CANNES 2012 (5): AMOUR, DE MICHAEL HANEKE, PARADIES: LIEBE, DE ULRICH SEIDL

Jugando al frontón

Por Fernando Ganzo

(lire en français / Read in English)



Un hombre, una mujer, mayores. Ella va a morir progresivamente a lo largo de la película. Historia de una muerte, decadencia física hasta la desaparición final y el proceso de soportarla. Base argumental de Amour, de Michael Haneke. Historia vivida o por vivir por casi todos los espectadores. El vértigo de la vejez se agranda en tanto que son dos actores que el público conoce bien desde su juventud (Emannuelle Riva y Jean-Louis Trintignant). Idea lógica en un director que cree conocernos a todos desde siempre, y mejor que nosotros mismos. De cierto (casi inédito en él) pudor, la película genera momentos de emoción (él cargando con el cuerpo de ella abrazado contra el suyo, como aprendiendo a bailar de nuevo). Desacostumbrado al pudor (jamás fue ese el motivo para dejar de filmar algo), el que se creía tan sabio deja ver sus flaquezas y sus miedos. Primer terror de Haneke: que pueda aparecer el menor sentimentalismo. Primer error: confundir el sentimentalismo con lo sentimental. Segundo terror de Haneke: verse obligado a renunciar a la frontalidad. Segundo error: ser frontal donde no sirve de nada.

Describiré los dos t-errores con una sola secuencia: la visita del pianista, antiguo aprendiz de la protagonista, una vez que ella ya está en silla de ruedas con parte de su cuerpo inutilizado. Ella le pide que le toque las Bagatelas para piano de Beethoven. Al principio de la película, vimos frontalmente un teatro llenándose de espectadores para escuchar un concierto de piano que jamás es mostrado. En esta ocasión sucede lo contrario. El pianista satisface el deseo de la anciana, generando lo que podemos definir como un brote de lo sentimental. Confundiéndolo con el sentimentalismo, Haneke lo erradica de su película: sólo veremos al pianista, frontalmente, interpretando, jamás llegaremos a ver la emoción provocada en su antigua maestra. En resumen: Haneke censura lo sentimental que su película podría hacer nacer. Y la película es frontal con lo que no debería serlo: la muerte. Heráclito decía que ni el sol ni la muerte pueden mirarse de frente. Al hacerlo, Haneke la banaliza. Los sentimientos, por su parte, sólo pueden ser vistos, igualmente, de través. Schubert lo comprendió perfectamente son sus últimas sonatas, con su distanciada aceptación, melancólica, de la tristeza y el dolor que implica el irremediable caminar hacia el final de la vida (de la suya propia, concluida entre terribles sufrimientos). Haneke acude a su música como quien busca auxilio y los personajes se salvan espiritualmente en ella casi tanto como se condenan a la banalidad en la mirada del cineasta.

Si hablo tanto de frontalidad, es en realidad a colación de una curiosa conversación que tuve el otro día con un crítico argentino al que desconocía y que se fue sin darme su nombre. Puede que sea interesante transcribirla ahora.

Estamos a la salida de Paradies: Liebe, de Ulrich Seidl. Mientras salimos lentamente, veo a un hombre (el argentino) rumiándose para sus adentros un sufrimiento incontenible. Le ayudo a liberarlo.

– ¿Pasó algo?

– ¿Viste –me dijo alteradísimo, su ira se inflamaba en vez de calmarse– cómo se reían, qué divertido?

– Qué quieres que le hagamos –dije yo.

– ¿Te parece normal, disfrutar así, mirando a esa mujer de forma tan frontal? –ahí es cuando yo me quedo con la canción de la frontalidad.

– No, yo también salgo abatido, pero supongo que uno no puede saltar por encima de la humanidad.

– ¡Pero es que la humanidad se hunde! O la saltamos o caemos nosotros con ella. ¿Viste las carcajadas, cuando se perfuma la «concha»?

Se refiere a un plano en concreto así que voy a describirlo: la protagonista es una mujer que cuida subnormales (de los que ya se hace mofa desde el principio de la película), de unos cincuenta años, rubia y culona. Se va de vacaciones a Kenya. Allí todas tienen jóvenes queridos. Se acuestan con esas mujeres a las que en su ciudad ya nadie desea y a cambio ellas aflojan el dinero. La protagonista sale incomodada del primer encuentro de ese tipo. El joven negro es vulgar y niega los preeliminares y ella se ofende ante tal falta de sentimiento. Un nuevo chico la seduce haciéndole creer que es amor de verdad (luego le terminará igualmente sacando el dinero aludiendo a falsos dramas familiares), y de hecho tardan varias citas en ir al catre. Llegado ese momento, la vemos (frontalísimamente) esperando, sentada en la cama de él, aún vestida. Decide perfumarse, temerosa de disgustar, por vieja y gorda, al chico. Se aplica perfume en el cuello, en una axila, en la otra, y finalmente abre las piernas y se perfuma rápidamente en sus partes. Allí viene donde la gente se ríe.

– ¿Viste las carcajadas –estaba diciéndome el argentino desconocido– cuando se perfuma la «concha»? Todos esos que se reían jamás han entendido nunca una película de Ford, o cualquier película en realidad, ¡ni podrían! ¡No han entendido nada! ¡Nada!

En ese momento querría jurar que él estaba ya llorando, pero pronto nos separamos. Lo imagino a él también en un bar que no parezca de Cannes, donde nada le haga pensar en Seidl, ni en Haneke, ni en Garrone ni en Mungiu, ni en Loach… Un once de gala, de gala en la Croisette.



AMOUR
Sección Oficial
FRANCIA, AUSTRIA, ALEMANIA. 2012. 125’
Director: Michael Haneke.
Guión: Michael Haneke.
Fotografía: Darius Khondji.
Montaje: Nadine Muse, Monika Willi.
Sonido: Guillaume Sciama.
Intérpretes: Isabelle Huppert, Jean-Louis Trintignant,
William Shimell, Emmanuelle Riva,
Rita Blanco, Laurent Capelluto.

PARADIES: LIEBE
Selección Oficial
AUSTRIA, ALEMANIA, FRANCIA. 2012. 120’
Director: Ulrich Seidl.
Guión: Ulrich Seidl, Veronika Franz.
Fotografía: Wolfgang Thaler, Edward Lachman.
Montaje: Christof Schertenleib.
Sonido: Erik Mischijew, Matz Müller.
Intérpretes: Maria Hofstätter, Margarete Tiesel,
Inge Maux, Peter Kazungu.