BERLINALE 2018 (2): TWO BASILICAS (Emigholz), DIE SCHLÄFERIN (Gerbaulet), IT (de Clerq, Callemin), ONWARD LOSSLESS FOLLOWS (M. Robinson), AT LAST A TRAGEDY (Shurbaji), ESCAPE FROM RENTED ISLAND: THE LOST PARADISE OF JACK SMITH (Tartaglia)

Forum Expanded: un edificio hecho de sombras

Por Elena Duque



Cruzando el Tiergarten invernal, y bordeando un ratito el Spree, se llega a la Akademie der Künste desde el núcleo principal del festival en las inmediaciones de Potsdamer Platz. Es un edificio moderno, rodeado de verde, y el cine que allí hay es en realidad un gran auditorio, de altísimos techos. Es ahí a donde acudo con expectación a ver la nueva película de Heinz Emigholz, Two Basilicas. Se trata de la parte 28 de la serie Photography and Beyond, que como su nombre indica, va más allá de la fotografía al añadir el factor temporal del cine. Su «arquitectura imaginaria en el tiempo», levanta películas-edificio en las que no sólo vemos piezas arquitectónicas enclavadas en contextos determinados, sino que también sentimos el transcurrir del tiempo, oímos los sonidos del edificio y su entorno, contemplamos los sutiles cambios de luz, entramos en un estado casi meditativo en un montaje de una precisión rítmica prodigiosa, compuesto de certeros planos fijos. En este caso, Emigholz yuxtapone, como indica su título, dos basílicas, y con ellas dos sistemas de valores, dos formas de vida. Por un lado, tenemos la austera y geométrica iglesia protestante neogótica de Grundtvig, en Copenhague. Por otro, la colorida y bellamente recargada catedral gótica de Santa Maria Assunta en Orvieto, en Italia. Describiendo los entornos plano a plano, mirando cómo esos edificios encajan en la ciudad, empieza Emigholz su filme, y luego va descomponiendo en detalles cada uno de los edificios: arcos, esquinas, ventanas, mobiliario, frescos, en los que también retrata el propio espesor del ambiente, lo que significa estar realmente en uno u otro. Las propias palabras de Emigholz recogen con precisión la dimensión de su obra: «La catedral es un logro comunitario de virtuosa artesanía y la iglesia es como un dogma construido con rigor. La horizontal se encuentro con la vertical, el norte se topa con el sur, el misticismo se cruza con la joie de vivre, el protestantismo se encuentra con el catolicismo, la claridad se cruza con la complejidad, que sin embargo se igualan cuando de lo que se trata es de la ideología de los lugares sacros y la reflexión y la contemplación que se hace posible dentro de ellos: la belleza de la artesanía y de las intenciones políticas». Sin grandes alardes, Emigholz añade un ítem más al gran complejo que ya forma su filmografía. Siguiendo su propio método de aproximación y filmación fielmente, Emigholz siempre es emocionante, apunta un descubrimiento, sus películas se pueden habitar con deleite. Porque lejos de hacerlas con escuadra y cartabón, se puede palpar la verdadera fascinación e implicación de Emigholz con lo que filma, que no deja de ser al fin y al cabo cómo la historia y las inquietudes humanas se plasman en los edificios.

