CANNES 2013 (9): THE IMMIGRANT DE JAMES GRAY

The Immigrant

Por Adam Cook y Daniel Kasman

(Read the original version in MUBI)


Adam Cook: Con The Immigrant, James Gray da un giro considerable respecto a sus trabajos anteriores. Su filmografía siempre ha estado dominada por personajes masculinos, relaciones familiares complejas, y el melodrama operístico. Aquí tenemos una protagonista femenina sola en América (Marion Cotillard), separada de su familia, con un acercamiento totalmente diferente a la trayectoria dramática de la película. El resultado da una pausa: Gray se está dirigiendo hacia algo nuevo. Más que cualquier otra cosa, es excitante intentar articular qué es esa novedad.

Daniel Kasman: El mundo da la misma sensación –silencioso, íntimo, pulido por el tiempo y las historias de emociones– pero tienes razón, el enfoque es sutilmente muy diferente, y lo cambia prácticamente todo. Por un lado, Joaquin Phoenix, que fue tan básico para las tres películas anteriores que la puesta en escena no podía separarse de su cuerpo y de su intensidad, es ahora un personaje de apoyo al de la inmigrante polaca, interpretado por Cotillard. Ésta realiza una actuación tremenda con un total compromiso, tan similar para con el mundo de Gray que ella es ahora inseparable de los escenarios, del tiempo, del tono. La forma en que Gray dirigiría las actuaciones previas de Phoenix, de una lúgubre, casi murmurante intensidad de angustia y emotividad, es completamente diferente aquí. Phoenix representa a una ambigua figura que ayuda a Cotillard a conquistar la burocracia inmigrante norteamericana de Ellis Island y luego la lleva a la prostitución en el Lower East Side de Nueva York, motivada por el deseo de pagar los gastos médicos y de viaje de su hermana, que está atrapada en cuarentena en la isla. La actuación de Phoenix no tiene nada de la centralidad o el arrojo tranquilo de sus anteriores –excepto en una serie de momentos clave– y en su lugar es casi monótono, un chulo lumpen de casa de vecinos, empujando a sus mujeres de un espectáculo de vodevil de barrio a la clientela de pago entre el público, orientado entre un ser misterioso (Cotillard le dice casi inmediatamente, con ojos rabiosos, que no confía en él) y un holgazán apenas carismático. Dice estar enamorado de Cotillard, pero esa es una historia que ella y nosotros sabemos que todos los chulos cuentan a su nueva chica. Jeremy Renner es emparejado con/contra Phoenix a la manera típica del director, que hace un llamamiento al cine urbano del Hollywood de los años 30 que siempre tiene dos hombres, habitualmente hermanos en espíritus si no en sangre (aquí, primos), a ambos lados de una brecha. Renner es un encantador «chico guapo» mago de vodevil que ofrece a Cotillard miradas de deseo y palabras de sermón esperanzador al estilo americano. Sin embargo su personaje, como el de Phoenix, no tiene nada de la brillante intensidad de la mujer, y finalmente sus sentimientos por ella, su procaz rivalidad con su primo, su alegre ligereza e inconsecuencia comparada con el oscuro, holgado peso de Phoenix, es algo no visto o entendido completamente en la película.

Adam Cook: Las dinámicas entre los personajes tienen una extraña ambigüedad que, como sugieres, no quedan necesariamente resueltas al final de la película. Al contrario que en las películas anteriores de Gray, en las que se afirman las características de cada relación, a menudo en el primer par de escenas, The Immigrant oculta sus intenciones de la vista. En lugar de las emociones envolventes y una cierta sencillez en la presentación del universo de la película, no tenemos certeza de quién siente qué y qué se está desarrollando. Como en la ópera, a Gray le gusta abrigar las superficies de las películas con sentimiento, dejándolo todo a la intemperie, dirigiendo la película al espectador; pero The Immigrant nos ha dejado con gran parte del trabajo. Hace poco vimos Les Salauds de Claire Denis aquí en el festival, y de una forma distinta la nueva película de Gray es tan elíptica como ella. La narración se desarrolla en secuencia, pero con los espacios, entre las partes de la historia que vemos, borrada. Mantiene sus cartas contra el pecho, y la experiencia de ver la película no tiene nada que ver con lo que Gray ha hecho hasta ahora. Uno tiene siempre la sensación de una progresiva devastación en sus películas, pero aquí, la expresión común de esto –picos y valles de conflicto descendiendo hacia una conclusión fatal– es sustituida por una absorbente serenidad puntuada por bruscas subidas. Creo que esto se debe, en parte, al diseño más subjetivo de la película.

