PUNTO DE VISTA 2019 (2): ROBERT BEAVERS

En las manos de ‘The Suppliant’

por Rebekah Rutkoff


Este verano, justo después de pasar una semana investigando en The Temenos Archive cerca de Zurich (un lugar dedicado a la preservación de las películas de Robert Beavers y Gregory J. Markopoulos y a sus materiales asociados), seguí mi camino hacia el Kunsthistorische Museum de Viena. Cuando mi mente estaba todavía metabolizando las películas de Beavers, aclimatándose a sus diferentes ritmos y preocupaciones, la historia del arte occidental surgió de repente como un bajorrelieve, anunciando abiertamente su trama central: la representación cambiante de las manos. Las tumbas egipcias, los jarrones griegos, los iconos bizantinos, los cuadros holandeses –las manos no sólo grabadas y pintadas para envolver los sentidos pictóricos, sino transformadas retóricamente de acuerdo con los largos duelos centenarios entre el artista y el plano pictórico de dos dimensiones–. Incluso el modernismo parecía someterse a esta teleología fugaz –pinceladas rugosas, goteos y líneas contundentes como representantes de la mano recién imaginada–.

En My Hand Outstretched to the Winged Distance and Sightless Measure, su épico ciclo de dieciocho películas formado por las obras completadas realizadas desde 1967, Beavers persigue consistentemente la elusiva belleza y los poderes transformativos de la mano a través de una serie de visiones del trabajo manual y de la artesanía (encuadernación de libros, costura, mampostería) y de la incorporación de sus propios gestos espontáneos. The Suppliant, su nuevo y breve trabajo, sigue a Pitcher of Colored Light (2003), siendo la segunda película autónoma situada fuera del ciclo. Pero Beavers continúa escuchando de cerca el dialecto manual. Rodada a lo largo de dos días, en 2003, en el apartamento de Brooklyn Heights del director artístico y diseñador Jacques Dehornois, y en los alrededores, se centra en la estatua de bronce del título (una réplica de una escultura griega que ahora está en el Altes Museum de Berlín), una figura que mira hacia arriba con las manos abiertas y elevadas. Beavers escogió filmar la estatua solamente a primera hora de la mañana y al atardecer, y mientras su cámara recorre suavemente las extremidades y las superficies, los contornos se revelan y resaltan a través de la oscuridad.

En los planos que abren la película se escuchan unos sonidos ásperos de rasgado que sugieren una serie de marcas responsables de las líneas verticales de luces que corren a lo largo de las extremidades de la estatua y las superficies circulares que descansan en su torso. La combinación de los sonidos que van y vienen, del progreso de las líneas y de los difusos bordes de luz conjuran para mí la materialidad el carboncillo –perceptible pero efímero, listo para que se lo lleve el viento como si fuera polvo, el ángel preliminar del Arte–. El prolongado uso por parte de Beavers de las marcas de la torreta de las lentes giratorias, asimiladas como elementos de transición (como forma de entrar y de salir de las imágenes, así como de unirlas) se convierte aquí también en una especie de carboncillo –los límites negros que ocultan los diferentes instantes relacionados con el comienzo y la detención–. Como en muchos de sus trabajos, ha reunido una constelación asociativa y generosa de obras de arte y artistas, no sólo estableciendo un diálogo entre su propia filmación con las diferentes obras de arte presentes en el apartamento de Dehornois, sino también extendiendo el sentido de la creación –las líneas, las luces, la emergencia de la forma–, de manera que pueda ser sentida incluso en la ausencia de las piezas de la colección.

Como en Pitcher of Colored Light, y en un claro contraste respecto a los trabajos de las décadas anteriores, filmados casi íntegramente en Europa, The Suppliant se rodó en Estados Unidos. Beavers entremezcla los planos registrados en el interior del apartamento con las imágenes del paisaje de los alrededores y del skyline de la ciudad, abarcando tanto el East River como el Mahattan Bridge. Acostumbrado a los encuentros con la gracia en Grecia, Italia o los Alpes suizos en sus películas, estaba sorprendido por ver a Beavers mostrando –aceptando– este paisaje urbano americano: unos punzantes alambres enrollados, desoladas fábricas de electricidad, sirenas. A pesar del hilo que enlaza esta película con su obra anterior, creo que la energía de The Suppliant es vigorizante y que el registro de sus imágenes es poco familiar y original.

Beavers es conocido por su inventiva utilización de la técnica de la máscaras, la crea y oculta el profundo espacio de sus películas. En The Suppliant, no obstante, el juego con la profundidad no se desenvuelve en torno a una recesión en torno a la perspectiva, sino alrededor de una especie de fluidez plana y sutil. En las imágenes de una cama deshecha, en las franjas de un cruce, en los árboles sin hojas o en un fragmento de la bandera americana lleno de estrellas, ondeando tras los diamantes de una verja encadenada, la profundidad ya no es cúbica sino más bien ondulada, variable, repleta de pliegues y de dobleces. Es como si el ojo y la mano se hubieran unido en esos espacios poco profundos, prolongando la sensualidad más allá de las arrugas del aire y de las sábanas.

Varios años pasaron desde la filmación hasta el montaje final de The Suppliant, la cual se completó en 2010, tras varias tentativas anteriores, no mucho después de la muerte de Dehornois. Beavers mantiene el equilibrio entre el esfuerzo meticuloso y la sometida fuerza canalizada en el nacimiento de su trabajo –una combinación que le permite establecer algunos encuentros con el azar–. Una vez se concluyó correctamente la película el pasado verano, Beavers se encontró con dos libros sobre la figura griega en el Sitterwerk Kunstgiesserei en St. Gallen, Suiza. La estatua original, leyó, no tenía brazos, ya que estos se añadieron en el siglo XVI. Las manos, según sugieren algunos historiadores, quizá se encontraban encogidas sobre el tórax. Pero en el Suppliant de Beavers, al menos, las manos están innegablemente extendidas.

Publicado originalmente en Die ausgestreckte Hand,
Osterreichisches Filmmuseum, Viena, noviembre, 2010.

Todas las imágenes cortesía de © Temenos Archive y de Robert Beavers.

Traducción del inglés de Francisco Algarín Navarro.