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Encuentro con Danièle Huillet y Jean-Marie Straub. 'Dalla nube alla resistenza' y 'Sicilia !'

Por Danièle Huillet, Jean-Marie Straub, Philippe Lafosse, Hervé Joubert-Laurencin y el público
Niza, Cine Jean Vigo, domingo, 15 de febrero de 2004, mediodía,

 


Philippe Lafosse: Recibimos por última vez este fin de semana a Danièle Huillet y Jean-Marie Straub. Por lo tanto, aprovechen para compartir con ellos sus reacciones así como para plantearles alguna pregunta.

Hervé Joubert-Laurencin: A partir de unas palabras de Sicilia !, os quería preguntar si creéis que se puede ser un hombre tan grande como para ser socialista y al mismo tiempo creer en San José.

Danièle Huillet: ¡La madre no dice que crea en San José! Creo que no creemos ni en una cosa ni en la otra. ¿Qué quiere decir creer en San José? San José era un carpintero, un padre de familia y un marido, que fue beatificado y santificado. Creer en San José no quiere decir gran cosa. En cuanto a creer en el socialismo, tampoco quiere decir gran cosa, se pone en práctica o no.

Jean-Marie Straub: Es un personaje siciliano que se expresa. Creer es algo concreto. Nosotros no somos el abuelo de la madre en esta película.

Hervé Joubert-Laurencin: Voy a precisar mi pregunta. Como dijo Jean-Marie Straub ayer, estoy convencido de que la biografía no ayuda a comprender las obras de arte y, en todo caso, que no hay una relación simple entre una cosa y la otra. Mi pregunta la planteo por tanto a las películas y no a Jean-Marie Straub y Danièle Huillet, cuya creencia o no en Dios no es aquí el problema: vuestras películas hablan de Dios, de los dioses…



Jean-Marie Straub: Son los campesinos quienes han inventado a los dioses, no somos nosotros. ¡Los dioses han sido inventados por los hombres! ¿Cuál es su pregunta?

Hervé Joubert-Laurencin: Me gustaría saber cómo circula todo eso en vuestras películas. Por qué hay un Dios, cuál es la diferencia entre Dios y los dioses, y cómo pasamos de uno a otro.

Jean-Marie Straub: El dios de Abraham, de Isaac y de Jacob me interesa porque todavía estamos ahí y porque después de todo se trataba de un progreso histórico.

Hervé Joubert-Laurencin: Habla de cuerpos gloriosos, hace mención al vocabulario de la teología para hablar de cine. Además, ¿la cuestión de los dioses tiene una relación con la política? ¿Y con el cine?

Jean-Marie Straub: Viene de San Pablo, que era un evangelista.

Hervé Joubert-Laurencin: Su cine, como otros, como el de Pasolini o el de Tarkovski, es profundamente materialista –en el sentido de la tierra, de la piedra, del objeto, del fundamento– y, al mismo tiempo, se habla de todo ello con cuestiones de orden teológico.

Danièle Huillet: ¡En lo que respecta al sonido su cine no es de orden materialista! Sería una mitad la que es materialista. Falta otra.

Jean-Marie Straub: Si dejamos a Tarkovski, que no desprecio pero que no me gusta, le diría que Péguy le hacía decir a Dios no soy piadoso. Es muy importante porque nunca tendría la arrogancia de pretender que soy ateo. En cuanto a los agnósticos, les tomo por imbéciles. Si no se es ateo, entonces se cree en Dios.

Danièle Huillet: La historia de los dioses ni siquiera es tan complicada. Los hombres necesitaban comprender lo que sucedía entre ellos, en la naturaleza y en su propia persona: inventaron entonces una explicación exterior. Es todo. Algunos pueblos no necesitaron eso. Los japoneses no necesitaron inventar una multiplicidad de dioses y su forma de laicidad es bastante extraordinaria.

Jean-Marie Straub: Es de donde viene la fuerza de las películas de Mizoguchi y de Ozu, que eran escuelas de ciudadanos, el equivalente al teatro griego. Pero le responderé con una broma de una película de Ozu, justamente. Te das cuenta de si has ganado la guerra al mundo entero justamente bebiendo sake, dice un personaje.

Danièle Huillet: Mientras que el mundo entero consume Coca-Cola…



Jean-Marie Straub: El otro no le responde, hay un gran silencio, luego baja la cabeza y dice: «Estoy contento de que hayamos perdido la guerra»… ¡La mitología forma parte de la historia, en nombre de Dios! Además, Pavese se desplaza hasta la mitología a través de los ancianos, con sus fuegos, etc., para terminar haciéndoles decir cosas monstruosas: ¿cuántas casas de patrones hace falta quemar, cuánto hará falta asesinar en las plazas hasta que el mundo vuelva a ser justo y nosotros podamos contar la nuestra, nuestra historia?

