CANNES 2012 (4): ASHES, DE APICHATPONG WEERASETHAKUL, THE RING, DE ALFRED HITCHCOCK

No pensemos con el culo

Por Fernando Ganzo

(read in English)



Nueva pausa Apichatpong para ver Ashes, cortometraje también disponible en MUBI. La idea, como explicó en la presentación el propio Weerasethakul, era hacer algo con esa nueva cámara cedida por los creadores de la web. Resultado: película experimental en el mejor sentido de la palabra, es decir, filmar integrando totalmente la cámara (y todos los azares y agresiones que esta pueda provocar/recibir) en lugar de contra ella (intentar disimularla, que no agreda ni sea agredida, es decir, la base estándar del cine no experimental). Logra aliarse con el juguete, consiguiendo vencer el riesgo propio del formalismo experimental y que corre toda película que no quiera ser puramente mecánica, una película/máquina. A saber: una forma tan marcada que sea impenetrable. El mérito y la gracia del asunto está en conseguir que esta película, como Mekong Hotel, también sea acogedora. Posiblemente se deba a que las formas reconocibles son, naturalmente, una colección de cosas apreciadas por Apichatpong. Misma pintura, distinta brocha: un niño con un perro, un camino de tierra, jóvenes en el campo, fuego y otras tantas piezas de un álbum perfectamente reconocible que es en cierto modo como volver a meternos, durante 20 minutos, en inexplorados recovecos de la caverna Primitive. Apichatpong es mejor baladista que poeta, y siendo la poesía un alma casi inevitable para una película así (si algo no es, es prosa), se nota. Con un juguete nuevo normalmente hay que pelearse para aprender a manejarlo bien, y la pelea es divertida, hermosa, aunque no llega totalmente a ganarla. Es por eso que Apichatpong recurre al relato, sin el que no es nadie: la primera parte de la película es un sueño, un sueño dibujado, según dice la voz del cineasta, el cine como imagen mental.

Pensando en esta idea, vi la restauración de The Ring, de Alfred Hithcock, filme de gestos y de interpretaciones de estos gestos. Me explico. Jack, un boxeador de feria al que se puede retar por dinero va a casarse con una muchacha que trabaja allí. Un día un desafiante le vence en el ring y seduce a la chica. No obstante, se casan, pero ella ya está enamorada del «nuevo campeón». El protagonista se obstina en empezar desde cero en el boxeo competitivo hasta derrotar a su adversario y recuperar el corazón de su mujer. Volvamos a la feria, al momento posterior a esa primera derrota de Jack One Round. El desafiante vencedor compra con el dinero ganado un brazalete para la protagonista, su mano se desliza sobre la suya, hasta embutirle el brazo con él. Tal y como lo hace, parece estarla marcando, es ganado conquistado. Ella se obstina en cubrir su brazalete con la otra mano, lo cual le impide estrechársela a su nuevo «dueño» delante de su prometido. Este interpreta que ella le ama tanto que no quiere ni tocar al hombre que le venció. Del cuerpo de uno al cerebro del otro, algo falló en ese recorrido. No olvidemos la marca de la casa H: unir a una marcada fisicidad (momento culminante: el marido desgarrando violentamente el vestido de su mujer, bajo el cual puede notarse su cuerpo y su ropa interior), una asfixiante identificación psicológica. El protagonista termina descubriendo el brazalete, pero su ingenuidad es tal que intenta convertirlo en su propio regalo, enroscándolo hasta hacer un anillo, aunque está claro que ella prefiere el brazalete (de estar escribiendo estas crónicas para una facultad española, seguramente tendría que hablar ahora de que se trata de una representación simbólica sobre cuál de los dos personajes la tiene más grande).

Dilatar o reducir el gesto equivale a hacer lo propio con los espacios. En The Ring éstos funcionan como círculos concéntricos. Hitchcock establece su perímetro, donde todo es descomponible, todos los planos dentro de él están relacionados, todo ese campo está presente en cada plano. Pero siempre hay algo o alguien en otro campo, adyacente, y de ahí viene la emoción de la escena: la chica viendo desde fuera de la carpa el combate, el protagonista fuera del salón donde todo el mundo baila y donde su mujer se deja querer por su anterior vencedor. En definitiva, es la emoción del aspirante, del que aspira a entrar, a hacerse un hueco en ese primer espacio del cual no puede formar parte.

Hace años llamaba la atención en la NBA un jugador llamado Anthony Mason, no sólo por su físico, sino por su estilo de juego. Su posición estaba cerca de la canasta, y como todo el mundo supone, ahí se trata de conseguir un hueco para llegar al tablero entre tanto defensor. Su estilo inicial era tan calamitoso que un entrenador le dijo: «en este deporte se trata de pensar con la cabeza y empujar con el culo, y tú haces justo lo contrario». Así, mientras los dos amantes empujan con el culo, con el cuerpo, entrando en ese salón donde pueden dar rienda suelta a sus gestos amorosos, el protagonista empuja con la cabeza. Su demencial obsesión celosa, propia de un Buñuel, se manifiesta mediante imágenes mentales. Visión deformada, superposiciones de planos de los amantes besándose, del brazalete en cada mueble de la casa…

¿Es la imagen mental una forma de acercarse al cine empujando con la cabeza? Discutible. Hitchcock intenta evitarla en algunos momentos en que el protagonista mira fuera del encuadre para expresar la ausencia de su mujer, que ya no está en disposición de entrar en su mismo espacio. Es más: siempre se identifica la imagen mental con un estado perturbado o negativo, sean los celos o no; deja claro que algo no va (en el otro caso en que se utiliza es para mostrar la embriaguez de un cómico personaje con tendencia a darle al vaso más de lo debido, interpretado por un actor delirante con el que Hitchcock disfruta como un enano). No nos sorprendamos. Pensemos en Vertigo, o pensemos en Under Capricorn, obra fundamental en la que la imagen mental era puesta en escena por un personaje para atormentar a otro y hacer creer a una Ingrid Bergman que parece importada de Gashlight que deliraba. Lo que queda claro cuando al final de la película el protagonista consigue vencer al amante de su mujer en el ring, es que cuando ella renuncia al brazalete con el que éste último la había marcado, él sólo ve un brazalete: su amor era falso y la ausencia no provoca ningún tipo de imagen mental. Él está, sencillamente, bien. Conclusión en forma de pregunta: ¿es el amor algo bueno? Al ver el corto de Apichatpong, surgió en mi cabeza la vieja pregunta de si un cineasta no está filmando siempre el mundo como sueña que debería ser. El universo de la película de Hitchcock es demasiado indeseable como para ser soñado y tras las muchas risas que provoca, termine emergiendo la amargura.



ASHES
Proyección especial
TAILANDIA. 2012. 20’
Director: Apichatpong Weerasethakul.
Guión: Apichatpong Weerasethakul.
Fotografía: Apichatpong Weerasethakul.
Montaje: Apichatpong Weerasethakul.
Música: Chai Bhatana, Nakarin Rodput.
Intérpretes: Chaisiri Jiwarangsan, King Kong,
Artículo 112 (Lese Majeste Law) activistas políticos.

THE RING
Cannes Classics
REINO UNIDO. 1927. 109’
Director: Alfred Hitchcock.
Guión: Alfred Hitchcock, Alma Reville, Eliot Stannard.
Fotografía: John J. Cox.
Música: (de acompañamiento) Stephen Horne.
Intérpretes: Carl Brisson, Lillian Hall-Davis,
Bon Corby, Forrester Harvey.