Rei, EVAs a los que les salen alas de la columna, etc. Al final aparece Kaworu en un EVA (que me perdonen los neófitos por todas estas referencias) y ya nadie se puede guardar las ganas de aplaudir, aunque lo que suceda sea diametralmente opuesto al espíritu de la saga. En fin, que se disfruta mucho más que la insulsa primera entrega. Y como todavía parecen quedar dos partes más, esperamos expectantes en la sala viendo el pequeño trailer que incluye al final de los créditos.

La segunda (y mejor) película del día fue, contra todo pronóstico, Nymph, del siempre interesante Pen-ek Ratanaruang. He visto varias películas de este director. Historias urbanas sobre la frustración, sobre personas atrapadas en complejos sociales de los que no se les permite huir. De sus películas destacan los planos perfectamente medidos y los hipnóticos ambientes urbanos en los que se desarrollan, alcanzando su máximo grado de estilización con la habitación de hotel de Ploy, su anterior trabajo. Bien, pues Nymph es justo lo contrario. Si ayer hablábamos de que nos llegaba el segundo plano de Kynodontas para valorar el resto del film, hoy podemos decir algo similar de esta película tailandesa. Un larguísimo plano secuencia que atraviesa el sendero de una selva de manera errática: vemos a unas personas huyendo y gritando, pero las perdemos de vista porque la mirada de la cámara se dirige hacia otro destino. Después esta se eleva y finalmente vuelve a descender sobre un lago, donde encontramos dos cadáveres. Hay algo de mágico, de misterioso en este grandísimo plano que nos recuerda al inicio de Los muertos (Lisandro Alonso). La película continúa en esta línea: una pareja viaja al mismo bosque a hacer fotografías. El hombre, Nop, se obsesiona con la corteza de un árbol: la fotografía, la siente, la toca, incluso parece besarla. Toda esta parte transcurre sin diálogos, simplemente registrando las sensaciones de estas dos personas, de su relación con el bosque. Finalmente, el hombre desaparece sin dejar rastro.

Por momentos, parece que la película pretende convertirse en una versión contemporánea de La aventura (Antonioni), pero es en este instante cuando descubrimos los primeros errores. La irrupción de lo fantástico es algo evidente: Nop ha sido secuestrado y abducido por un espíritu del bosque. Regresa a su hogar junto a su mujer, May, que estaba a punto de abandonarle por otro hombre, Korn. La película se mueve por los interiores de la casa de May y Nop, de nuevo con largos planos cámara en mano que siguen a los personajes, especialmente de ella (interpretada por la bella Wanida Termthanaporn), consiguiendo bellos momentos gracias a una fotografía muy natural, sin iluminación, filmando siempre primeros planos de la mujer a contraluz. Aunque la trama se pierda por terrenos que no terminan de convencerme en lugar de apostar por la historia de la pareja, de sus tensiones internas, la enorme belleza visual del film y su parca economía de medios me dejan totalmente impresionado. Es sin duda la película más hermosa que he visto hasta el momento.

Sin tiempo para comer, hay que subir al Auditori para ver Ne te retourne pas, la nueva película de Marina de Van, presentada en Cannes (UCR) cuyo principal mérito parece ser un reparto encabezado por Monica Bellucci y Sophie Marceau. La película comienza interesante: un thriller bastante malsano sobre una mujer que un día descubre que su familia y su casa han cambiado completamente. Sin embargo, desde el primer momento es fácil adivinar que será la típica película que se mete en camisas de once varas y luego lo resuelve diciendo que fue “un mago” (llevo días deseando citar a Homer Simpson). Pero llevo cuatro días de festival y catorce películas, así que no me mete el gol por la escuadra. A mitad de película, la protagonista (Sophie Marceau) empieza a mutar y la mitad del rostro sigue siendo Marceau y la otra mitad es Bellucci, para indicarnos de la manera más pueril que la mujer va a acercándose poco a poco a los misterios de su pasado. Espero, sin éxito, que la película realice un salto arriesgado hacia lo fantástico, porque es lo único que puede salvarla: una conspiración extraterrestre, brujería, algo así… pero Marina de Van prefiere el estilo “sobremesa A3” y (spoiler) resulta que el trauma de personalidad que sufre es debido a que es adoptada y a que su hermanastra murió en un accidente cuando era pequeña (fin del spoiler). Así que salgo decepcionado porque se trataba de la directora de Dans ma peau, que era muchísimo más arriesgada que este telefilme cuya única innovación son las mutaciones faciales de la protagonista.

