CANNES 2013 (10): NORTE, HANGGANAN NG KASAYSAYAN DE LAV DIAZ

Norte

Por Daniel Kasman

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Con esta edición del festival de Cannes, libre de riesgos –no hay un Boonmee o un Tree of Life en la competición, la asombrosa incursión en el 3D de Godard encerrado en un mediocre ómnibus cerrando la Semana de la Crítica–, una de las pocas posibilidades de salirse de la norma estaba en la arriesgada decisión de Un Certain Regard de programar al maestro filipino Lav Diaz. El director estrenó su bellísimo drama épico de cuatro horas, Norte, Hangganan ng Kasaysayan al final del festival, pidiendo dedicación, compromiso y paciencia en medio de un ambiente marcado inevitablemente por las agendas apretadas y las coberturas actualizadas al minuto. Aquellos que entraron en el mundo de Diaz navegaron por otro lugar lejos de la Riviera durante unas horas, y fueron recompensados con el que posiblemente fue el mejor filme presentado aquí.

Comienza como Crimen y castigo, con un prestamista (y su hija) asesinado por un joven estudiante que cree que es un rebelde filosófico, un individuo único «a la contra» de la sociedad dominante. Pero la estructura narrativa triangular que sigue no tiene que ver con el enfrentamiento entre el criminal y el investigador, sino con el criminal contra otras dos víctimas. Las tres historias de causa y efecto –una especie de causa y efecto espiritual, interior, con acciones que influencian la propia consideración y los diferentes compromisos de la vida diaria– se alternan adelante y atrás según pasa el tiempo. Un movimiento es el de la juventud insatisfecha y desestabilizada, que el filme introduce en una larga discusión rodada en una sola toma de unos estudiantes de derecho que van desde aquellos que buscan establecer sus carreras y reforzar su estatus quo, a Fabian, el joven radical cuyo nihilismo, su deseo de eliminar todas las relaciones, toda «historia», le llevan a matar. Los otros movimientos son el de Joaquin, un hombre inocente acusado injustamente de los asesinatos, y Eliza, la mujer que abandona. La empobrecida ama de casa, en deuda con el prestamista por un negocio que su marido y ella no pudieron llevar a cabo por culpa de una pierna rota –la coincidencia que le llevó a ser acusado del crimen– hacen que permanezca atrapada teniendo que cuidar de sus hijos y su hermana, precipitándose en la pobreza, obligada inevitablemente a llevar esa existencia mientras su marido cumple una sentencia de por vida en prisión.

La paciencia de la pareja separada es la sublime paciencia del filme mismo; paciencia que es por encima de todo la gran virtud del film, paciencia para dejar que las escenas se desarrollen a su manera, con conversaciones que empiezan y se detienen a su propio ritmo, por gente que se mueve y siente en tiempo real. Largas tomas y unos lentos y sutiles movimientos de cámara (una parsimoniosa dolly de desplazamiento lateral) otorgan al film el aspecto del glacial estilo art-house, si bien el contenido de cada plano (y la secuencia que los contiene) en términos de drama, la revelación de los detalles cotidianos, y el despliegue de los sucesos acontece de forma natural, relajada, orgánica. Es, sobre todo, una historia cotidiana de observación y adhesión, en la que el cineasta tiene un sentido compasivo hacia sus personajes (incluido el estudiante amoral) y hacia su situación en el mundo. Es profundamente complicado como Norte… rechaza el camino hacia la violencia y, más tarde, sus gestos para absorber lo mítico en una historia simple.

