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ACONTECIMIENTOS 2012

Miguel Armas

 

Ana (António Reis, Margarida Cordeiro, 1982)


Como el descubrimiento de Bresson o Straub y Huillet en años anteriores, el acontecimiento que ha eclipsado para mí el resto de películas vistas en 2012 ha sido la proyección de Ana, de António Reis y Margarida Cordeiro, vista una tarde de finales de junio en la Cinémathèque, en la sala Henri Langlois casi vacía, dentro de una retrospectiva dedicada al veinte aniversario de la muerte de Serge Daney.

Ana (igual que Trás-os-Montes, su película anterior, de la que apenas puedo hablar por no haber podido ver de ella sino una vieja copia en VHS), más que una película, es una nueva dimensión del cine, y este breve comentario no puede dilucidar ni un 1% de la impresión que me causó en aquel momento. Para intentar dar cuenta de su importancia, me referiré brevemente a una entrevista con António Reis publicada en Cahiers du Cinéma: «Puedo decir que nunca hemos rodado con un campesino, un niño o un anciano sin habernos convertido antes en sus amigos. Esto nos ha parecido siempre un punto esencial para poder trabajar y que no haya ningún problema con las máquinas. Cuando empezamos a trabajar con ellos, la cámara era ya una especie de pequeño animal, como un juguete o un aparato de cocina, que no daba miedo. Así, preparar la iluminación en sus casas o montar espejos en los planos para tener luz indirecta no era un problema. Era al mismo tiempo una especie de juego. Entonces podíamos exigir ciertas cosas, la mayoría de veces con delicadeza. Y si teníamos alguna dificultad, lo comprendían muy bien. Una cosa muy importante: podían verificar por nuestra forma de trabajo que nosotros eramos “campesinos de cine”, porque a veces trabajábamos dieciséis, dieciocho horas por día y creo que les gustaba mucho vernos trabajar. Y cuando queríamos seguir trabajando con ellos, incluso dejando los animales sin comer y los niños descuidados, no lo veían, creo, como una obligación». Las películas de Reis y Cordeiro serían la constatación de esta política («política» como se hablaba de política en el cine en los años 70, no en lo que se considera «político» en –casi todas– las películas actuales) junto a un trabajo permanente sobre la realidad y el misterio, la luz y la sombra, el pasado y el presente, todo sobre un mismo plano, como sólo los poetas son capaces de reunir.

El descubrimiento de António Reis y Margarida Cordeiro, como una región inexplorada del cine, va acompañado en mi memoria por otras proyecciones (y alguna que otra película vista en casa) que supusieron también nuevos viajes a lugares remotos:

Encontros (Pierre-Marie Goulet, 2006)
Out 1 – Noli me tangere (Jacques Rivette, 1971)
Autrement, la Molussie (Nicolas Rey, 2012)
7 Women (John Ford, 1966)
Trop tôt, trop tard (Jean-Marie Straub y Danièle Huillet, 1982)
Les Inconnus de la terre (Mario Ruspoli, 1961)
O Passado e o Presente (Manoel de Oliveira, 1972)
Goldflocken (Werner Schroeter, 1976)
Arsenal (Aleksandr Dovzhenko, 1928)
Un Ange passe
(Philippe Garrel, 1975)
Himmel und Erde (Michael Pilz, 1983)
Vapor Trail (Clark) (John Gianvito, 2010)
Knittelfeld y
Hat Wolff von Amerongen Konkursdelikte begangen? (Gerhard Benedikt Friedl, 1997-2004)


Miguel Armas es coeditor y miembro del consejo de redacción de Lumière. Es el responsable del Cinefórum One plus One en Barcelona. Realizó el montaje de Sicilia! Trabajo sobre el texto y ensayos con actores para la Internacional Straub-Huillet. Colaboró con el sello de DVDs Intermedio (entre otros, se ha encargado de la edición de Level Five, de Chris Marker).