Público: Habiendo visto algunas de sus películas, escuchándole, tengo la impresión de que lo que ha sucedido estas últimas décadas no le interesa en absoluto.

Jean-Marie Straub: Es absolutamente necesario que me interese: ¡aún estoy ahí! No por mucho tiempo, pero me interesa. Lo siento en mis nervios, en mis huesos y en mi consciencia. ¡Me interesa! Estoy absolutamente obligado a interesarme. Si voy por la calle y ya no puedo respirar…

Público: Ahí está, está obligado, no le apasiona.

Jean-Marie Straub: Me apasiona, ¡cuando me apasiona! Cuando leo que en Pakistán, gracias al progreso, se ha llegado a eliminar mil millones de pollos lo más rápido posible, metiéndolos vivos en sacos y haciéndolos enterrar por el ejército, me interesa vivamente. ¡Seguramente me interesa más de lo que le interesa a usted! Si me quiere hacer decir que estoy pasado de moda, ¡de acuerdo! ¡Estoy anticuado! ¡Completamente anticuado! Y cada vez lo estaré más conforme pasen los días. Porque le voy a decir una cosa: hacer la revolución, es también poner en su lugar cosas muy antiguas pero olvidadas. Es una cita de Charles Péguy. ¡Reflexione sobre eso! ¿Es un apóstol de la tecnología?

Público: En absoluto, simplemente que, cuando conduzco mi coche, no tengo todo el tiempo el ojo puesto en el retrovisor.

Jean-Marie Straub: Conozco muy bien la autopista de Lille, a veces iba a ciento cuarenta y cinco, lo confieso, y en las bajadas incluso llegaba a conducir a ciento cincuenta, pero no exageraba, la mayor parte del tiempo iba a ciento veinte. En octubre, empecé a mirar el contador, por los radares. Resultado: Danièle tuvo que despertarme tres o cuatro veces… ¡Entonces!

Danièle Huillet: ¿Ha visto Nicht versöhnt, por ejemplo?

Jean-Marie Straub: ¿Por qué debería haber visto eso?

Danièle Huillet: ¡Porque pretende que no nos interesa el presente!

Público: No conocía toda su obra…

Danièle Huillet: Entonces volveremos a hablar cuando haya visto nuestras películas.

Jean-Marie Straub: Dicho esto, perdóneme, pero me gustaría saber a dónde le gustaría llegar.

Danièle Huillet: No es muy complicado: nos reprocha no haber hecho ninguna película sobre el presente.

Jean-Marie Straub: Sí, ¿pero quiere decir que nuestras películas hablan demasiado sobre el pasado, que vemos a demasiada gente vestida de época, o quiere decir que tengo el aspecto de un viejo paleto reaccionario y obsoleto?

Público: Ha hecho películas muy hermosas. Acabamos de ver una magnífica ahora mismo: Dalla nube alla resistenza. Y antes de ayer Klassenverhältnisse, que también era muy hermosa. Pero tengo la impresión de que están bloqueados en una cierta época. Es lo mismo cuando habla de cine. Habla de Grémillon, pero no sé si muchos en la sala conocen a Grémillon. ¡Es algo bastante antiguo!



Danièle Huillet: Sí, es exactamente lo que dice en Le Retour du fils prodigue uno de los tres jóvenes con el foulard rojo. Dice a los pueblerinos que están de pie, al otro lado del barranco, mientras que ellos están sentados debajo, les dice: «Habéis querido reconstruir un pueblo, pero el pueblo que habéis querido reconstruir lo habéis hecho a la antigua, ¡es viejo! Y no habéis comprendido que ahora hay que hacer como en América, ¡no hace falta cultivar el trigo como lo hacéis, porque corréis a pie detrás de un tren!».

Jean-Marie Straub: Incluso les dice: «Como América y como Rusia». No, hemos hecho también películas contemporáneas.

Danièle Huillet: ¡Y lo vemos también! El problema es que no podemos hablar porque, en el 90% de los casos, lo encontramos criminal.

Jean-Marie Straub: Esta cifra sólo le compromete a usted.

Danièle Huillet: Le puedo contar que ayer por la tarde, volviendo al hotel Negresco, encendí la televisión porque no tenemos una –ya ve, le doy otro argumento para el pesimismo: no tenemos y no queremos tenerla…–.    

