COURTISANE 2016 (3)

El cine puede esperar (o la necesaria pobreza). Conversación con Lav Diaz

por Ian Menoyot

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Desde comienzos de los años 2000, se han mostrado y apreciado las películas mexicanas y filipinas en Europa: las personas que aparecen en ellas recuerdan a menudo la influencia cultural o la colonización. ¿Cree que hay una relación entre ambas cinematografías?

Por supuesto, forma parte de las historias. El propio tema de estar colonizado, el propio hecho, es que piensan en nosotros como el nuevo mundo y ellos como el viejo mundo. Es parte de la llamada mirada dominante, parte del interés es venir y colonizarnos: lo imponen todo, cambian nuestro punto de vista. Se ha pasado del animismo al catolicismo, al igual que sucedió con los mayas y los incas en México. Estas historias paralelas nos relaciona, todo está conectado, es continuo.

Suele hablar de la colonización de Hollywood.

Sigue siendo el cine más poderoso. Está por encima de mundo. Es la colonia hollywoodiense. En Filipinas ya no existen los cines de barrio. Sólo hay multicines y el 99% de las películas que proyectan son de Hollywood. Todas esas películas son blockbusters. También es una imposición de los medios de comunicación regionales, forman parte de ese gran sindicato que distribuye estas películas por todo el mundo. Y sí, somos los parias, incluso en nuestros propios países –mis películas ya no se ven allí.

¿No cree que la llamada cultura del «cine de autor» se ha convertido en un modelo en sí mismo, con su propio tipo de mercado e ideología? Tras el artículo de Truffaut de 1955 sobre la «Politique des Auteurs», parece que hoy los «autores» han olvidado la palabra «política», como apuntaba Godard.

Pero depende de ellos en tanto que acto individual. Ser un autor también supone ser político, pues tienes que seguir tu propio punto de vista. No sólo se trata de hacer arte por gusto; quieres imponer tu punto de vista en tu trabajo. Encuentras otra forma. Ahora es una ideología y, por lo tanto, hay una línea política. Mi manera de hacer cine tiene que ver con una política que quiero imponer, aunque no sea de manera propagandística. Quiero crear verdaderos personajes y verdaderas narraciones. Pero sigue siendo muy político, creo que se puede ver. Godard se equivoca cuando dice que ser sólo un autor no es ser político.

Pero sabemos que ésta es una concepción europea del arte y sus películas se ven sobre todo en Europa.

Se ven en Filipinas, pero en cineclubs, en las universidades, en los centros de arte. Pero eso forma parte de la lucha. Tienes que aceptarlo. Tienes que admitirlo. Todos los grandes festivales del mundo te invitan: es un punto de encuentro, un pequeño espacio en el que propagar las cosas. Los europeos invitan a mi película, vengo. Hablo sobre ella, forma parte de la lucha. Tengo fe en el cine: un día algunos filipinos podrán verla. No voy a parar de hacer películas porque sólo puedan verlas algunos filipinos; luchamos contra el gran muro de la ignorancia y el mercado. Ahora mismo no podemos penetrar en él, pero sabemos que algún día lo conseguiremos. Si trabajas bien, el cine es atemporal, permanecerá para siempre. Si no eres capaz de entenderlo de este modo, o bien entras en el mercado o bien abandonas tu arte, tu medio, tu herramienta. Querer gustar a la gente es un compromiso. Es veneno. Es destruir tu propio medio. No lo hagas, no quieras agradar a la gente, no quieras agradar a los europeos. No hago eso, no quiero hacer eso.

¿Cree que los europeos lo esperan de usted?

A veces es un fetiche para ellos. Es un refresco. Pero yo no quiero comprometer mi trabajo. Si creen que es parte de su fetiche, ése es su problema. Yo pretendo que mis películas sean puras. Si creen que son exóticas, que dejen que sean exóticas, no las hago para que concuerden con sus fetiches sobre el cine oriental o para que resulten misteriosas o para que satisfagan la curiosidad. Tienes razón en eso: algunos programadores, muchos de ellos, satisfacen su fetiche con las películas. Para ellos, algo nuevo es algo exótico. Sienten esa necesidad, esa demanda. Pero por supuesto que no quiero participar de eso. Veo que los jóvenes filipinos aceptando ese tipo de propuestas, y puedo entenderlo, no son suficientemente maduros, quieren viajar, por lo que crean una oferta para esa demanda. Todo esto tiene que ver con la ignorancia.

¿Alguna vez rechazó algo?

Sí, muchas veces.

¿Proyecciones, financiación?

Sí, lo estoy haciendo ahora. Saben que terminé de rodar hace cinco meses y muchos festivales se pelean y dicen: «¡Danos tu película!». Pero no la han visto, todavía estoy montándola. No puedo enseñar nada hasta que acabe. No quiero formar parte de la fiesta de los festivales. Es muy peligrosa la seducción de los festivales. Resulta muy tentador formar parte del juego, parte de su modus operandi. Porque es lo que les interesa, crear un círculo de poder. Últimamente, el poder es otra forma de colonización… de tipo imperialista.

