PUNTO DE VISTA 2018 (8): CORRESPONDENCIAS, PELÍCULAS COMO CARTAS. FILM LIVE, POR HELGA FANDERL

Film Live

Por Helga Fanderl




I

Filmar con una cámara de Super 8 me permite responder inmediatamente a lo que experimento. Mi ojo al visor, la cámara en mi mano –percibiendo y registrando simultáneamente–, me concentro y creo películas en correspondencia con el tema, en un gesto, por decirlo de algún modo. Sorprendo a lo que ocurre y me siento sorprendida al mismo tiempo. Intento capturar el momento, hic et nunc e in situ. Esa es la principal razón por la que siempre monto en la cámara y por la que no hay postproducción.

La cámara de cine de formato pequeño es una buena compañera allí dónde voy. Es también un buen instrumento para hacer música con los ojos, transformando fragmentos de la vida real en formas cinemáticas de existencia. Cada película refleja el proceso de su creación y encuentra un ritmo que le es propio. Cuando filmo miro las cosas con gran atención, o cuando éstas me miran, yo puedo verlas como si fuesen nuevas y su significado no estuviese aún definido. Esto libera mi percepción e inspira mi manera de experimentar lo efímero.

Mis películas cortas son silentes. Lo que importa es el paso de las imágenes.

Hacer películas supone dar forma al tiempo y evocar la dimensión temporal de las imágenes. Al hacer el montaje en la cámara visualizo ritmos inherentes y percibidos.

II

Desde el comienzo de mis filmaciones directas y personales a finales de los ochenta, ha crecido un importante cuerpo de trabajo. Aunque cada película individual está terminada en sí misma, siempre presento una selección específica de películas en un programa compuesto (o siendo parte de un programa) para cada proyección. Unas pausas breves de cola negra separan y acentúan las películas individuales. Así como dentro de cada película individual, también estructuro el tiempo y creo ritmos dentro de cada programa que compongo. Uno podría caracterizar cada programa, que es de alrededor de 50 hasta un máximo de 60 minutos de duración, como un montaje temporal, ejemplificando aspectos esenciales de mi trabajo. La interacción de diferentes películas cortas evoca toda clase de correspondencias y contrastes. El espectador experimenta un intenso microcosmos fílmico y fácilmente pierde la noción normal del tiempo y del espacio.

Programar mis películas en una configuración constantemente nueva es una parte muy importante de mi práctica artística, de acuerdo con la manera en que las películas son creadas. Por consiguiente el trabajo permanece abierto a cambios de lectura y de interpretación.



III

El Super 8 es un medio y un formato muy frágil. Hay siempre un aspecto nómada y performativo en mis proyecciones. Desde el comienzo he tenido que ocuparme de la presentación de mis películas yo misma, a fin de crear las mejores condiciones posibles para cada proyección —encontrar la posición correcta para el proyector en la sala, con respecto a la pantalla en términos del tamaño, de la altura y del brillo de la imagen. A menudo llevo mi propio proyector y tengo que ejercitar toda clase de destrezas acrobáticas para construir una plataforma de proyección suficientemente alta, subirme a sillas o mesas o escaleras y proyectar yo misma, tal y como suelo hacer. Quiero que el proyector esté instalado en el auditorio de modo que su zumbido refleje el ritmo de los 18 fotogramas por segundo proyectados sobre la pantalla, haciéndole a uno consciente del medio.

Manejar el proyector, cambiar una o más bobinas, enfocar y encuadrar las imágenes, presentar mis programas y hablar sobre mi filmación de películas –todo esto crea un evento en vivo y una performance única que se corresponde con la poética de mis filmaciones.

Publicado originalmente en Sequence, nº 1, No.w.here, 2010.

Traducción del inglés de Francisco Algarín Navarro,
Alberto Anglade, Miguel Armas, Bruno Delgado, Jorge Suárez-Quiñones Rivas