Las brutales acciones de Fabian también se revelan en los pacientes planos secuencia de Diaz, dejando que el pensamiento, la acción y la reacción e incluso el tiempo y el espacio antes, durante y después cobren vida y se revelen naturalmente. El estilo es anti-bravura, y nos da espacio para respirar, espacio para rellenar con el comportamiento orgánico y con nuestras observaciones. Virtud baziniana del espacio, estética del plano largo, pero aquí sin las pretensiones, la precocidad y la presunción que esta estética suele mostrar en el cine contemporáneo. Mientras el estudiante se mueve por el mundo, lleno de angustia y resentimiento, pero insatisfecho con sus actos sanguinarios, la pareja separada geográfica e injustamente por la ley atraviesa un pequeño proceso de peregrinaje por la paciencia y la abstinencia, con la madre y la hija afligidas, trabajando y cuidado de su familia en silencio, con perseverancia, y el marido de una clarividente bondad capaz de cambiar a los prisioneros que conviven con él.

En el gesto más resplandeciente del film, un espíritu –quizás el del marido, Joaquin, quizás solo un sueño, puede que un ojo vigilante que va un paso por delante del drama– sobrevuela repetidamente la película, rompiendo con la bellas y terrenales imágenes coloreadas de Norte…, en favor de una visión imposible al estilo de Leviathan: una mirada voladora/flotante de baja resolución y tonos oscuros capaz de moverse a cualquier lugar y mirarlo todo. Estas miradas mágicas e imprevistas ejemplifican el alcance de la gran compasión de Diaz, un largo libro cerrado de un vistazo, pero con un contexto muy contemporáneo en su interior. Un retrato implacable de las reacciones de la juventud ante los problemas económicos e ideológicos de Filipinas, este tapiz de tres personajes contado a través del paso de los años y los saltos geográficos permanece íntimo en su deferencia hacia los personajes individuales, atravesando estos largos espacios, se despliega con incidencia y capacidad de observación por el tiempo expansivo. Un trabajo de enorme generosidad, cuyo final desesperado le hace coincidir con los salauds desesperados de Claire Denis y, su sufrida mujer trabajadora protagonista, dura y paciente, se relaciona con The Immigrant de James Gray. La escala humana del film de Diaz, la narración de una historia clásica dentro de un muy concreto contexto actual, su remarcable capacidad de ser magna y menuda al mismo tiempo, hace que sea una obra tan poderosa que sus bucles sugestivos parecen capaces de conectar todos los filmes de Cannes.

***

Daniel Kasman: Mientras estaba viendo la película, estaba pensando que en cierto sentido es una historia muy antigua. Es una historia que puedes encontrar en Dostoievski, y en muchas culturas. ¿Qué te hizo querer contar esta historia ahora, situarla en la actualidad?

Lav Diaz: Sí. Estoy pensando, desde luego, en lo que sucede en ese territorio, ves un montón de… hay muchas, yo las llamaría así, obsesiones sobre cómo nacieron de nuevo los asuntos cristianos, asuntos fundamentalistas. Es muy peligroso. Es muy extremo. La gente lo está usando para responder a todas las amenazas que no conocen. Y luego, por supuesto, está el Norte, el Norte. Es el lugar en el que empezó el fascismo en el país. Es el lugar de Ferdinand Marcos. Por eso la llame Norte… Es donde empezó históricamente el fascismo. Vas al Norte del país ahora mismo y ves este tipo de desarrollo tan superficial; mucha gente trabaja fuera del país, mandan dinero. Y los Marcos están todavía en el poder. Su hija es la gobernadora. La madre es congresista y el hermano es senador allí en el Norte. Es su reino. Se siente una especie de presentimiento cuando vas allí. Sabemos que hemos sufrido por culpa de este lugar.

Daniel Kasman: ¿Un sufrimiento que aún está muy vivo?

Lav Diaz: Todavía está vivo, sí, y mucha gente sigue creyendo en la gente que lo causó. Hace muy pocas semanas se celebraron las elecciones y los Marcos ganaron de nuevo, siguen allí.

Daniel Kasman: ¿Se limita a la población del norte, o hay más elementos simpatizantes en Filipinas?

Lav Diaz: Algunos simpatizantes todavía creen en Marcos, en la ideología Marcos de un dictador que vuelve de nuevo. «Queremos que el hijo o la hija vuelvan». Así que sí, la película es simplemente un discurso sobre eso, los peligros de los poderes de ser perpetrados por esta familia dinástica. Es peligroso.