Daniel Kasman: Subjetivo es la palabra correcta –como en la escena de la persecución en We Own the Night, este mundo parece ser visto (o mejor dicho, enunciado) principalmente desde el punto de vista de un solo personaje. El alcance de este primer periodo es muy, muy pequeño. Su escaso puñado de localizaciones parece una limitación de pobres, etnias y extranjeros en la gran ciudad: conoces tu bloque, y algunos de alrededor. Todo lo demás es otro mundo. (Cuando las prostitutas son obligadas a ir «al centro», que significa trabajar bajo los puentes de Central Park, el mundo parece extraño e irreal comparado a la precaria densidad, la desgastada claustrofobia de Lower East Side. Esta es, por cierto, la primera película «Manhattan» de Gray después de haber limitado sus localizaciones a los municipios de Queens y Brooklyn). Sin embargo, esta interpretación no termina de explicar los inusuales huecos de la película. Por ejemplo, Cotillard parece vivir en la casa de Phoenix durante un tiempo considerable, pero nunca les vemos interactuar en el hogar, no vemos ningún indicio lo que es su relación normal día a día; todo esto está elidido, o quizás guardado en las sombras. Esta es una historia –y un periodo de la «historia»– sin un escenario central, sin un foco principal. Es un drama silenciado visto desde un rincón oscuro. El melodrama se encuentra en la indignación moral de Cotillard, su culpa católica y el sacrificio de sí misma por su hermana. El cine de Gray es un cine del «gesto», en el sentido de que lo que las personas hace en el mundo les define como personas. Renner y Phoenix son un completo misterio a lo largo de todo el drama… hasta que hacen algo, y de repente la película es como un rayo eléctrico.

Adam Cook: Ocupamos las mismas localizaciones que Cotillard. La experiencia de la inmigrante no es transmitida de una manera obvia, sino a través del descubrimiento de, y estando resignada a, los espacios no familiares: el apartamento de Phoenix, el teatro de vodevil, Ellis Island –todos lugares de detención. Incluso dentro de estos parámetros, sólo somos privilegiados de una representación parcial del espacio. En una escena, Cotillard, Phoenix, y las otras chicas están en una mesa en un bar. Gray nunca nos da una visión completa de esta mesa ni de los que en ella están sentados, sólo destellos que se refieren al drama interno de Cotillard y la interacción externa. Muy sutilmente, sentimos su aislamiento, su extrañeza. En este cine de gestos, The Immigrant se mueve de lo grandioso a lo minúsculo, lo incidental. Las escasas grandes acciones de la película llegan hacia el final, y hasta que llegamos a ellas estamos, en cierto modo, suspendidos –entonces, de repente, las líneas son dibujadas, y el efecto es poderoso. Hay aquí menos claridad de detalles que en otras películas de Gray, pero al mismo tiempo estamos más cerca que nunca a su protagonista –su conflicto es el mismo que el del espectador. En lo que respecta a la naturaleza elíptica de la película, se trata de la inclusión y la exclusión: la omitida vida doméstica, la prostitución de Cotillard, y los detalles del día a día. Lo que queda está entre el drama y lo mundano, un viaje en evolución constante hacia un clímax que parece cambiar todo lo que vino detrás de él.

