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O somma luce. Trabajo sobre el texto de Dante

Por Jean-Marie Straub y Giorgio Passerone

Video: Jean-Marie Straub

 

Versión de Jean-Marie Straub. Las diferencias de colores son el resultado de diversas fases del trabajo. Las líneas rojas indican la separación entre los planos (al final del texto se indica cuántos planos tendrán la voz en off y cuántos no). Las anotaciones a bolígrafo son las indicaciones de movimientos del actor.


O somma luce Jean-Marie Straub

O somma luce Jean-Marie Straub

O somma luce Jean-Marie Straub

 

 

Versión del «recitante», de Giorgio Passerone. Tras el trabajo de ensayo, el recitante guarda una versión reducida de las indicaciones con la que trabajar durante la interpretación.

 

O somma luce Giorgio Passerone

O somma luce Giorgio Passerone

O somma luce Giorgio Passerone

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Giorgio Passerone visita nuestra página web. Consulta los documentos que él mismo nos cedió hace un mes: el guión de O somma luce, la película que hizo con Jean-Marie Straub. Revisa las indicaciones. Explica qué significa cada anotación. Pausas, enlaces, ritmos, intensidad, movimiento, acción. En un segundo momento, escuchamos el resultado de este trabajo en el film. Del rodaje al montaje. El texto dicho, enunciado, citado fuera de campo. La respiración. Dante. El amor. El sol y las otras estrellas. Danièle.

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A continuación, la versión de los subtítulos en castellano de O somma luce realizados a partir del texto de Dante:

¡Oh suprema luz, que te elevas tanto

de los mortales conceptos! A mi mente

presta de nuevo un poco de lo que parecías,

y haz mi lengua tan potente,

que al menos una chispa de tu gloria

pueda dejar a la futura gente;

pues, por volver un tanto a mi memoria

y por resonar un poco en estos versos,

más se comprenderá de tu victoria.

Creo yo, por lo intenso que sufrí

del vivo rayo, que me habría perdido,

si mis ojos de él hubiéranse partido.

Y recuerdo, que por ello más audaz

me hice a soportar tanto, que uní

mi mirada al valor infinito.

¡Oh abundante gracia por la que presumí

fijar la vista en la luz eterna,

tanto que la fuerza de la visión consumí!

En su profundo vi que se interna,

ligado con amor en un volumen,

todo lo que por el universo se desencuaderna;

sustancia y accidente y sus costumbres

cuasi confundidos entre sí, de modo tal

que lo que digo modesta es vislumbre.

La forma universal de este nudo

creo que vi, que al recordarlo,

diciendo esto, siento mayor gozo.

Un punto sólo me causa más letargo

que veinticinco siglos idos de la empresa

que movió a Neptuno a admirar la sombra de Argos.

Así mi mente enteramente suspendida,

fija miraba, inmóvil y atenta,

y siempre de admirar encendida.

Y en aquella luz tal uno se renueva,

que apartarse de ella hacia otro aspecto

es imposible que nunca se consienta;

pues el bien, que del querer es objeto,

entero en ella se encierra; y fuera de ella

es defectivo lo que allí es perfecto.

En adelante será más corta mi conversa,

sólo de lo que recuerdo, que la de un infante

que en el pezón baña todavía la lengua.

No era que más de un simple semblante

hubiera en aquella luz que yo miraba,

pues es siempre así como era antes;

sino porque la visión se avaloraba

en mi mirada, una sola apariencia,

mudando yo, por mi se trastocaba.

En la profunda y clara subsistencia

del alto lumbre me aparecieron tres giros

de tres colores y de un continente;

y uno de otro como iris de iris

parecía reflejo, y el tercero parecía fuego,

que aquí y allá igualmente se espire.

¡Oh! ¡Cuán poco es el decir y cuán flaco

mi concepto! y esto, y lo que vi,

es tanto, que no basta con decir “poco”.

¡Oh luz eterna que sola en ti sedes,

sola te entiendes, y por ti entendida

y tú te entiendes, amas y sonríes!

Aquel circular, que así concebido

parecía en ti como luz refleja,

contemplado por mis ojos en torno,

dentro de sí, de su color mismo,

me parecía ver pintada nuestra efigie;

porque mi rostro en él estaba metido todo.

Como el geómetra que se afana y aflige

por medir el cerco, y no encuentra,

pensando, el principio que precisa,

así estaba yo en aquella visión nueva;

ver quería cómo la imagen al círculo

correspondía y cómo allí se encontraba;

mas no bastaban las propias alas:

si no que mi mente fue herida

de un fulgor que cumplió su anhelo.

A la alta fantasía aquí faltaron fuerzas;

mas ya movía mi deseo y mi velle,

como rueda a su vez movida,

el amor que mueve el Sol y las demás estrellas.

 

 

Traducido del italiano por Gonzalo Boa