Daniel Kasman: En el itinerario de Fabian, su arco como personaje se siente como el arco de un intelectual, no de un ciudadano medio.

Lav Diaz: Sí.

Daniel Kasman: ¿Es algo que ves en la juventud filipina, el hecho de que se estén desesperando y tengan esas ideas? ¿Esta ideología les apela de alguna forma?

Lav Diaz: Sí. Puedes ver definitivamente ese tipo de discurso en el país. En el Sur está sucediendo; la rebelión islámica allí es peligrosa. Pero es diferente, es algo fundamentalista, islámico. Mientras que en el Norte es más dinástico, más antiguo, pero al mismo tiempo es muy contemporáneo. Y va a suceder de nuevo. Será mejor que tengamos cuidado.

Daniel Kasman: ¿Asociarías entonces la ideología del Norte con el catolicismo? La religión parece ser la respuesta para algunos de los personajes secundarios o en tercer plano de la película.

Lav Diaz: Por supuesto: es una perspectiva conservadora. El uso de Dios, la imposición de la moralidad…

Daniel Kasman: Aún así, no parece haber demasiadas críticas al catolicismo en la película. El grupo cristiano al que se acerca Fabian tras el asesinado, y luego el uso de él que hace la hermana católica de Fabian es más bien un apoyo moral, aunque la hermana muestre algunas señales que indiquen que lo usa para cubrir un trauma o una preocupación psicológica.

Lav Diaz: Sus versiones son una especie de perversión, sí. Lo practican a su manera. Es algo muy manipulador, pues pretenden ser buenos, pero una vez estás en ello es difícil salir. Es una especie de posesión. Es ese tipo de situación. Mucha gente cambia por culpa de este proceso, los fundamentalistas que nacen de nuevo como cristianos. Veo que algunos amigos se desilusionan y comienzan de nuevo por ese lado. Son personas muy, muy inteligentes. Es algo que me extraña. ¿Cómo pueden creer? Ni siquiera puedes ver a este Dios. Simplemente están desilusionados.

Daniel Kasman: Podría ser también algo existencial: si no tienes una estructura y eres infeliz, ves una estructura que parece producir felicidad…

Diaz: Por supuesto.

Daniel Kasman: Pero es lo que me gusta del personaje de Fabian. Primero prueba con la estructura de la iglesia, pero se da cuenta de que no funciona con él.

Diaz: Sabe lo que está ocurriendo, es inteligente, pero al mismo tiempo su visión está muy pervertida. Basta con erradicar esas cosas. Incluso la familia es un sistema y es eficiente. Si no funciona, destrúyelo. Incluso el perro. Quiere al perro, pero se tiene que desprender de todo lo emocional. Por culpa de esta ideología fascista.

Daniel Kasman: ¿Es específicamente fascista? Me pareció nihilista: deshacerse de todo.

Diaz: Sí, quiere destruir cualquier vínculo, cualquier vieja institución. Quiere algo nuevo: una sociedad cero, para empezar algo nuevo.

Daniel Kasman: ¿De dónde crees entonces que viene la fuerza de su personaje espejo, la mujer de Joaquín, el hombre encarcelado por el crimen de Fabian?

Diaz: Bueno, también quería mirar hacia la gente normal victimizada por las ideologías, las ideologías retorcidas. La llamada desilusión de la sociedad, en la que las buenas personas son victimizadas. No pueden escapar de ello porque son los únicos promoviéndolo.

Daniel Kasman: Ella en realidad no pertenece a ninguna ideología. Sólo tiene a su familia, mantiene su moral y su dignidad sin unirse a un grupo o actuar, simplemente cuidando de la gente a su alrededor.

