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ACONTECIMIENTOS 2012

Nathaniel Dorsky

(Read the original version in English)

Le Diable, probablement (Robert Bresson, 1977)

Uno de los grandes acontecimientos de 2012 para Nathaniel Dorsky consistió en la retrospectiva que el Pacific Film Archive dedicó a Robert Bresson, «Austere Perfectionism: The Films of Robert Bresson», celebrada entre el 19 de enero y el 25 de febrero de 2012. Allí se proyectaron las siguientes películas en el siguiente orden: Au hasard Balthazar (19 de enero), Mouchette (21 de enero), Pickpocket (28 de enero), Journal d’un curé de campagne (28 de enero), Le Diable, probablement (3 de febrero), Les Anges du péché (5 de febrero), Le Procès de Jeanne d’Arc (10 de febrero), Les Dames du Bois de Bologne (10 de febrero), Lancelot du lac (11 de febrero), Un condamné a mort s’est ecchapé (17 de febrero), Une femme douce (18 de febrero), Quatre nuits d’un reveur (18 de febrero) y L’Argent (25 de febrero).

Lo que aquí sigue es un e–mail que nos hizo llegar Nathaniel enviado originalmente al comisario del mencionado ciclo, James Quandt, comisario senior en la Cinematheque de Ontario, en el que comparte sus impresiones sobre el cine de Robert Bresson y su transición al color. Nathaniel envió una carta a James Quandt casi diez años antes, con ocasión de la primera retrospectiva completa que Quandt dedicó a Bresson, declarando su amor extremo e inequívoco y su suprema admiración por Journal d’un curé de campagne, pero expresando gran decepción por la monotonía de sus películas en color.

 

***

 

Querido James,

Tristemente, la última noche fue la última de nuestra retrospectiva dedicada a Robert Bresson en el Pacific Film Archive. No puedo agradecerte suficientemente por uno de los mayores recorridos en excelencia cinematográfica que he visto en mucho tiempo. Las sensaciones acumuladas por el montaje, así como las historias, me dejaron profundamente contento y agradecido ante un cine tan puro. Sólo podría compararlo con las películas de Ozu y los filmes en blanco y negro de Antonioni, pero son claramente diferentes. Y cada uno de ellos experimenta reacciones muy diferentes frente a la introducción del color… Ozu, permaneciendo en el paso, pero con una delicada madurez, articula los cortes con este nuevo elemento; para Antonioni es destructivo, como un niño en una tienda de caramelos; y Bresson, modifica el foco de la narración para transmitir el avance o el derrumbamiento en su visión del mundo mediante el uso más artístico posible de este elemento que podríamos encontrar.

Quizá estuvo relacionado con el extremo deleite para el ojo y para el oído proporcionado por esas nuevas copias y el hecho de que se programaran de forma tan espaciada (sólo hubo un programa doble y, en general, había una semana entre las sesiones), permitiendo realizar una apreciación profunda sin el cansancio físico y la auto-obliteración de la mayoría de las retrospectivas que flotan alrededor de las zonas superiores de la exhibición cinematográfica, avanzando a ciegas por el orden cronológico. ¿Puedes creer que un buen número de sesiones con las primeras películas de Markopoulos (mis favoritas, de lejos) se estaban celebrando y mezclando con las de Bresson? ¿Ha visto alguien la realmente genial Swain, de Gregory, y Lancelot du lac, de Bresson, la misma noche en la misma pantalla?

Estoy escribiendo por una serie de razones que tienen que ver con las sorpresas que he sentido personalmente y de parte de otros amigos que también me acompañaron en este alegre recorrido cinematográfico. Hay unas cuantas películas que nunca había sido capaz de apreciar que ahora me inspiran asombrosamente, especialmente en la transición al color. Esta transición, que crea una nueva base de articulación a través de la superficie, el montaje y los cambios enfatizando la compasión con el fenómeno cinematográfico, era fascinante, misteriosa, pero en muchos casos también profundamente sustanciosa y placentera.

Lo creas o no, nunca antes había visto Une femme douce. Fue su película en color que más me entusiasmó y la que encontré más atrevida como fenómeno cinematográfico. Se puede ver como una película puramente experimental, pero en clave de drama, mucho más que como película dramática al uso. Fue justamente al notar esto cuando se abrió la última etapa de Bresson para mí. También sentí que esta historia era más compatible con su nuevo desarrollo en la articulación del color, transmitido mediante el entusiasmo experimentado ante cada imagen/sonido y cada corte tan profundamente asombrosos. Me sorprendió casi tanto Le Diable, probablement, y, de forma un poco diferente, Lancelot du lac. De nuevo, no estoy seguro si se debía a estas nuevas copias o si mi psique personal cambió o si era la psique mundial la que había cambiado, ya que no fui el único que se quedó sorprendido ante unas películas que en otra época había considerado fallidas, siendo todo lo contrario.

Unas pocas películas, tanto en blanco y negro como en color que nunca habían funcionado para mí seguían sin funcionar exactamente de la misma manera. Me di cuenta que su dedicación a la hora de basar sus obras en obras previas literarias era en ocasiones inmejorable, como en Les Anges du péché, Journal d’un curé de campagne y Un condamné a mort s’est ecchapé (¡qué copias!), y, finalmente, Mouchette. Mientras que L’Argent, tan hermosamente cerrada y montada, tan sutil y asombrosamente inspiradora en su sentido de la progresión, sido encontrando los últimos episodios desmotivados y poco convincentes. La encuentro débil como historia, y sigo pensando que sus inspiraciones rusas desentonan con su cine modernista… las cosas y las personas responden a una serie de razones situadas más allá de las necesidades intrínsecas del cine, debilitando por tanto el propio cine, o las historias, demasiado alegóricas como para mantenerse por sí mismas. Esto es algo particularmente cierto para mí en los casos de Pickpocket y Au hasard Balthazar, aunque estén construidas de una forma tan hermosa.

En resumen, no puedo agradecerte lo suficiente que nos hayas vuelto a presentar las películas de Bresson. Me siento profundamente humilde ante la compasión y la inmaculada articulación de su cine en blanco y negro, y ahora muy animado ante el entusiasmo provocado por el lenguaje fenomenológico de la narración del color a través de la progresión en un montaje extremadamente interesante de unos peldaños en forma de cuadros vivientes inusualmente elevados.

Finalmente, sólo puedo mencionar el arco de su tiempo vital, en consonancia con nuestra débil historia humana… su viaje por la Segunda Guerra Mundial y por la sociedad que tan horriblemente avanzó en las siguientes décadas… la amargura que esto le provocó… la distanciación.

De nuevo, con el mayor de los agradecimientos,

Nathaniel

 

Traducido del inglés por Francisco Algarín Navarro.

 

Nathaniel Dorsky (EE.UU.) ha hecho películas desde hace casi cincuenta años. Recientemente ha realizado The Return, August and After y April. Su libro El cine de la devoción acaba de ser traducido al español y publicado por Lumière. En 2013 presentará su nueva película, Song.