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ACONTECIMIENTOS 2012

Arnau Vilaró

 

L'Enclos du temps (Jean-Charles Fitoussi, 2012)


Busco en mi carpeta de capturas hechas en los últimos meses y decido mirarme este fotograma. Es Théophile, el niño que protagoniza L’Enclos du temps. Como vemos, resigue con la uña del dedo el borde de una silla. Está sentado alrededor de un grupo de gente mayor, con la que comparte comida y unas pocas palabras. Ellos hablan de la muerte, de cambios de identidad y de sentimientos y él parece no entenderlos muy bien. Capturé otros gestos de Théophile: un gesto tímido, en el que con una mano se coge el codo del otro brazo; otro momento en el que se tapa los ojos por el sol y frunce el ceño, y otro en el que se agacha en una postura que sólo él conoce para leer uno de sus libros.

Pensaba que de Théophile me interesaba el movimiento de su mano, pero me doy cuenta en seguida que lo que me interesa es su mirada, su no mirada. Las capturas así lo demuestran: el niño aparece cada vez que intenta esconderse. Como la mirada que en Street Vendor el vendedor nos devuelve en el momento justo en que creíamos que pasaríamos desapercibidos; el personaje nos descubre y Jacobs aguanta el descubrimiento, repitiéndolo, parpadeando, avanzando el filme en ralentí, lo que asegura que el vendedor nos recordará a todos nosotros para siempre.

¿Qué tiene un cuerpo que hace que quiera mirarlo? Me pregunto si un buen director no es lo primero que se cuestiona. Pienso en los que han dado mayor evidencia de ello: en Epstein, en Garrel, en Visconti (quizás por el niño). Y pienso cuando Ortega y Gasset decía que nos enamoramos del movimiento de manos, del caminar, de la gestualidad del otro.

De los gestos nos enamoramos, pero también ellos nos dan vida a nosotros mismos y nos sitúan allí donde nos merecemos. Los gestos nos crean. Y Michel Piccoli aparece en Holy Motors para recordárnoslo: «Sigo como empecé, por la belleza del gesto».

Los mejores gestos los viví en la Cinémathèque en un ciclo dedicado a Bulle Ogier. Primero fue la lágrima de Nico en Un ange passe, después la misma Ogier, desnuda, blanca y tierna al lado dando contrapunto barroco de Goldflocken. Pero hablo sobre todo de lo que vi el fin de semana de mayo en que salió el sol en París: Jean-Pierre Léaud estaba sentado con los pies encima de sus muslos y Ogier, en su tienda, con su música, un cigarro y su silencioso andar. Con ellos empezaba un juego cuyo principio olvidé, sólo recuerdo que fueron muchas horas, seis sesiones y sólo reprocho que la proyección fuera en VHS. Out 1: Noli me tangere no es sólo un monumento dentro de la historia del cine, sino de la historia de la creación.

Si buscamos gesto en el diccionario online sale también gestar. Y gestar significa llevar el embrión antes de dar a luz, y por extensión, como segunda acepción, «prepararse, desarrollarse o crecer sentimientos».

Como todo proyecto, una película gesta, pero estaremos de acuerdo en que las buenas películas son las que muestran el gesto del mismo gestar. Études sur Paris (1928) y autrement, la Molussie (2012) encarnan este otro gesto. La primera, vista en Xcèntric a principios de año, es una joya que ofrece un viaje por lo subterráneo, por las aguas del Sena y emerge para dar conciencia de París, de su tiempo y del tiempo en que nació el cine; la belleza está en cada plano, en cada movimiento, en cada trozo de paisaje y ofrece un nuevo paisaje. En este sentido es similar el dibujo que Nicolas Rey da de Molussie, un filme proyectado y ganador de Cinéma du Réel, filme que también se prepara para dar a luz y permanece atento a lo efímero del proyecto, pues la proyección no siempre seguirá el mismo orden de bobinas; el espectador se deja llevar como se dejaba llevar el negativo de Rey por el viento durante su grabación (zéphyrama), o el guión durante la adaptación (Rey adapta una novela de una lengua que desconoce). La estética se encuentra con la ética, pero para llegar a ello visita al ser humano y la Naturaleza, ¿pues acaso no es ésta la madre de todos los gestos?

Afortunadamente, querido Serge, aunque nos quejemos bastante a menudo, el cine, su casa y su mundo siguen creciendo. Y mientras sea así los que sobre él escribimos seguiremos intentando dar a las palabras la gestualidad que las imágenes se merecen, para que ellas a su vez nos escuchen a nosotros. Pues tú nos dijiste que estamos hechos de la misma carne.


Arnau Vilaró es crítico de cine y miembro del consejo de redacción de Lumière. Actualmente prepara una tesis doctoral sobre la estética en el cine francés después de la modernidad. Ha impartido clases en el Master en Comunicación, Periodismo y Humanidades de la Universidad Autónoma de Barcelona.