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ACONTECIMIENTOS 2011

Catherine Ermakoff

(Lire la version originale française)

Mafrouza (Emmanuelle Demoris, 2007-2010)


Estas líneas constituyen la nota de intención del próximo número de la revista Vertigo (el nº 43, verano de 2012), titulado «Fins de Mondes», y que incluirá un conjunto de textos dedicado a Mafrouza, el filme de Emmanuelle Demoris. Las películas evocadas aparecen a título de ejemplos, habríamos podido añadir entre otros Attenberg, de Rachel Athina Tsangari, las películas de Amir Naderi, de Tariq Teguia y las de dos locos italianos, Cipri y Maresco.


VERTIGO Nº 43 /VERANO DE 2012

Fins de mondes + Mafrouza

«Un desplazamiento ha tenido lugar. Se produce, está en acción (…) Como siempre, forzosamente, somos a la vez los autores y los testigos (…) Es demasiado pronto como para saber o como para poder sentir si se trata de una ruptura o de una evolución, si el mundo es el del desplazamiento o el de la falla, si el flujo es reversible o si está absolutamente orientado (…) A fin de cuentas, todo lo que hemos llamado “materia”, “vida”, así como “naturaleza”, “dios”, “historia”, “hombre cae en la misma caída. La “muerte de Dios” es de forma precisa la muerte de todas esas sustancias-sujetos. Como la primera, esas muertes son muy trágicas, interminables para nuestra percepción e incluso para nuestra imaginación». (Jean-Luc Nancy).

Si es preciso a partir de ahora contar con el agotamiento de los sistemas –de representaciones, de sentidos, de valor, de creencia- resultantes de la tradición y de los relatos de la modernidad, con el declive de las construcciones sociales, políticas, simbólicas y otras que aseguran la efectividad, si, en una palabra, la situación histórica que nos toca se encuentra situada, en una gran parte, bajo el signo del «fin», sin embargo no está claro que seamos capaces de identificar de qué formas un tipo de implosión así afecta nuestras existencias. Seguramente sea necesario encontrar la razón en la superficie y en la atomización de los efectos a través de los cuales llegan «estas palabras interminables»; y puede que, aún más, en el hecho de que un proceso como este se despliegue por el mundo en una transición indefinida, en los ralentíes y en las aceleraciones de un movimiento donde se aumenta, en la supervivencia de lo que ha sido, la indeterminación de lo que viene; en la persistencia de los esquemas de representación que sostienen los campos de experiencia y los horizontes de espera de los nuevos paradigmas generados por la expansión ilimitada del capitalismo. Sin duda, también la multiplicación creciente de los fenómenos «de alta proporción catastrófica», testimonio de un agotamiento objetivo (recursos naturales, especies…), o señalando el ataque de un límite sistémico (crisis financieras, debilitamiento del Estado, fase llamada «terminal» del capitalismo), complica, exacerbando el sentimiento o la constante de la inmanencia del fin, la percepción de lo que nos llega.

Considerando estas bases, no es muy sorprendente que el cine se haya aferrado estos últimos años a los fenómenos de descomposición social, política, simbólica o cultural que marcan de un lado a otro el presente. Entre el inmenso desarrollo del viejo sheriff de No Country for Old men, calculando hasta el final su impotencia de cara a las nuevas formas de violencia a las que debe enfrentarse a partir de ahora, que termina por dimitir, y el adolescente de Paranoid Park, que atraviesa en una especie de desorientación alucinada la anomia de una realidad donde todo puede equivalerse; entre la extraña indiferencia que se anuncia, de cara al desastre, el personaje de Les Derniers jours du monde y las situaciones extremas a las que se arriesgan los personajes de Crash para intentar encontrar la intensidad de un éxtasis del que el mundo no les ofrece ya la oportunidad, podríamos esbozar el mapa de los signos y de los síntomas, conmociones y extrañezas, aventuras, liberaciones y angustias que no cesa de producir el deslizamiento histórico evocado por Nancy. Un estado de los lugares al que contribuirían sin ninguna duda las últimas películas de Moretti y Lars von Trier. El suspense inaudito que provoca la liberación del viejo cardenal Melville en Habemus Papam no nos concede únicamente una imagen sobrecogedora de la disgregación de la cual son el testimonio hoy las instituciones políticas tradicionales, sino igualmente la tensión que crea para nosotros la inminencia de tal desmoronamiento. La dramaturgia instalada por la espera del cónclave, las millares de miradas suspendidas ante la aparición del nuevo Papa elegido y la imposibilidad para este –pero también para cualquier cardenal- de poder pretender endosar la carga, ¿no es también la que confronta nuestro deseo colectivo de continuidad histórica con la obsolescencia de las formas consideradas como la garantía? Y de forma equivalente, la melancolía del personaje de Lars von Trier, a la que condena a considerar la realidad bajo la vertiente de su finitud absoluta, y que termina por adquirir las dimensiones de un acontecimiento fenomenológico, y después cósmico, ¿no figura, en su dimensión trágica, la desocupación o la derrota que implica el hecho de habitar un mondo en el cual ni la procedencia ni el destino son ya una base?