Jean-Marie Straub: ¡No me gustaría traicionar al hecho que nos llevó al hotel Negresco! ¡Tengo mi reputación!

Danièle Huillet: Encendí la tele, para ver un poco aquí y allá lo que se hace. Vimos uno después de otro dos folletines americanos y nos dijimos: «No hay nada que hacer, en el género, esta gente es la más fuerte, es completamente inútil que los europeos intenten hacerles la competencia. Lo que hay que hacer es intentar hacer otra cosa».

Jean-Marie Straub: Como siempre, en lugar de inventar la libertad, la competencia crea el monopolio.

Público: Para prolongar lo que ha dicho el señor… No conozco toda su filmografía, he apreciado mucho Sicilia !, ¿pero podría decirme por qué, en 2004, usted y otros cineastas sufrieron una especie de fijación en torno al neorrealismo italiano que se convirtió en una especie de referencia como si no hubiera nada después? Conversazione in Sicilia, Vittorini, 1938, se ha acabado. Sicilia ya no es eso desde hace mucho tiempo…

Jean-Marie Straub: ¿Es la primera película nuestra que ve? Usted es italiano y es una película italiana. ¡No lo ha entendido bien! También hemos hecho películas francesas…

Danièle Huillet: Y en alemán. Es cierto que muchas cosas han cambiado en Sicilia. Hemos construido, demolido. Pero si hemos querido hacer esta película es porque la primera vez que fuimos a Sicilia –buscando un lugar donde rodar Moses und Aron, es decir, en los años 70, una época en la que Sicilia había cambiado ya bastante en relación a 1938–, sentimos de repente un olor extraordinario, nos quedamos parados, nos bajamos del coche y vimos que en el cauce de un torrente habían lanzado quintales de naranjas para impedir que los precios bajaran. Cuando más adelante leímos el capítulo de Vittorini con el vendedor de naranjas fue como un encuentro extraordinario. Por lo tanto, los cambios, ya sabe, los cambios…

Jean-Marie Straub: ¿Por qué se quemó el café en 1922? ¿Por qué se mataron a las vacas? Porque los precios no bajaban. Por el comercio. Eso es la película, ¡no es otra cosa! ¡Deje al neorrealismo en casa!

Público: Tengo una reflexión en relación con el presente y el pasado. Tengo una abuela italiana y la reconozco perfectamente en su película, de la misma manera que reconozco perfectamente el país a través de los vínculos que se establecen entre la madre y el hijo por medio de los alimentos. Para mí no está en absoluto pasado de moda. No hay una oposición entre el presente y el pasado, hay cosas que continúan de generación en generación. La gente viene de su pasado.

Danièle Huillet: Hay algo de lo que hemos oído hablar en Italia a menudo a la gente. Dicen: «Si viveva meglio quando si viveva peggio». Vivíamos mejor cuando vivíamos peor… Y tenemos que decir también que todas las personas que aparecen en esta película son sicilianos –aunque no se haya rodado en dialecto siciliano puesto que Vittorini escribía en italiano–.  

Público: Es la primera película vuestra que veo. Soy verdaderamente entusiasta. Pero me gustaría que me dijeran cómo trabajan la lengua porque soy italiano y sé que no hablamos con ese ritmo.

Jean-Marie Straub: Hay una estructura. Hacemos que la gente lea los textos, estamos sentados en una mesa, y luego en ciertos momentos les decimos: «Mira, has respirado ahí y es interesante en la frase, en la sintaxis, en la gramática, es interesante para el sentido, podemos conservarlo»; entonces nos dicen: «No es posible», protestan, y les decimos: «Intenta y vuelve a empezar». Entonces eso se convierte en una estructura, en una partitura. Se convierte en una construcción. Hace cuarenta años que nos dicen que entrecortamos el lenguaje, no es algo nuevo. El lenguaje es como la vida: no puede ser informe. Por lo tanto, hay que saber dónde se respira, si conviene más hacerlo aquí que allí. Hay que saber si hacemos un punto, una coma o si dinamitamos el punto y la coma. A veces, es muy saludable aceptar un punto, a veces es más conveniente dinamitar una coma antes para hacer el punto, y otras veces vale más hacer la coma antes y dinamitar el punto, todo eso para llegar a algo que es la continuidad de un discurso o de una idea o de un sentimiento… o de un enfado, o de una reflexión o de una declaración de amor. Es todo. No hay nada más. Es muy simple. Todo el mundo lo puede hacer. ¡Lo que hacemos está al alcance de todo el mundo! Pero todo el mundo no lo hace porque son como usted: tienen la impresión de que no hay que entrecortar el lenguaje. Pero no hay que olvidar que, en la Edad Media, los monjes que recopiaron la literatura griega nunca colocaron un punto ni una coma. ¿Quién colocó los puntos y las comas? ¡Fue la burocracia prusiana! ¡Fue Bismarck quien inventó los puntos y las comas! ¡Y, un poco después de él, los bancos de Westminster!



