CANNES 2015 (14): THE EXQUISITE CORPUS, de Peter Tscherkassky '

'The Exquisite Corpus'

Por Daniel Kasman

 

The Exquisite Corpus (Peter Tscherkassky, 2015)

 

Intentando capturar las tendencias globales del cine contemporáneo trazando relaciones temáticas entre las películas en un mismo festival se ha convertido en una técnica trillada que poco entiende de cuáles son los caminos que llevan a la realización de una película y al hecho de que sea finalmente programada junto a otra. Cuando uno conoce mejor los tortuosos senderos que debe seguir un cineasta para acabar su trabajo y para poder mostrarlo, los bucles de afinidad o de disonancia que serpentean entre las salas y las proyecciones en el festival se sienten menos como un vistazo del espíritu de los tiempos que como una descarga eléctrica de coincidencias –o del azar–. Este fue el caso en Cannes este año, donde dos películas parecían encontrarse en un sueño sensual y superpuesto de carne, caricias y orgasmos. El primer sueño era la continuación formalista de la incontenible Enter de Void, del extremista Gaspar Noé, una nueva provocación de jour: una película pornográfica en 3D. O, para ser más precisos, una relación dramática en 3D profundamente arraigada en la importancia del sexo (no fingido entre sus actores) en las relaciones. En medio de una multitud vestida de esmoquin, con tacones altos, tosca, febril y prepotentemente entusiasta en el estreno de medianoche de Love, que comenzó finalmente a la 1 y terminó más allá de las 3, el esfuerzo y el agotamiento que requerían ser provocados no me dejó una sensación generosa hacia este lento, pesado y acartonado drama, repetitivo y juvenil, aunque imbuido en un admirable nivel de dulzura y afecto. En ese momento pensé que mi paciencia se había agotado en cuanto a la relación entre sexo y cine. Pero no había contado con que al final del festival, bajando el boulevard, en un incongruente programa de cortometrajes de la Quinzaine des Réalisateurs, proyectada en un cine bastante más vulgar que el del Grand Théâtre Lumière, me encontraría una película pornográfica mucho mejor y lejanamente diferente: The Exquisite Corpus, del maestro del cine de vanguardia austriaco Peter Tscherkassky.

Menciono juntas Love y The Exquisite Corpus no para machacar fácilmente a la película de Noé, sino más bien porque encontrarme con la película de Tscherkassky –un collage de diferentes películas eróticas en blanco y negro de los años 60-80 aunadas de acuerdo con una práctica surrealista relacionando cosas para crear inquietas fusiones y fisiones– hizo que de repente el acto de ver estas dos películas me hiciera sentir de nuevo en el camino adecuado. En buena medida ambas estructuran sus historias de la misma manera, Love comienza con un joven en la cama con la madre de su hijo, a partir de lo cual se abre un flashback hacia su tumultuosa vida amorosa reciente, mientras que The Exquisite Corpus comienza con una pareja nudista navegando hacia una isla nudista y encontrando a una chica –desnuda– dormida o inconsciente en la playa, de modo que lo que sigue pertenece a su sueño. En esta época cínica y supuestamente sofisticada en la que la pornografía está en todas partes gracias al acceso a Internet, con una imagen cultural que disemina la carga de los desnudos fotográficos y donde dentro del mundo del arte, la «audacia», ya en absoluto audaz, consiste en integrar tropos pornográficos como sexo real en las películas, esto ya no es algo que esté fuera de lo común; quizá en esta época los cineastas necesitan el marco de algunos recursos para perfumar adecuadamente el sexo para el público con un aura de irrealidad. Ya no se puede mostrar sexo explícito, o una película que incluya sexo explícito, puesto que eso forma parte de los descubrimientos cotidianos; debemos ser conducidos a un mundo que nos dice que mientras que el sexo puede ser real, es también una fantasía, un recuerdo, un sueño –es algo que, fuera de nuestra propia mente, sólo el propio cine puede mágicamente conjurar –.