Diaz: Una especie de empoderamiento, ya sabes. Sigue trabajando, sigue moviéndote, dentro del hábito en que te estás moviendo. Desde el principio, el marido y la mujer piden dinero al prestamista. Quizá es un error que él no le propusiera trabajar en el extranjero. Pero al mismo tiempo, trabajar en casa es una posición en la vida, y la hace más fuerte. Él se hace tan débil en algunas cosas, el marido, cuando es llevado al centro de detención nacional, casi mata a la familia, ¿no? Sí. Creo que es humano, en cierta forma.

Daniel Kasman: ¿Por qué no visita a su marido en prisión durante los cuatro años que cubre la película? Esa parece una decisión tremenda.

Diaz: Bueno, el norte está muy lejos.

Daniel Kasman: Ah, ya. ¿Puedes hablarme un poco más sobre la geografía de la película? Donde está su casa, donde está la cárcel, Manila…

Diaz: Está en la isla del norte. Tenemos tres islas: Visayas, Mindanao, y Luzon. Luzon es la mayor. La historia ocurre en Luzon, al norte, y Manila está más al sur. Muy lejos.

Daniel Kasman: Así que es una cuestión económica: ella es demasiado pobre para hacer el viaje, tiene que cuidar de los niños…

Diaz: Sí. Pero al mismo tiempo, no lo articulé, pero Eliza no quería verle. La hace más fuerte. Porque Joaquín lo sabe, la deprimiría. Verle la haría más débil. Así que ella tiene la fuerza de ambos, y por supuesto a sus hijos. Desprenderse es una cuestión muy humana.

Daniel Kasman: Es curioso porque en cierta forma esta filosofía parece conectada a Fabian: la pareja, separada por la cárcel, se hace más fuerte estando separada. Pero Fabian, que está conectado a tanta gente, quiere deshacerse de ellos, separarse de ellos, para hacerse más fuerte. Pero es un tipo de separación diferente, destructiva en lugar de constructiva.

Diaz: Están todos desplazados. Es un discurso sobre el desplazamiento. Fabian, Joaquin, su mujer. Estás hablando sobre una sociedad desplazada, Filipinas. El fascismo de esta zona, los sistemas que no pueden hacer nada por las masas.

Daniel Kasman: ¿El nivel de violencia que vemos en la película es algo que ves en la propia sociedad contemporánea o es una expresión exagerada de la misma?

Diaz: Ocurre cada día. Violaciones, secuestros, muchos asesinatos. La criminalidad es casi una parte de nuestras vidas.

Daniel Kasman: Tengo que admitir que la vida en prisión, tal y como la retratas, no parece tan mala. Quiero decir, aparte de un par de golpes, parece bastante tranquila. Sin embargo, puede que esto sea la influencia en la bondad y la generosidad de Joaquín hacia el lugar y la gente.

Diaz: Esa es la ironía. En Luzon busqué cárceles y hablé con prisioneros. Resultan ser de las personas más equilibradas, al cabo de un tiempo. Saben que sólo se pueden mover en ese espacio, comer esa comida. Llevan encima algo de violencia pero con una especie de zen. «Este es nuestro espacio, este es nuestro tiempo, así que tenemos que hacerlo.»

Daniel Kasman: Eso se nota en el primer prisionero que muestras hablando con Joaquin. En su última escena dice adiós despreocupadamente, siendo puesto en libertad para que pueda ir a matar a un político, y parece tan a gusto con el mundo. Ni siquiera lo vi como un prisionero, estaba en paz.

Diaz: Eso es también cierto en el norte. Cuando busqué prisioneros en el norte, la gobernadora, que es hija de Marcos, dijo que la mayoría de los prisioneros allí son sicarios. Hombres contratados. Los alcaldes y los gobernadores pagan a estas personas para que sean puestos en libertad y puedan salir y matar.

Daniel Kasman: ¡Ah! Me preguntaba cómo podía hablar tan descaradamente de ser puesto en libertad sólo para matar…

Diaz: Les pagas. Incluso cuando acabamos el rodaje. Muchos extras son prisioneros reales —¡incluso el mono vive allí!—, uno de los prisioneros, en el último día de rodaje se había hecho tan cercano a nosotros que cuando estábamos a punto de irnos me dio un saco entero de mangos. Y me dijo «Señor Diaz, si tiene alguien a quien matar dígamelo y lo haré gratis». Dije «¿En serio?» y él dijo «Sí, ya maté a dos alcaldes.» «¿En serio» «Sí, no saldré de esta cárcel otra vez, pero si quiere pagarme puede hablar con el guardián y puedo salir y matar.»

