CANNES 2010 (6): UNCLE BOONMEE WHO CAN RECALL HIS PAST LIVES

Lo absoluto (lire en français)

por Fernando Ganzo

En un momento dado del especial de nuestro último número, vinculábamos la instalación Primitive de Apichatpong Weerasethakul a la idea platoniana de la caverna, algo que espero quede más aclarado y asentado al final de este texto sobre Uncle Boonme (Who can recall his past lives), extremo juego de apariciones y desapariciones, desdoblamientos y fantasmagorías, propias del Cocteau más brutal. Invocador como Garrel en La Frontière de l’aube. Hermoso como Duras en India Song. Insólito e irónico como Pierre Léon en Guillaume et les sortilèges.

En una zona de la jungla de Isan, donde vive Boonmee, quien padece de insuficiencia renal y que, con la ayuda de su hermana y sus sobrinos, intenta afrontar la muerte en medio de diálisis y trabajos en el campo, comienzan a entrar en escena las apariciones. Fantasmas, espíritus de simios, de peces, princesas, bueyes... Convidados de piedra corporeizados en la oscuridad, en un cambio de plano, o bien, en naturaleza translúcida, en el propio cuerpo de una sola imagen. Ecos de vidas anteriores con los que Weerasethakul construye esta habitable máquina del tiempo, culminación de todo lo experimentado en el proyecto Primitive y obra maestra de su filmografía.

Porque Joe entiende el cine en su radicalidad de arte de la duración, en su capacidad de reproducir, en cada plano, la naturaleza del instante: el misterio, la incertidumbre, la amenaza de lo que es inminente y que toma cuerpo en el cambio de plano, en la entrada del enigma, y que él aprovecha para crear ese presente que en el cine puede proyectarse con una linealidad visual, mientras que nos hace recorrer muchos tiempos a nivel del relato.

Un viaje capaz de atravesar todas las potencialidades del ser, pues de un plano al siguiente un personaje puede ser el mismo, ser otro, ser él mismo pero en otro tiempo (de cronología desconocida)… Una máquina, en fin, capaz de hacernos remontar a lo desconocido de la existencia. Capaz de entender que para descodificar el futuro, es necesario iluminar el pasado; también el pasado fílmico, su carácter fantasmagórico, ilusorio, infantil.

Y es en este sentido que podemos hablar de la película y del cine de Weerasethakul como un «cine contemplativo»; en el sentido no sólo de espera ante la inminencia de algo que desconocemos, sino en la creencia firme en que contemplando un árbol, un buey, el sol entre las ramas, o la niebla deslizarse entre los contornos de una montaña, podemos llegar a contactar con todo lo que de enigmático hay en el universo.

Si en esta contemplación entra en juego la belleza, lo hace en dos sentidos: en el de concepto absoluto, de belleza entendida como aquello que nos puede permitir establecer un vínculo sublime con nuestro ser y aquello que contemplamos, y en el sentido de efímero, caduco (presente en la relación de la hermana de Boonmee, que evoca su belleza de juventud, y la belleza capturada de su mujer muerta, que conserva eternamente su apariencia aún anterior a la vejez, pero también la historia de la princesa y el reflejo ilusorio de eterna juventud que le devuelve el lago, sus joyas cayendo en el fondo eterno del agua junto a los fantasmas de los peces). Es decir: la belleza es aquello que nos enfrenta constantemente con la muerte. Pero, en cualquiera de los casos, y aquí pretendía llegar al hablar de platoniano, es la belleza la que nos permite llegar a la luz de las ideas. Y con ellas, también, a la desaparición y la muerte.

Luz duplicada (y también inversada en las tinieblas), que permite ver el pasado y el futuro. Da cuerpo a las ideas y determina la presencia y la corporeidad de los fantasmas y las vidas pasadas, pero es también la luz también del futuro, del neón, del abandono de ese vínculo con la tradición, con todo lo que de trascendental existe en la naturaleza, y que en la secuencia final (en la que un monje, que vive en un modernizado monasterio donde sus colegas incluso chatean, abandona sus hábitos tras la muerte de Boonmee) consigue elevarnos, pese a todo, hasta la permanencia de ese universo paralelo al que queríamos volver la mirada y que sigue siendo absoluto.

Post Scriptum: Aproximadamente el 40% de esta crítica fue escrito sin haber visto la película, basándose en mis esperanzas, conjeturas, experiencias y sueños durante la media hora que precedía al film. Corresponde al lector (si lo desea) intentar desgranar qué líneas y afirmaciones de este texto se realizaron antes y cuáles después de ver una película cuya experiencia desborda con mucho los límites de su duración.


     Uncle Boonmee Who Can Recall
     His Past Lives

     En Compétition
     UK, THAI, FR, GER, SPAIN
     2010 / 113’
     director: Apichatpong Weerasethakul
     screenplay: Apichatpong Weerasethakul
     image: Yukontorn Mingmongkon,
     Charin Pengpanich, Sayombhu
     Mukdeeprom
     sound: Akritchalerm Kalayanamitr,
     Koichi Shimizu
     editing: Lee Chatametikool