Daniel Kasman: «Entre el drama y lo mundano» –me gusta mucho eso y creo que es verdad. Y potencialmente frustrante, ya que «da» incluso menos que las otras películas de Gray. Dicho esto, cuando los clímax ocurren, tienes razón, algo hace click en la película y de repente las ambigüedades reciben un rayo de luz, vemos y entendemos más. El final es una versión impresionante de esto, rimando composiciones de momentos clave anteriores o separando a Cotillard y Phoenix mediante encuadres dentro de encuadres, o simplemente aislándolos de otro mundo en el plano. Aquí, al final, Gray usa esto para unirlos en una hermosa idea de juicio moral y gracia tendida hacia sus destinos. Esto puede sonar un poco demasiado poético, y lo que es un poco divertido para mí es que sobre el papel The Immigrant suena como una chapuza pre-Code: paloma caída nueva en la ciudad oscila entre dos hombres, uno oscuro, el otro luminoso. El extraño personaje de Renner me hizo pensar en una combinación de la agilidad sorprendente de James Cagney, un sentido de la danza, pero también, peligrosamente, la imagen de romántico sinvergüenza de Clark Gable, con encanto de sobra pero promesas tan finas como el papel. Sin embargo, no está tan definido como ninguno de estos dos, existiendo como muchas cosas de la película, en algún lugar en medio. Los años 30 son desde luego una piedra de toque, a pesar de que la película ocurra en 1921. Cotillard me recuerda tanto a Sylvia Sydney, sólo que profundamente más triste. El cine de Gray está muy basado en el cine de Hollywood de los años 30: diferencia étnica, vida en la ciudad, el conflicto entre familia y sociedad, un sueño americano de solución rápida vs. la moralidad de antaño. Estas historias se hacían por defecto en aquella época, a docenas. Hoy en día la película de Gray parece una anomalía, parece extraño que muestre un barrio de Brooklyn, que sus personajes provengan de países específicos, tengan acentos de Europa del Este, coman en casa, tengan grandes familias. (También inusual, la discreción de la película: fundidos en lugar de sexo, escasez de sangre derramada.) Dijiste antes de que empezáramos esta conversación que me encantó, que The Immigrant cuenta la historia antes de las historias de las otras películas de Gray. En ellas, las familias étnicas ya están fundadas, desde hace dos generaciones, y arraigadas en suburbios alejados de Nueva York. El paso de Cotillard de Ellis a Manhattan es el primer paso hacia la fundación de esas familias que veremos posteriormente en el Nueva York de Gray de los 80, 90 y 2000s. Aquí no hay familias todavía, sólo falsas y frustradas familias. Entiendes enseguida los anticuados y estrechos lazos de las familias de The Yards y We Own the Night cuando ves el supremo aislamiento y desamparo de la existencia de Cotillard. Parece suspendida en un limbo, esperando a que su vida empiece. Los acontecimientos finales que precipitan el principio de su nueva vida –el contexto del mundo y los actos dentro de él que le permiten comenzar realmente su nueva vida en América– pueden ser, en un sentido general, de lo que trata la película.

Adam Cook: The Immigrant es una investigación sobre la propia historia familiar de Gray, sus propias películas y las obsesiones presentes en ellas. De esta forma, es su trabajo más personal hasta la fecha, y sospecho que será visto como un momento crucial en su obra cuando miremos hacia atrás en el futuro. Todas sus películas interactúan de manera significativa pero The Immigrant amplía y complica los laberintos que las unen. Están sutilmente acumulando un retrato de la sociedad norteamericana, narrado a través de una mirada íntima hacia las comunidades menos representadas con un raro nivel de cuidado por los individuos, sus luchas y los sacrificios que las forman.

 

Traducción del inglés de Miguel Armas


THE IMMIGRANT
Sección Oficial
USA, FRANCIA. 2013. 119’
Director: James Gray
Guión: James Gray, Richard Menello
Fotografía: Darius Khondji
Montaje: John Axelrad
Sonido: Thomas Varga
Música: Chris Spelman
Decorados: Happy Massee
Intérpretes: Marion Cotillard, Joaquin Phoneix, Jeremy Renner