CANNES 2010 (3): FILM SOCIALISME (Jean-Luc Godard)

No comment (lire en français)

por Fernando Ganzo

Entrada con afirmación y sin acompañamiento: es imposible rendir justicia al trabajo de Godard escribiendo. Y al decir «su trabajo», el «su» opera una doble significación: el trabajo realizado por Godard y el trabajo de Godard, el trabajo según Godard. Pues para él, como para Daney, el trabajo siempre ha permanecido, muy marxistamente, como un valor. Entre los valores de Godard está el trabajo, está la belleza, está la mirada… todos ellos al mismo nivel. Y todos ellos exigen, o mejor debería decir invitan, al espectador a responder, a acompañarle. Desde ya, afirmo que toda respuesta negativa al cine de Godard desde Pierrot le fou es un signo de pereza, de una concepción del esfuerzo como algo remunerativo, un signo de aceptar que las cosas son así.

Godard es el máximo exponente en el cine del siglo XX de que para pensar las cosas hay que pensarlas de forma diferente (como Duchamp, como Joyce). De que cada arte, en su materia, implica una filosofía. De que el lenguaje no es algo que viene por sí mismo, ya que detrás de las palabras está su significado, y su no-significado. Que existen más personas que el yo-tú-él-nosotros-vosotros-ellos, y que son el tú es yo, el nosotros es yo, el yo a través del nosotros… Rechazar, al fin y al cabo, al arma publicitaria que es nuestro lenguaje, insincero, que nos dice que somos (somos PC, somos Mac, somos Adidas) cuando en realidad quieren decir que tenemos. Esta mentira capitalista es la que convierte a Europa en algo irrisorio. Godard respeta el núcleo cultural europeo (Francia, Alemania, el norte de Italia) y lo mira desde la periferia mediterránea: Barcelona, Nápoles, Egipto, Grecia, estableciendo un manto de citaciones (por superar el concepto de collage), indistintas, que se incorporan a un mensaje que incluye en sí mismo el germen de la destrucción (también formal, explotando en un mar de formatos y texturas visuales y sonoras, desde la limpieza hasta la más desgarrada suciedad), destrucción, decía, del concepto mismo de mensaje y de su recepción.

Pues la comunicación es la herramienta (digamos, el dispositivo) de una herramienta (un lenguaje), compuesta de instrumentos para no ver (para no ver la mentira): el dinero inventado para no mirarnos a la cara, del mismo modo que la vista nos hace no tocar. «I can see now», decía Chaplin, y en una de las secuencias más bellas del filme, un niño, a ojos cerrados, palpa el cuerpo de su madre hasta llegar a su rostro, en la que es quizás la forma más justa de ver: la de descubrir según se avanza, como en este viaje hegeliano sobre un mar filmado en HD como nadie lo podría filmar (y es que la pregunta de Godard respecto al mar no sólo es cómo incorporarlo en una materialidad fílmica, sino cómo encuadrar lo que no tiene límites, vía con la que Godard, el mejor encuadrador del mundo, alcanza así su gran sueño: destruir el encuadre, que no exista tal y como lo conocemos), hasta llegar a palpar ese tejido que conforma la parte final del filme, compuesto de fragmentos de filmes y al mismo tiempo de uno solo, y que nos llevan a un mundo donde la verdad está en el misterio de las manos (el trabajo) y las sonrisas (la belleza, y es que este viaje en barco es también hawksiano).

Y de hecho empezar a hablar de esta basta obra es insuficiente, incómodo. Considérese como una primera piedra puesta en algo que será mucho más sólido en el siguiente número, pero con la particularidad y la necesidad de hacerlo en una Cannes donde los alemanes e italianos se pasean maleducadamente como en tiempos de la ocupación.


     Film Socialisme
     Un Certain Regard
     SWITZERLAND
     2010 / 101’
     director: Jean-Luc Godard