«FILMER SOUS L'OCCUPATION», JEU DE PAUME (2)

Filmar bajo la ocupación

Por Marina Vinyes Albes

 

Le Ciel est à vous (Jean Grémillon, 1944)


François Truffaut rememora en André Bazin, l’Occupation et moi1 sus primeros años de cinéfilo. Unos años en que las horas transcurridas dentro las salas de cine se mezclan con los sabores de una época en tiempos de guerra, de restricciones y de censuras: «Después del Armisticio, cuando los alemanes ocuparon el país, el cine se convirtió en un refugio para todos y no únicamente en sentido figurado. Dejó de serlo en un momento dado, cuando se procedió a las verificaciones de identidad a la salida de las salas para localizar a los jóvenes en edad de enrolarse con los “Trabajadores Franceses en Alemania”». No sin sentido del humor, el joven adolescente que era entonces recuerda: «Para mostrar hasta que punto las instrucciones del black-out eran estrictamente observadas, me será suficiente indicar que no era extraño escuchar a parejas de enamorados hacer el amor en la calle, de pie, frente a las puertas de las cocheras. Mi joven edad en la época me permite solamente, es una lastima, testificarlo aquí como testimonio auditivo». Era también el momento del nacimiento de una critica, aquella de André Bazin por ejemplo, donde se cuestiona la noción misma del género. Pero de esto se habla poco. Otros, como Lucien Rabatet, hacían más ruido con su caza de brujas: «Cualquier cosa que se emprenda o decida a favor del cine francés, hay que desenjudiarlo de entrada».

El panorama cinematográfico de la época es por lo menos complejo. Calificarlo de paradoxal me parece justo en cuanto nos permite reflexionar sobre las condiciones de producción y las contradicciones inscritas dentro de las propias películas. Doble censura de la Alemania nazi y del régimen de Vichy, falta de dinero, escasez de película, dificultades de circulación y de abastecimiento de los equipos, prohibición de los trabajadores judíos en el sector… En el espacio de cuatro años se producen doscientas veinte películas, entre las cuales algunas obras maestras, mientras que más de una veintena de nuevos cineastas acceden a la dirección: Jacques Becker, Robert Bresson, Henri-Georges Clouzot, Louis Daquin, Jean Delannoy, Claude Autant-Lara… ¿Por qué la frecuentación de las salas aumentó sustancialmente cuando el contexto era mas duro que nunca? Fuera de las salas, el conflicto continúa causando estragos. En Italia se impone el cine de propaganda, España ya ha caído bajo el poder fascista y, en Estados Unidos, Chaplin se disfraza de Dictador. Sin embargo, en las pantallas francesas, ningún rastro de uniformes verde-gris, de estrellas amarillas o de colas de aprovisionamiento. La Continental, sociedad de producción parisina de capital nazi, sigue las directivas del Reich: dirigir «películas ligeras, superficiales, entretenidas» con el objetivo de contentar al pueblo francés. Directores confirmados y emergentes adoptan entonces decisiones artísticas que, permaneciendo evasivas respecto a la situación política del momento, les valdrán ciertas criticas después de la guerra. A pesar de esta postura «de neutralidad», el cine francés de los años de la guerra está lejos de ser reductible a un único enunciado… Empecemos pues por ver las películas.

La selección que presentamos en el Jeu de Paume es una invitación a la relectura de los retos cinematográficos de este periodo critico, pero responde asimismo a las ganas de mostrar las películas que amamos. Títulos ambiciosos y singulares, a veces de una creatividad sorprendente, que ofrecen un abanico reducido pero significativo de una producción de calidad.

En Goupi-Mains rouges (Jacques Becker, 1943) y Les Anges du péché (Robert Bresson, 1943), Becker y Bresson se revelan como verdaderos creadores de caracteres. Problematizando el mito de una Francia rural apreciada por Vichy, el autor de Goupi construye unos personajes cuya intensidad sobrepasa generosamente la acción dictada por el guión, mientras que Les Anges du péché se descubre como una compleja serie de retratos, un esbozo del alma femenina que deja presagiar el interés que el autor dedicará a la construcción de sus futuros personajes.

Jean Grémillon se inspira en Le Ciel est à vous (1944) en un suceso y lo transforma en lo que Jacques Lourcelles no ha dudado en llamar «una película de la transcendencia», donde la violencia emotiva que insufla la vida a los personajes y que establece su amor alcanza un heroísmo impersonal y casi espiritual. Una de las extrañas películas donde la mujer se convierte en heroína sin sacrificarse…

Y tendremos igualmente la oportunidad de volver a ver una de las películas más bellas de la breve corriente fantástica que atravesó el cine francés en los años 40. Maurice Tourneur, gran artista plástico, disfruta contando la historia inverosímil de la mano del diablo y nos arrastra con él a un sueño febril acentuado por los juegos de luces y sombras. A esta película seguirá la proyección de Caprices (Léo Joannon, 1942), comedia ligera e ingeniosa que podría de entrada hacernos pensar en Lubitsch. Producida por la Continental, como La Vie de plaisir (Albert Valentin, 1944) y La Main du diable (Maurice Tourneur, 1943), está interpretada por una de las parejas más famosas del momento, Danielle Darrieux y Albert Préjean, lo que le confirió en su época una cierta celebridad.

Douce (Claude Autant-Lara, 1943) y La Vie de plaisir, dos críticas feroces de los prejuicios de clase, sátiras sociales de registros sin embargo distanciados, revelan la ambigüedad y las contradicciones del discurso mantenido por la censura. Albert Valentin tuvo menos suerte que Claude Autant-Lara: después de haber sido condenado por la Centrale Catholique en el momento del estreno, su película fue igualmente prohibida en la Liberación. Como Henri-Georges Clouzot y Henri Decoin, el cineasta fue expulsado de los estudios, si bien al contrario que Le Corbeau (Henri-Georges Clouzot, 1943) y Les Inconnus dans la maison (Henri Decoin, 1942), su película cayo prácticamente en el olvido.

Para clausurar el ciclo, dos películas cuya presencia quizás sorprenderá: MCDXXIX-MCMXLII (De Jeanne d’Arc à Philippe Pétain) (1944) de Sacha Guitry y En haut des marches (1983) de Paul Vecchiali. Película rara y formalmente radical, De Jeanne d’Arc… surgió del libro epónimo concebido, escrito y supervisado por Sacha Guitry, dedicado a consagrar la grandeza de Francia a través de la evocación de los grandes nombres de su historia: grandes hombres políticos, pero sobre todo grandes artistas. Resulta un encuadre «único» de cincuenta y ocho minutos mostrando sucesivamente las paginas del libro, al mismo tiempo que las composiciones musicales y las voces de Guitry y de otros escritores y artistas de la época se superponen a la austeridad del plano. La importancia de esta película no es solamente ideológica, sino fundamentalmente formal. Mientras, En haut des marches de Paul Vecchiali ejerce una suerte de contrapunto de las películas precedentes. Cuarenta años después de la Ocupación, el cineasta hace actuar de nuevo a Danielle Darrieux para una película que mezcla las temporalidades y saca a la luz la confrontación de las memorias.


1 NdE: Bazin, A. Le Cinéma de l'Occupation et de la Résistance. Paris: U.G.E., 1975. Pág. 20-21.

 

En haut des marches (Paul Vecchiali, 1983)