No es de extrañar que un número creciente de ficciones contemporáneas (especialmente hollywoodienses) encuentren en el imaginario del fin del mundo aquello que encarna la visión agónica de un futuro que oscila entre extenuaciones, crisis y catástrofes sucesivas. Pero se valora también hasta qué punto el motivo de la destrucción última ofrece a algunos cineastas la oportunidad de reconquistar una parte esencial de nuestra experiencia (Les Derniers jours du monde, Melancholia…), mientras que otros se ocupan del típico guión apocalíptico (el combate por la supervivencia de un puñado de supervivientes –The Happening, The Road, The Day After Tomorrow…), como una manera de eludirlo.

El título de este número intenta indicarlo: se trata de considerar los agotamientos con los que tenemos que construir a partir de su multiplicidad –y de su particularidad y su diversidad– un poco de historia «en estado puro» que aún puede ser comprendida: es considerando la singularidad de los acontecimientos, de los fenómenos, de los actos, de los sentimientos, de los pensamientos, de los sueños y de las divagaciones propicias para dejar testimonio como el cine puede delimitar lo que, en esta propia historia, se nos escapa.

La cuestión que aquí nos ocupa podría enunciarse así: qué ficciones, relatos, formas y puestas en escena consiguen restituir la experiencia a la cual nos abandonan los diversos y múltiples finales de los cuales somos los contemporáneos, a dar a ver lo desconocido y lo inédito, la apertura saludable o los pavores y las tristezas que producen –o, dicho de otro modo: a informarnos de formas diversas y variadas, donde nosotros somos a la vez los actores y los testigos.

La última parte de este número estará dedicada a Mafrouza, de Emmanuelle Demoris. Crónica de la vida de los habitantes de Mafrouza, favela de Alejandría construida sobre el asentamiento de una necrópolis grecorromana, esta película río, compuesta por cinco partes, nos sumerge progresivamente en la cotidianeidad de los hombres y de las mujeres que, abandonados en la mayor precariedad, parecen saber mejor que los demás lo que quiere decir vivir. La potencia de las palabras y de los relatos, la inventiva de las canciones y de los gestos, los múltiples bricolages que levanta cada uno para mantenerse en medio de los escombros, la energía desplegada para resistir a la adversidad, las astucias, las vueltas y los rodeos a través de los cuales unos y otros consiguen arrancar la miseria de la vida desnuda, componen de este modo la trama compleja de un mundo fuera de lo común.

Pero la fuerza de Mafrouza depende igualmente del camino de largo recorrido emprendido por la cineasta, -camino implica un rodaje de varios años y un conjunto de elecciones de realización aptas para hacer bascular las formas patentadas por el cine documental y para cuestionar de nuevo lo que está en juego. Confiriéndose como proyecto acoger sin idas preconcebidas ni sin «cuestiones a tratar» la experiencia de los habitantes de Mafrouza, exponiendo el proceso que le conduce a acercarse a tal o tal otra persona y a encontrar un lugar entre ellos que ella no conoce, la cineasta abre el campo de una percepción en la que la verdad del rodaje y lo real representado se interpenetran sin parar, y se convierten en la condición de un encuentro posible con el otro.

Este conjunto será también la oportunidad de volver largamente, con Emmanuelle Demoris, a la génesis de la película, las etapas de su fabricación, sus medios de producción y el conjunto de las decisiones tomadas que han configurado su realización.

Estrenada en salas el verano pasado, Mafrouza será editada en DVD en primavera de 2012 (Shellac éditions).



Traducido del francés por Francisco Algarín Navarro