De otra naturaleza son los espacios cinemáticos creados en la sesión 11 de Forum Expanded. Por ejemplo, el de Die Schläferin (The Sleeper), de Alex Gerbaulet. Se trata de imágenes con luz artificial de diferentes espacios domésticos. Espacios domésticos de tapete, tetera y visillo (a la alemana) que no por casualidad (pienso) evocan ese orden hogareño devastador y escalofriante de Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles, de Chantal Akerman. La película que aquí nos ocupa surge de dos notas periodísticas sobre dos mujeres (sin ninguna relación entre ellas) ya en la tercera edad que se suicidaron tras vivir años de reclusión hogareña. Vidas que terminan en un acto violento, y que se hacen visibles de esta manera, a través de esos espacios, aunque nunca veamos a esas mujeres. Es inquietante ver una olla sobre el fuego y pensar en esas cárceles domésticas de quienes fueron esposas y amas de casa. La mística de la feminidad, pues, en forma de naturaleza muerta. Fue una gran sorpresa, así, descubrir en el coloquio que los espacios retratados son escenografías construidas meticulosamente a base de compras en subastas y mercadillos. Creo que incluso me resulta más interesante así. Por otra parte, It, de Anouk De Clercq y Tom Callemin, relaciona el espacio y el tiempo con la luz y la oscuridad: un bosque que se va iluminando lentamente, un eclipse de la mano de una narración de ese evento por parte de un hombre ciego. La descripción puramente sensorial de un fenómeno visual, en la que lo más interesante (a apreciar en una sala oscura, claro) es la exploración de la penumbra y del borde de lo visible en una imagen generada por un dispositivo. Onward Lossless Follows, de Michael Robinson, por otra parte, es un viaje enloquecido, un «collage fílmico sobre el desamor y la psique de la América contemporánea». Nada más parecido a una visión apocalíptica derivada de un metraje encontrado variopinto, que empieza poniéndonos a tono con el mensaje de un predicador de fondo, para luego viajar desde los paisajes desiertos hasta los vídeos corporativos genéricos de mujeres celebrando victorias frente a ordenadores, pasando una película educacional (en plan: «niñas, no confiéis en extraños») y cortes de YouTube de toda clase, a los que se van contraponiendo conversaciones sobreimpresas en la pantalla. Conversaciones amorosas, en esa incombustible búsqueda del amor romántico en medio del caos y la locura. Es una de las más extrañas películas de amor que existen, con desconcertante happy end incluido, y con una de las más perturbadoras imágenes vistas recientemente: un caballo alzado por una grúa sobrevuela la espesura, en una especie de tensa operación de rescate. Finaliza la sesión con At Last a Tragedy, de Maya Shurbaji. Una película collage en otro sentido, que mezcla imágenes del interior de un bloque de apartamentos, conversaciones por whatsapp de la autora con un amigo, vídeos en VHS de su infancia, y también materiales provenientes de la vida diaria de otro amigo íntimo. Prisiones cotidianas, también ideológicas, sitas en Beirut y en Damasco, que producen una tensión que sólo puede quedar liberada, según la autora, por la explosión de una tragedia. Y ese es el corazón de este filme, el alivio que le supone a la directora la tragedia en forma de enfermedad, para acabar con el aturdimiento de una desgracia venidera y difusa.

Siguiendo con lo visto en la Akademie der Künste, allí mismo nos sumergimos en el arte y la idiosincrasia de Jack Smith por cuenta de Escape From Rented Island: The Lost Paradise of Jack Smith, de Jerry Tartaglia. Pues bien, estamos aquí frente a un estudio académico en forma de ensayo fílmico, en una especie de hibridación de investigación y cine que (sin tener que ver nada formalmente) me recordó a algunos trabajos de Ross Lipman, por cuenta de un tipo de enfoque que nada tiene que ver con lo que se esperaría de un documental al uso, pero cuyo fin no es el descubrimiento formal o el logro narrativo, sino investigar con rigor un sujeto. Jerry Tartaglia, después de una vida como archivista y restaurador del legado de Jack Smith, está ya en una fase avanzada en el estudio de su obra, y en este ensayo visual recoge una serie de rarezas y «caras b» del cineasta (desde películas hasta registros de performances y  grabaciones de sonido del discurso entrecortado y frenético de Smith) que agrupa en 21 capítulos temáticos (con títulos como «Capitalism», «Glitter», «Performance», «Chance», «Boredom», «Thievery», «Injustice» y «Maria Montez»). La película de Tartaglia escapa así de la clasificación de «buena» o «mala» para convertirse en otra cosa. Una obra que podría consultarse como libro de referencia, y que contiene sabrosos documentos para construir un detallado análisis de la obra de una de las figuras más fascinantes del cine del siglo XX.

Finaliza esta crónica con los gruesos granos de sal del pretzel que compré en la estación de S-Bahn de Bellevue.