Daniel Kasman: Háblame sobre esa máquina voladora… ¿era un drone que utilizaste para los sueños, la visión del ángel? Produce una sensación increíble, como si… sabes, como si tiras del mantel de una mesa hacia arriba por el centro… Esa es la sensación, como de ser arrastrado hacia arriba…

Diaz: Se llama heli-cam. Es un pequeño aparato. Compras unas pequeñas hélices y pones la cámara en medio. Es hermoso. La gente lo usa en los deportes, lo vimos y dijimos «¡Sí!», así que contratamos una.

Daniel Kasman: La textura de la imagen es muy diferente a la del resto de la película.

Diaz: Es muy caro, nos pidieron algo como 4000 dólares por día, lo cual es muy caro para una película de esta talla. Así que sólo lo tuvimos tres días, lo cual fue mucho, pero pensé que lo necesitábamos.

Daniel Kasman: El efecto parece imposible, parece mágico, no una forma humana de ver las cosas. Fue bonito. Pero no fue la única visión sorprendente de la película. Quiero hablar sobre el final. El accidente de autobús. Uno no siente realmente la mano de la película a lo largo de la película, todo es tan casual, hay tanto aire y tiempo, todo parece llegar de forma natural. No parece haber un destino o la inclusión de una ocurrencia aleatoria. Y de repente esto. Para mí fue algo afín a lo mitológico. No era un acontecimiento humano orgánico, era algo guiado o causado por algo externo; asistimos a este quizá demasiado encantador momento entre marido y mujer, y termina con el fuego. ¿Cómo te vino esta idea?

Diaz: La muerte de la mujer es mi articulación del desierto infernal. Ni siquiera una buena persona puede escapar a las absurdidades de la vida. También quería que su marido muriera, así que me dije «Vamos a hacerlo de ensueño», así que tienes dos interpretaciones posibles sobre la muerte del marido. Quizá no murió, quizá es sólo un sueño. Pero para su mujer, esto es lo que yo manipulo, me dije «Quiero ver el infierno». Ves que un bebé sobrevive al accidente. Esa historia es real, un bebé sobreviviendo a un accidente terrible.

Daniel Kasman: Para mí, el momento más emocionante, y mi plano favorito de la película, viene justo después de esto. Es el penúltimo plano, el momento final de Fabian, cabeza gacha, en un barco de pesca en el río en frente de las montañas. Se vuelve a lo que puede ser tan hermoso del cine digital. Esta increíble profundidad pero a la vez increíble lisura, todo es plano pero con tantas capas, banda tras banda de planos del espacio, la tierra, el agua, las montañas, las nubes, el cielo. Es como un 3D comprimido.

Diaz: ¡Gracias, lo viste!

Daniel Kasman: Pero era tan quieto, no esperaba que el final de la historia de Fabian fuera el de la quietud, la melancolía, la no acción.

Diaz: Es un hombre triste. Creo que todos los fascistas son hombres tristes. Quieren infligir dolor a la gente a su manera, una manera muy abusiva. Pero son gente triste.

 

Traducido del inglés por Miguel Blanco, Francisco Algarín Navarro y Miguel Armas

 

NORTE, HANGGANAN NG KASAYSAYAN
Un certain regard
FILIPINAS. 2013. 240’
Director: Lav Diaz
Guión: Lav Diaz, Rody Vera
Fotografía: Lauro Rene Manda
Montaje: Lav Diaz
Sonido: Corinne de San Jose
Intérpretes: Sid Lucero, Archie Alemania, Angeli Bayani, Angelina Kanapi, Mae Paner, Soliman Cruz, Hazel Orencio