WALK AWAY RENEE (CAOUETTE)

Canciones que podrían gustar a mi madre

por Pablo García Canga

 



Al oír a Jonathan Caouette explicar por qué hace cine todo parece sencillo, sencillo e importante. Y coherente con sus películas. De alguna extraña manera, Caouette podría ser un personaje de Capra, un penúltimo humanista, alguien que todavía cree en que las cosas deben cambiar y que él puede hacer algo por cambiarlas. Algo. Un poquito. Con películas.

Dice haber hecho Walk Away Renee para que sintamos empatía con los enfermos mentales y para hacernos sentir que ellos viven en un mundo paralelo que realmente existe. Así los ve él, así nos los hace ver.

Hace cine para comprobar si a pesar de todo el cinismo de nuestra época todavía somos capaces de sentir algo, para recordar a los espectadores que viven y mueren. Nada más y nada menos.

Puede sonar pesado o pretencioso, pero es en realidad humilde, sincero y arriesgado. De todas las películas con planetas que se han lanzado a los leones este año Wak Away Renee no es sólo la más bella, es también aquella que mejor consigue ponerse a altura del hombre.

Walk Away Renee es una suerte de documental autobiográfico, aunque más bien biográfico de su madre, una continuación de Tarnation; en un principio un simple extra para el DVD que tomó vida propia hasta convertirse en una película independiente y complementaria.

Se alternan presente y pasado. El presente es un viaje que hace Caouette llevando a su madre Renee, que sufre esquizofrenia y trastorno bipolar, de un centro en Houston a otro en Nueva York, para tenerla más cerca. Una acción presente rodada con pocos medios pero con la objetividad de una ficción, y en la cual se introduce una tensión narrativa al perderse los medicamentos que hacen que Renee se mantenga estable. Caouette llama desesperadamente a los médicos del antiguo centro donde se encontraba su madre, del nuevo al que va a ir, a otros médicos que conoce, pero nadie está dispuesto a hacerles una receta sin tenerla oficialmente como paciente.

El pasado es el contexto indispensable para comprender el presente, compuesto como Tarnation de grabaciones que Caouette ha ido haciendo a lo largo de toda su vida y que documentan su vida y la de su familia, pero entre el documento y la ficción. Imágenes combinadas con rótulos y música, algo así como la apoteosis del video casero, su máxima expresión artística, un video casero que se sueña ópera rock y un día despierta siéndolo por el milagro del montaje. A esta parte Caouette la califica de subjetiva, aunque curiosamente en los rótulos cuenta su historia en tercera persona, como si para él el cine fuese una manera de poder objetivar su propia vida. ¿Para qué objetivarla? Para darse una historia, una identidad. Para no perder pie.

¿Y los planetas? Los planetas son un sueño de Caouette en su bañera, la idea de que hay no un universo sino varios universos, un multiverso, y que en alguna parte puede haber un universo gemelo del nuestro con un planeta gemelo del nuestro.

(¿Cómo ha aparecido esta idea en la película? Pues por la tele, en algún momento Caouette está viendo un programa de ciencia donde alguien explica esta idea. Y aunque sólo fuese por esa manera de introducir lo que nos trasciende a través de lo cotidiano, de un programa de televisión, como en las películas de terror, como en Los Simpson, ya le estaría agradecido a Caouette. Recuerdo ahora, una vez más, cómo el infinito de los átomos es introducido en El efecto de los rayos gamma sobre las margaritas, de Paul Newman, durante una clase ciencia, en la que un profesor se lo explica a una niña. Vértigo de la pedagogía, de lo oído en la tele, de lo aprendido en clase.)

El viaje alucinado al universo paralelo es un sueño reproducido con efectos de ordenador entre buenos y pobres. Por una suerte de cordón umbilical que une los dos universos llegamos a un mundo paralelo donde el propio Caouette tiene los dientes deteriorados de su madre, los roles se han invertido y ahora, por fin, se ve la tramoya, el rodaje, la cámara que no vimos durante el largo viaje de Houston a Nueva York. (Un mundo paralelo e invisible que sin embargo existe, como ese fuera de campo que es la cámara, el equipo de rodaje.)

Las visiones no sirven para alejarnos de la realidad, sino para darnos una idea de la profundidad de lo real, una manera más de viajar al interior de la realidad, el más alucinante de los viajes. Visiones, ficción, documento, todo se combina para poder ir más allá de la superficie, sabiendo que esa es la única manera de alcanzar la empatía que Caouette busca, la única manera de llegar a ponernos en su lugar y en el lugar de Renee.

Será por ello que, en esta película, multitud de recursos que no deberían funcionar, que normalmente la conducirían al sentimentalismo o a lo kitsch, no juegan en su contra, sino que la engrandecen. A base de ver películas más o menos correctas, hechas a base de inteligencia y con conocimiento de lo que suponemos válido y de buen gusto, olvidamos que el verdadero criterio, aquello que hace de una película algo más que un producto o un ejercicio, es la sinceridad.

La sinceridad o, quizás, como decía Robin Wood de Hawks, la implicación. No es esto juzgar las intenciones del cineasta. La implicación es algo que se ve en la película, que le da su vitalidad. Y la implicación es difícil. Para el autor, pero también para el espectador. Hay que intentar ser tan generoso con la película como ella lo es con nosotros. Entonces nada sobra.

La película nos da todo sin por ello dejar de ser un ejercicio íntimo, una canción de amor de Caouette a su madre, un reconocimiento del dolor pasado y presente, pero también un recuerdo de la felicidad pasada y porvenir. Al volver sobre los años que ya fueron narrados en Tarnation aparece un hilo nuevo, es la misma vida, pero no el mismo relato, son otros hechos, otra manera de contarlos. En este nuevo hilo narrativo, la enfermedad mental de Renee se vuelve mucho más central y también más clara. En ese sentido, la voluntad de Caouette de hacer sentir empatía por ella se realiza plenamente. Por otra parte, la película abre a otra generación, la del hijo de Caouette, una generación que parece libre de construir su propia historia.

Un ejercicio íntimo, una canción a su madre, que invita a ser compartida. Una película que uno podría también recomendar a su madre. No siempre sucede. Gracias.