¿Cómo pelea contra ese sistema?

La mejor venganza es trabajar lo mejor posible y no prestarles atención. No pueden hacer nada contra eso. Vendrán, de todos modos. Lo mejor que puedes hacer es trabajar bien, no apresurarte porque alguien te dé un plazo… Te tienes que conceder esa libertad, el tiempo para hacerlo bien. Si tu película dura once horas, enséñalas. A veces vienen a Filipinas, les mando una copia y les digo: «Es bonita, pero dura nueve horas. ¿Podrías hacer una versión más corta para nosotros?». Digo que no.  Para mí el control creativo es muy importante. Lo más importante es hacer cine para el propio cine. Realmente, tienes que tener una voluntad muy fuerte para luchar contra ello.

Lo veo sobre todo en términos de producción, en la industria actual y la organización del trabajo –no importa si financias tus películas con fondos privados o públicos–, la pobreza a nivel técnico es en cierto modo una ventaja.

Lo simplifica todo. Las cosas deberían ser más funcionales. Trabajas de una manera marxista: utilizas lo que tienes. Eres funcional. No voy a ayudarte a pensar: «Necesito hacer la película en 35mm y para ello busco 5 millones, ¡tardarás dos años en reunirlos!». Dios mío, es demasiado. Todo eso tiene que ver con la estética, con ser consecuente con tu punto de vista y no preocuparte por este tipo de asuntos técnicos. Permítete trabajar de manera fluida. Si tienes una cámara pequeña, empieza con ella. Usa ese espacio y ese tiempo. El propio hecho de filmar cosas superficiales lo abarca todo, acabas perdiendo de vista la película. Cuando empecé, rodaba solo, algunas veces algunos amigos me ayudaban con el sonido. Luego muestras la película y vienen algunas personas a ayudarte; las cosas funcionan de manera consecuente, por lo que sólo tienes que hacerlas bien, sacrificarte mucho, pero los medios vendrán. Ahora tengo un presupuesto, puedo pagar a los actores. Antes, era una cuestión de entendimiento, tenían que adaptarse a tu punto de vista, porque sabían que no tenías dinero. Creían en tu forma de ver las cosas, sabían que estábamos haciendo algo que tenía un interés cultural. Sabían que esto iba más allá del ego, que no somos estrellas del rock. No lo estamos haciendo para nosotros. Sabemos que un día las cosas empezarán a funcionar y que nos ayudarán. Lleva mucho tiempo, pero ahora puedo pagar a la gente, incluso el gobierno ayuda. Muchos de mis colaboradores hacen sus propias películas. Gente que creía en tu lucha es parte ahora de esa misma lucha.

Los filipinos votarán pronto a un nuevo presidente. Uno de los candidatos, Rodrigo Duarte, parece venir de una parte muy oscura de la historia de tu país. ¿Cómo puede suceder esto?

Se debe a la avalancha de información. Ahora hay una cultura diferente. Te informas a través del ordenador, puedes acceder a pequeños textos con un solo clic, y todo parece que forma parte de los recuerdos rápidamente. Las cosas van más deprisa, es su cultura y la están perdiendo. Ni siquiera entienden la historia, no tienen ningún punto de vista histórico, no saben cómo hacer frente al pasado, por lo que no saben cómo hacer frente a sus propias luchas. Están muy perdidos. Llamamos a esto el gran muro de la ignorancia. Tendrán que enfrentarse a él algún día, en algún momento, porque no saben que están tan perdidos. Cuando ves el trabajo, notas una gran ignorancia. Lo único que puedo hacer por mi parte es cine. Por otro lado, creo que mi generación lo hizo muy mal, mi única contribución es el cine. Es mi herramienta, sólo puedo crear un paradigma con otras personas que hacen películas. Creo en las cosas que son atemporales. Si quieres ayudar a la humanidad, debes crear un gran cine. Siempre funcionará como un paradigma, como un modelo con el que nosotros mismos podemos mejorar, con el que la humanidad puede avanzar. Los grandes ejemplos de esto son Tarkovski, Antonioni, Rossellini. Son como los puntos cardinales de la estética, porque trabajaron duro en ello. Necesitamos espacio y tiempo, examinar realmente las cosas, no correr. La cultura debe funcionar despacio, de forma segura. El cine puede esperar.

Declaraciones recogidas en noviembre de 2015
en el Motel One, Rue Royale, 120, Bruselas,
a propósito de una retrospectiva de sus películas
organizadas por Courtisane, CINEMATEK, Bozar y el Flemish Service for Film Culture.

Traducción del inglés de Francisco Algarín Navarro.