BAFICI'09: VON HEUTE AUF MORGEN (Straub-Huillet, 1997)

Peligro amenazante, miedo, catástrofe

por Francisco Algarín Navarro

Del día a la noche, ese intervalo en el que las puertas de los teatros de todas las grandes capitales europeas se abrían entresemana para acoger a caballeros de negro y damas de blanco. Casi podemos ver el tobillo de la mujer, su pie posándose en la acera, evitando el asfalto. El interior del teatro les protegía del tráfico, albergando las fantasías íntimas y recelosas, cuando la orquesta termina de ensayar, ofreciendo los primeros compases. Cuando llega el interludio la noche ha caído completamente, las damas tapan sus cuellos para celebrar que ha llegado la primavera, una primavera que aún trae leves alientos del norte y brisas de retrasado viento invernal. De alguna forma, el crepúsculo se habría proyectado sobre el escenario, sobre cada uno de los quiebros de voz del tenor, y entre ellos mismos. Como un velo que tapaba la garganta y la vista fijada, la experiencia fantasmática devolvía su reflejo especular de la calle en el interior del escenario, más allá de todo el patio de butacas y de los palcos, reflejo que los Straub han recogido en el vacío. Ya no queda ninguna presencia y en un primer momento asistimos a un ensayo de vida propia, autónoma, como si de alguna forma solo les perteneciera a ellos, los que trabajan permaneciendo en la sombra, los que siembran desde el subsuelo las notas que habrán de emerger para fundirse con las calidades tonales de la voz humana. Un florecimiento que nada tiene que ver con redenciones burguesas, que se sitúa del lado de la restitución del lugar de trabajo. Y este encierro siempre encuentra su tensión y su tiempo paralelo allá afuera, donde la luz trabaja cada día y en cada plano proyectándose sobre los arbustos que crecen por encima de la tapia. Melancolía, anverso; nostalgia reverso, nunca confundibles cuando se filma la pregunta que luego se proyectaría sobre la sonrisa del mentiroso siciliano: «¿Dónde yace tu sonrisa escondida?».

Del día al mañana, cuando una pregunta inocente del infante pone punto y final: «¿Mamá, que son los hombres modernos?». Y en esa frase que irrumpe contra la cantata, alterando el ritmo y el tempo, se concentra la música de Schöenberg, y también, lo sabemos, la voluntad entera de Jean-Marie Straub y Danièle Huillet, el gozo sublime y didáctico de acercar las cosas a los hombres por una segunda vez: ¡Introducción a la “Música de acompañamiento por una escena del filme” de Arnold Schöenberg! En esa pieza Jean-Marie, tras describir la vida y el tránsito de Schöenberg de Berlín a Viena, pronuncia las palabras: «peligro amenazante, miedo, catástrofe». Como si de alguna manera esas palabras vinieran a insertarse de la disertación a la clave. Los niños arrojando la clarividencia al mundo, y el propio espejo del futuro puesto frente a los ojos de los padres, ella en pie, él sentado, formando el triunvirato familiar en torno a una mesa de desayuno en el salón de la casa-barco que navega a la deriva, cuando las olas recubren el patio de butacas. Se nos lanza la pregunta a nosotros y a nuestros antepasados, siempre manifestando la idea de la tradición, de aquello a lo que nos agarramos y de lo que somos hijos, y aquello que no nos interesa y, por lo tanto, apartamos de nuestra vista y de nuestro oído. La tapia incluía escrita la palabra «yace», refiriéndose a las sonrisas de todos aquellos espectros que llegaron movidos por simple placer. O todas esas sombras que «yacen» proyectadas sobre las paredes de rombos del salón, un único espacio agotador por el que hacer danzar los cuerpos y en el que romper todos los ejes de la mirada.

Del hoy al mañana, finalmente, tras una noche de celos, de preguntas bufas, estériles, y de ojos que se señalarían alguna vez con el índice para mostrar la sonrisa de la mentira. Pero no hay mentira allá dentro, y cuando los cuerpos nombrados y renombrados aparecen, siempre lo hacen en otra parte lejana en lo diegético por más próximos que quieran aparecerse en lo real cinematográfico. Por eso hay que romper todos esos ejes, que finalmente no señalan otra cosa que la voluntad de ensayar sobre los motivos del cuerpo y su posicionamiento, de la mirada y su índice, de los tiempos de espera, de escucha y de habla. Ya habiendo mostrado el ensayo orquestal, siempre seremos conscientes de que se está en pie, sentados, reclinados por encima de alguien que también trabaja y actúa, aunque la música parezca emerger, como las voces, de otra parte. Porque aunque sean gestos cantados, expresados, representados sobre suelo falso, el cine de los Straub trata, perseverante, de encontrar los gestos de la consciencia y los rituales íntimos del preludio y el interludio.

De la noche al mañana, anochecer anverso; amanecer reverso, como la nostalgia y la melancolía pero sin ellas, solos, solitarios, ante la belleza de un espectáculo privilegiado, de hacernos ser, nosotros mismos, privilegio de la representación de los gestos ensayados ante la confesión y el nacimiento de la confianza, la duda, lo íntimo. Los niños siempre supieron demasiado de la vida de sus padres, pero aquí demasiado es mucho más, más que ellos, y así debe ser para que ellos puedan preservarles de algo que ya conocen, que perfectamente conocen. Fueron los primeros en ver los ojos de búho tallados en la madera del armario donde se esconden los más bellos vestidos de la madre, que el niño eligió antes de que ella dudara y pidiera consejo al padre. Pero sólo sabremos de la madre y del padre en algún momento, en un momento preciso y único que todo altera, pues antes eran sólo y nada menos que un hombre y una mujer que en el fondo viven el placer y el desasosiego ante la catastrófica llegada del día. Los gritos susurrados de los aún hombre y mujer despiertan al infante al que tratarán banalmente de volver a dormir para continuar disertando de sus asuntos con un vaso de leche. Los cuerpos se proyectarán una y mil veces sobre las paredes y las sombras recortadas, los rincones en penumbra y los ángulos convexos, devolviendo el reflejo de la amenaza sobre el escenario. Y finalmente, la llegada del día trae una pregunta y la duda de una de las últimas noches de la época. ¿Y nosotros, somos acaso los hombres modernos?


VON HEUTE AUF MORGEN (Jean-Marie Straub y Danièle Huillet, 1997) se proyecta los días 2, 3 y 5 de abril de 2009. La programación íntegra del BAFICI'09 se puede consultar aquí.