Y para finalizar la jornada (al menos para la prensa), el Festival programa otra película de buenas vibraciones, rendida completamente al cine de género. Se trata de The Hole, terror de casa encantada (más o menos) y encima en 3D. Visto así, pocos alicientes, salvo que está dirigida por Joe Dante, uno de los activos más importantes del cine comercial americano. Tras triunfar en los años 80 con Gremlins, The Howling o Explorers, entró a formar parte de la nueva cantera de talentos de Hollywood (Raimi, Zemeckis, Landis, Cameron, etc), pero películas menos afortunadas en el cambio de década, especialmente Matinee lo apartaron de las grandes productoras, lo que le obligó a refugiarse en la televisión, donde rodó uno de sus trabajos más agresivos políticamente, The Second Civil War. Sus películas comerciales siguieron sin despertar gran interés (Small Soldiers, Looney Tunes. Back in Action) hasta que finalmente en 2005 es redescubierto como gran director con la beligerante Homecoming, un film de zombies (realizado para la serie de TV Masters of Horror) donde estos son en realidad soldados muertos en la guerra de Irak que regresan a su país para votar en las elecciones generales. Homecoming descubre a Dante como un gran conocedor del cine de género y con suficiente habilidad para manejar el sarcasmo y la crítica política. En The Hole, nos reencontramos con el Dante más comercial, alejado de la línea más política de los dos trabajos televisivos comentados. Tras un argumento muy tópico (una familia llega a su nuevo hogar para empezar una nueva vida, pero descubren que en su idílica casa se encuentra un agujero misterioso) aparece un director capaz de construir toda una película a través de acumular elementos de la cultura popular, de Twilight Zone a South Park. Frente a otros directores caracterizados por sus excesos, Dante destaca por su sencillez, por cortar siempre en el momento justo. La sencillez de su exposición recuerda a otro espléndido retorno genérico: Drag Me to Hell, de Sam Raimi. En ambas encuentro a directores orgullosos de ser pequeños, de realizar una cinta sin excesos, sin psicologías complejas, pero de gran imaginación. El mejor adjetivo que escucho de The Hole, tanto por parte de sus admiradores como detractores es que parece una película de los 80. Y es cierto: recuerda a aquella época donde el concepto de Blockbuster todavía se estaba forjando, y Hollywood permitía a su industria más básica realizar películas muy originales. Después, cuando la fórmula se fue refinando, el director que quería seguir trabajando tenía que ajustarse a los códigos que se le imponían. Eso no supuso ningún problema para coleccionistas de Oscars como Zemeckis o Cameron; a Raimi le costó algo más. Por el contrario, Landis y Dante se tuvieron que refugiar en la televisión y pasar una década en la oscuridad. Ahora Dante vuelve a aparecer en un medio pionero (el 3D) para poder seguir realizando películas.

En la cola me encuentro con varios fans de Dante, algo para mi inaudito hasta hoy. Pero el director ha conseguido ganarse cierta fama, quizás precisamente porque sus películas más recordadas siguen siendo las de los años 80 y su poca continuidad hace que lo sigamos relacionando con nuestra infancia. Dante parece cómodo con este papel y rueda The Hole en consecuencia. Una película muy eficaz, sin errores de guión, con personajes que se dibujan a base de estereotipos. La intriga comienza como un relato el autor juvenil R. L. Stine, para finalizar como un episodio de Twilight Zone, de nuevo un viaje del presente hacia el pasado, con tecnología del futuro.