Danièle Huillet: Y luego hay incluso algo que tiene sentido: sabe que la gente no habla así, y es cierto, pero la gente no recita a Vittorini. Hay ahí una diferencia.

Jean-Marie Straub: Si dicen «Buenos días, buenas noches», no hay gran problema. Si tenemos un texto que es más o menos largo, es importante que no parezca que se dice como si se lo arrancaran a uno del alma o como si le saliera a uno del corazón o como si fuera un texto inventado o soñado o escrito la noche antes. Si no, ¡es una estupidez! ¡No es un texto de ellos! Por lo tanto, sobre todo, ¡es fundamental no dar la impresión de que es de ellos! Y si ponen en él todos los sentimientos que se inventan, en lugar de quedar en el texto una claridad, como en el bosque, donde hay algunos claros, ¡se convertirá en una especie de prisión! Una prisión a la que impondrán una interpretación, ¡una y sólo una! Como en un laberinto, ¡sólo habrá una salida! ¡Mientras que en un bosque un claro es la libertad! Así es. ¿Le basta?

Danièle Huillet: Añadiría que, a pesar de todo, si ve bien nuestras películas, verá que no hay otras en las que el texto formen tanto parte de aquellos o de aquellas que lo dicen. O que esté hasta ese punto en sus nervios y en el cauce de su sangre. Y se convierte en algo que forma parte de ellos hasta tal punto que se transforma en onírico. Por otro lado, sueñan por la noche: la madre, que tiene 57 años y que es casi analfabeta, nos dijo que fue a consultar con su médico si podía aceptar el papel y que fue éste quien le dijo que podía aprenderse el texto por la noche antes de dormirse, de manera que después de haber trabajado dos meses, nos dijo: «Saben, sueño con el texto por la noche». Ahí fue cuando nos dijimos: «Lo hemos conseguido».

Público: En relación a otras películas suyas, creo que en Sicilia ! hay muchos más símbolos: el cementerio, los cuchillos… ¿Por qué estos símbolos? ¿La idea es que la gente reflexione, para que se planteen preguntas, para que encuentren una interpretación personal?

Jean-Marie Straub: Perdóneme, ¡pero usted es bastante hipócrita! No tengo ningún motivo para ser educado en este caso. ¿Qué quiere decir con eso? ¿Lamenta que sea así o está contento?

Público: Me gusta la película…

Jean-Marie Straub: Mientras que antes estaba frustrado: ¡tanto peor para usted! Se acabó, ya he respondido.

Danièle Huillet: Un cementerio no es un símbolo. En cuanto a aquel que se queja porque nadie viene a que afilen sus cuchillos, me puede decir que es una forma de llamada a la violencia pero no es en absoluto simbólico.

Jean-Marie Straub: ¡No es en absoluto simbólico porque acaba con la hoz y el martillo! Es muy simple, todo el mundo sabe lo que es. Simplemente, ya no está de moda. ¡Y podemos estar contentos de haber trabajado desde 1918 –incluso le doy un año– en tirar el muro, las ideologías y todo lo demás! Todos hemos trabajado en eso, sólo teníamos una idea: ¡liberar a Europa del bolvechismo tal y como quería Goebbels! Y llegamos a eso. Entonces, cuando escuchamos, como aquí al final de la película, «Hoz y martillo», está claro, ¡eso molesta!

Philippe Lafosse: Os propongo concluir aquí el debate. Querría decir sólo que cuando vemos las películas de Jean-Marie Straub y Danièle Huillet, es evidente, salta a los ojos, la vulgaridad no está donde muchos pueden pensar y hay una fuerza en sus películas que destruyen muchas cosas que vemos en otra parte, en la televisión o en muchas salas de cine. Puede que simplemente haya que dejarlas actuar. Primero verlas y escucharlas y luego dejarlas actuar.

Jean-Marie Straub: Y como decía Marguerite Duras: «détruire, dit-elle» [NdT: «destruir, dice ella»].

Traducción del francés de Francisco Algarín Navarro.