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ACONTECIMIENTOS 2011

Pierre Léon

(Lire la version originale française)

36 vues du Pic Saint-Loup (Jacques Rivette, 2009)


36 vues du Pic Saint-Loup (escogida para festejar el vigésimo aniversario de la revista Trafic)
Jacques Rivette
Breve presentación.

Cuando el proyecto de festejar los veinte años de Trafic vio la luz, y tuvimos que escoger una película de estas dos últimas décadas, la operación, para mí, se reveló mucho más delicada de lo previsto. Es decir: me vi desbordado de ideas sin tener realmente una. Es decir: lo primero que me vino a la mente fue mostrar una película que nadie hubiera visto. Era lógico. Pensé en un cineasta ruso contemporáneo, Boris Khlebnikov, uno de los más importantes desde mi punto de vista, y en su segunda película Svobodnoe plavanie. Pero, además de ser difícil conseguir una copia y aún más difícil, si no imposible, teniendo en cuenta los medios acordados, pagar el subtitulado, me di cuenta de que algo fallaba. Renuncié, sin intentar comprender qué era lo que fallaba. A continuación, fue Party, de Manoel de Oliveira, la que surgió de mi memoria, con sus diálogos tan naturales como esotéricos, el viento de las Azores e Irene Papas, que me recordaba a mi madre. Para mí, es la mejor película de la fecunda vejez de Oliveira, junto con Espelho Mágico y Vale Abraão. Pero fue precisamente esta última la que me cortó el camino. Me explicaron que Youssef Ishaghpour ya había escogido presentar esta película y, pese mis argumentos especiales, según los cuales se podía perfectamente programar dos películas de un cineasta centenario y probablemente inmortal, hube, una vez más, de batirme en retirada.

¿Qué me quedaba? Ah, sí. Quedaba en efecto Mars Attacks! , de Tim Burton. Percibí un entusiasmo bastante moderado en mis amigos traficantes e incluso una sospecha de reproche de snobismo. Sin embargo, no había nada de eso: esta película no sólo me hace reír cada vez que la vuelvo a ver, sino que me parece concentrar todo el terror de lo arbitrario, esa duda permanente que toda totalidad sin razón ni prueba provoca normalmente en la especie humana, un poco como en The Birds, de Hitchcock, dónde el Dios tirano fijado por debajo de sus gaviotas asesinas da miedo porque él, precisamente, no se mueve, y al no moverse siembra el pánico. Y además estaba en esa película Sylvia Sydney, la abuela que encontraba el medio de deshacerse de los invasores, Sylvia Sydney, venida de Lang y Hitchcock para dar una lección a los cinéfilos modernos. Era como una señal enviada desde otro planeta, más lejano aún que Marte.

Pero una vez más, algo fallaba, y esta vez creí captar la razón: la película que tenía que mostrar tenía que venir directamente de mí, como si yo la hubiese hecho. Pido perdón por adelantado a Jacques Rivette, pero este rapto ha sido necesario. Hablo largamente de esta extraordinaria película en el número de Trafic (nº80, invierno 2011, 20 ans 20 films) y no voy a añadir mucho. Salvo esto. El ciclo se abrió con Saltimbank, de Jean-Claude Biette, y esa prima imprevista, pero no tan lejana, del Saint-Loup rivettiano, establece un vínculo de fraternidad ausente en tantas películas, condenadas a menudo a errar en solitario. Finalmente, tanto una como la otra dicen una cosa muy simple: siempre habrá un poco de cine en la vida y un poco de vida en el cine, a condición de que estemos en guardia y de que miremos de cerca. Es una cuestión de evidencia, porque en "evidencia", hay "ver".

Traducido del francés por Fernando Ganzo