CANNES'09 (3): IRÈNE (Cavalier) e INDEPENDENCIA (Martin)

Apuntes sobre una desaparición

por Violeta Kovacsics

Antes de ayer, perdí mi libreta, en la que tenía mis improvisadas anotaciones hechas durante las proyecciones de las películas vistas en Cannes. Al día siguiente, el Festival me regaló una nueva: Irène, el filme de Alain Cavalier presentado en la sección Un Certain Regard, que es también una suerte de cuaderno de notas, de apuntes sobre un recuerdo. Cavalier agarra la cámara, una pequeña Sony; recupera un diario, el del año 1971; y reconstruye una imagen, la de su mujer Irène, a través de objetos y espacios cotidianos. A ratos, Cavalier lee el diario con la voz y con la cámara, que resigue las líneas. Luego habla mientras graba una mano, una piedra, una cama… Irène resulta la puesta en imágenes de pensamientos sobre la pérdida. En un momento, la cámara y el director se reflejan en unas bolas de metal, iluminadas domésticamente por una simple linterna, al tiempo que el cineasta cuenta la muerte de Irène, su último respiro. Es una de las primeras exposiciones del cineasta, en un espejo —las bolas de metal— que deforma la imagen, que hace que se enfrente a su propia imagen, a la muerte de su esposa. Cavalier ha realizado una película hermosa, íntima. Ha creado un retrato sin necesidad de una actriz. De hecho, en una escena muestra a otra mujer a través de un cristal ensuciado y afirma que «Irène está tan viva que no puedo reproducirlo en ninguna otra persona». El filme se muestra valiente en los momentos más complicados: la citada muerte de la esposa o el momento en que Cavalier supo que ésta había tenido un accidente, ilustrado con un plano fijo de una cama «en la que me tumbé y me dormí tras saber la noticia». Sin embargo, le cuesta abordar los pasajes más duros de la relación: las disputas y la posibilidad latente de una separación. La voz lo logra —«quería que hubiese algo que nos obligara a separarnos, para no tener que tomar yo la decisión»—; la cámara, no —tan solo las camas separadas parecen querer decir algo—. Irène es una película sobre la ausencia, en la que la imagen de la esposa se va armando poco a poco, hasta que al final empiezan a aparecer sus fotos; de hecho, una de ellas cierra la película. Antes, Irène se ha materializado en el vacío. En un momento, Cavalier filma desde el balcón de la casa hacia el patio y reproduce una escena de 1971: «yo estaba aquí y ella en el patio», dice. El jardín vacío, mientras Cavalier recita un diálogo cotidiano entre ambos, resulta la representación clara y dolorosa de la ausencia.

En la Independencia de Raya Martin también hay un hueco que llenar: el de la historia filipina de principios del siglo pasado. Independencia resulta una película visualmente fascinante, cuyas imágenes evocan el cine del Hollywood de los años treinta. Martin narra la historia de una familia —madre e hijo; luego el hijo junto a su mujer, ya convertido en padre— en la jungla, en plena época de colonización estadounidense y rueda en blanco y negro y en estudio, con el fondo pintado, como en un filme salido de la época en la que tienen lugar los acontecimientos. Martin hace historia: política y cinematográfica. Mira hacia el periodo de colonización a la vez que evoca el cine que llegó así a Filipinas: el del Hollywood clásico. El trabajo sobre la imagen resulta impecable, desde su concepción en estudio hasta la velocidad con que corren los fotogramas o la fotografía en blanco y negro, que crea un aura en los personajes, como lo hacía a menudo la fotografía de principios de siglo. Película dividida en dos partes separadas por la reproducción de un reportaje de la época de tintes cómicos sobre el intervencionismo estadounidense, Independencia se adentra en la tragedia familiar: la muerte de la madre, la desmembración de la familia en plena tormenta y luego el terror a los colonos. En algunos momentos, el pulso dramático recuerda a algunos filmes de Mizoguchi y Naruse. La escena final de la tormenta, en la que seguimos en paralelo el drama de la madre y el padre y el hijo tiene la misma intensidad que la maravillosa secuencia final de Nubes flotantes.