No creo que Gaspar Noé entienda prácticamente lo que implica lanzar su película a los recuerdos del zoquete de su protagonista o lo que esto le permite hacer como narrador. Los flashbacks de Love son más bien su interés estructural en las relaciones y las maquinaciones que éstas sufren por causa del tiempo, como ocurre en Irreversible, que aquello a lo que puede llevar el tiempo «real», liberando a un personaje, un estado mental, un cuerpo o una película, una libertad que su última película, Enter the Void, se toma hasta el extremo. The Exquisite Corpus, como indica su nombre, posee completamente esta belleza y se siente en ella; mientras que la textura de Love es viscosamente sedosa, como si se hubiera quedado pegada a un acuario de una gelatina translúcida, este cortometraje de 19 minutos, tras el prólogo de la llegada a la isla nudista, vuela hacia una libertad de una subjetividad escurridiza. Se desplaza así de un fragmento a otro de soft-core –una provocadora sonrisa forzada, la mano de un hombre acariciando los muslos de una mujer, una bragueta que se desabrocha– sometidos a las características manipulaciones enloquecidas de la película realizadas en un laboratorio (de cine), alterando radicalmente el material original y/o exponiendo y jugando con el propio celuloide, de modo que podemos ver en el encuadre múltiples tiras de fotogramas del mismo fragmento tanto en sincronía como fuera de sincronía –o, en otro sentido, maximizando la textura de la imagen y la tactilidad del movimiento cinematográfico–.

Lo que esto provoca es una experiencia háptica, o casi; uno puede sentir esta película, pues no sólo posee una cualidad física que late en la pantalla, sino que su energía intermitente hace que esta tangibilidad resulte agresiva e insistente. Dependiendo del tema con el que trate el cineasta, esta sensación única puede conllevar diferentes connotaciones; Outer Space (1999), por ejemplo, encuentra un vínculo entre la agresiva cualidad que produce este estilo en el público y cómo las manipulaciones del material del cine de terror por parte de Tscherkassky parece estar también embistiendo a la protagonista de la película, un doble ataque inmersivo. The Exquisite Corpus está cerca de Instructions for a Light and Sound Machine (2005), en la que utiliza como material de origen los spaghetti westerns, dando lugar las meticulosas y musicales manipulaciones a un placer cinéfilo directo. En The Exquisite Corpus, las micro-narrativas que tienen que ver con ver, seducir, tocar, follar y eyacular son historias familiares para nosotros, por lo que la forma de jugar con ellas, su acentuación, los ritmos o los vínculos narrativos entre el material, la prolongación de sus acciones o la anticipación realzada conllevan un margen más irónico, realmente evasivo en sus escenas y siempre excitante.

Lo dicho es suficiente: mientras que Love asume claramente el querer ser profunda, audaz y sentida, The Exquisite Corpus ve el humor y la perversión inherentes en el cine pornográfico –por no mencionar cómo se usa el sexo o por qué la gente tiene sexo en una historia– y nos sumerge en este mundo, capturando al mismo tiempo su ridiculez y el efecto visceral que puede tener, el brío y la incitación que puede contener. Tscherkassky no destaca tanto ni es capaz de fragmentar extractos tan hermosos de soft-core como lo podría hacer Godard cuando cita un hermoso gesto de una antigua película, puesto que The Exquisite Corpus, más bien, pretende atraer, provocar y retar al material a partir de esos momentos elegidos y de aquello de lo que están hechos –de manera casi literal–, encontrando en su material la capacidad para expresar algo afín a su versión súper-condesada y sobrecargada de su propósito original, siempre sin traicionar su desconsolado valor cultural. Lo dicho es suficiente: salí de la sala y abandoné Cannes recuperando mi fe en el sexo en el cine.

Traducción del inglés de Francisco Algarín Navarro.