CANNES 2012 (13): TROIS DAMES POUR JEAN-CLAUDE GUIGUET, DE JÉRÔME REUBAUD, IO E TE, DE BERNARDO BERTOLUCCI

Festival de Canes

Por Fernando Ganzo

(lire en français)

«Sur la pelouse il se passe de choses extraordinaires entre des chiens en ce moment».
Marguerite Duras, Cannes, 1975


     


La belleza del gesto, dice Carax. Razón de ser del cineasta. Si se piensa en un gesto privilegiado en la historia del cine, éste ha sido la unión física de dos actores (aun cuando esta es negada, como en Gertrud). Un beso o un abrazo, siempre se filma en 3D. La unión de los labios de los actores supone un punto de fuga de tal fuerza en la composición que casi parece hundirse en el resto del encuadre, como si lo desbordara. Por eso las películas «de gestos» piden ser vistas con la nariz pegada a la pantalla. Queremos meternos en ellas. Pienso en todo ésto con motivo de una película que he podido ver estos días en Cannes, Trois dames pour Jean-Claude Guiguet, de Jérôme Reybaud. Tres discursos defendidos por tres mujeres (Marie-Claude Treilhou, Simone Tassimot y Fabienne Babe, cuya belleza permanece congelada en el tiempo). En realidad hablan de un solo filme, Faubourg St. Martin, que es una película de gestos, una película que tiene prácticamente todo lo que pudimos pedirle al cine: los besos más hermosos, los rostros más dolorosos, las ilusiones perdidas, los más bellos diálogos en la cama, el sexo por dinero, el sexo como escapatoria, el tiempo irrevocable, las relaciones enfermizas, los secretos en un hotel, la locura, el crimen. Y también la emoción de los personajes que cantan (siempre me gustaron las películas que tenían cabida para una canción, quizás por eso Raoul Walsh llegase a las cotas más altas, porque en sus películas siempre hay vida para una canción y una canción para dar vida, y parece que es la propia película la que se pone a cantar).

Y quizás sea porque el contacto físico es su gesto por excelencia que el cine ha sido la mejor de las artes a la hora de hacer sentir la necesidad del otro. Pienso ahora también en lo que Bozon escribió sobre Allan Dwan y Tennessee's Partner, aquello de que Dwan necesitaba a un actor como John Payne, ya que es evidente que alguien como él está necesitado de amigos.

La nueva película de Bertolucci, en su regreso a Italia, es también un poco todo ésto. Un chico de 14 años «da sus cuatrocientos golpes», pero como ya no estamos en 1959, el impulso se ve un poco de la forma contraria. En lugar de irse con su clase una semana de excursión a la nieve, cosa que hace una terrible ilusión a su madre, preocupada por la misantropía de la criatura, Lorenzo decide encerrarse secretamente en el sótano, donde sobrevivirá gracias a la comida que compró para la excursión: siete unidades de cada cosa. En su soledad, se une inopinadamente su hermanastra Olivia, por necesidades contrarias: si él quiere que no entre nada de fuera, ella necesita que no la permitan salir, para superar así su adicción a las drogas. Se trata de un desván en el que hay de todo, un puro decorado cinematográfico que los personajes se encargan de modificar a su voluntad, y en el que se probarán todas las ropas que hay en él. La fraternidad adolescente es también una historia de erotismo, de ahí la aceptación de la necesidad del otro. Avanzada la película, ambos personajes bailan juntos cantando la versión italiana de Space Odity, de David Bowie, con una letra terriblemente emocionante que nada tiene que ver con la original. Bailan abrazados, están juntos, algo pasa en el plano. De hecho, se trata de una película en la que prácticamente siempre pasa algo en cada plano. En cierto momento, al inicio, el chico está en la calle, apoyado contra una pared, escuchando The Cure en sus auriculares. Desenfocados, en el fondo del plano, dos perros pelean de forma imposible para desgracia de la dueña que les lleva de la correa. Él ni se percata de todo ello. En realidad la película puede ser vista como la evolución de un chico que pasó de escuchar a The Cure y Muse a escuchar a David Bowie, a escuchar la música de su hermana mayor.

El gesto, el abrazo, se culmina. Ella le dice: «ya eres grande, sal fuera» (en su inmensa sencillez, es posiblemente la mejor frase escuchada aquí, es tan hermosa que de hecho hace ruido, no es lo que Cannes quiere). Cuando se alejan, tras salir por fin al exterior en pleno amanecer, la cámara se eleva, según ellos siguen avanzando. De pronto se detienen, se abrazan, desobedecen a la cámara que prosigue su rutina. Son los personajes los que hacen la puesta en escena, modifican el decorado, cambian el vestuario. Por su parte, Bertolucci aprovecha para filmar a un armadillo dando vueltas en forma de ocho, a una hormiguera que termina por el suelo armando su propia revolución. Ella tenía razón: Bertolucci, Lorenzo y Olivia están vivos.



TROIS DAMES POUR JEAN-CLAUDE GUIGUET
FRANCIA. 2008. 42’
Dirección: Jérôme Reybaud.
Guión: Jérôme Reybaud.
Fotografía: Patrice Gillou.
Montaje: Jérôme Reybaud.
Música: Chabrier et Rameau.
Intérpretes: Marie-Claude Treilhou, Simone Tassimot,
Fabienne Babe, Alain Rochat.

IO E TE
Fuera de competencia
ITALIA. 2012. 103’
Dirección: Bernardo Bertolucci.
Guión: Bernardo Bertolucci, Umberto Contarello,
Francesca Marciano, Niccolò Ammaniti
(a partir de la novela de Niccolò Ammaniti).
Fotografía: Fabio Cianchetti.
Montaje: Jacopo Quadri.
Sonido: Remo Ugolinelli, Alessandro Palmerini.
Música: Franco Piersanti.
Intérpretes: Tea Falco, Jacopo Olmo Antinori, Sonia Bergamasco,
Veronica Lazar, Tommaso Ragno, Pippo Delbono.