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ESPECIAL CHICK STRAND

Diario de cine: Chick Strand

Por Jonas Mekas

 


18 de octubre. Cinepobre. Museum of Modern Art. Películas de Chick Strand: Anselmo (1967); Cosas de mi vida (1975); Guacamole (1975); Elasticity (1975) y Mujer de milfuegos (1976). Una noche decepcionante. La primera película, Anelsmo, está llena de promesas. Conmueve, hay una gracia visual, la persona retratada es única. Anselmo y su trompeta. Ninguna intención de hacer un documental; está mucho más cerca del estilo de películas de 1967: superposiciones y trabajo fotograma a fotograma. Y Anselmo revive en Cosas de mi vida, hecha una década después, un documental pretendidamente antropológico, con la voz de Anselmo y todo. Donde este documental falla estrepitosamente, sobrevive la casi-abstracta Anselmo.

Elasticity es la más compleja de las cuatro, una película collage en la que Strand mezcla su propio material con found footage, al estilo de Bruce Conner. A veces hay combinaciones y yuxtaposiciones de imágenes interesantes, sobre todo cuando hay dos (o tres) líneas de poesía (Cocteau, Lorca, etc.) en la imagen (subtítulos). Pero la película nunca despega. A cada minuto que pasa se vuelve más pesada. Me gustó Mujer de milfuegos, quizá la mejor, aunque es fallida. Pero me pareció un fallo interesante. Es un regreso a los años 40, al psicodrama, bastante fuerte. Pero es una película con sentimientos muy profundos, un poema en la tradición de Deren, de los años 40, un tipo de película muerta, que seguramente sobrevivirá a todas las modas, reviviendo con cada nueva búsqueda. Tendría que volver a verla para saber si pasa la prueba al hacerlo varias veces, pero mientras la vi me impresionó.

Realmente, me gustaría que me gustara el cine de Chick Strand. He visto sus películas en varios lugares en varios momentos: cuando he visto sus películas sin el contexto general, siempre he sentido promesas frustradas, esperando ver algún día el resto de su trabajo y sentirme agradablemente sorprendido. Otro motivo por el que me gustaría que me gustara es por este puente entre Nueva York y San Francisco, la costa Este y la Oeste, pues en el Oeste siempre nos dicen a los del Este que no conocemos su trabajo, que somos demasiado provincianos. Da igual si les dices que acabas de ver sus películas. Piensan que son geniales, pero Nueva York les ignora.

La triste realidad es –y me acordé de ello viendo las películas de Chick Strand– que hay sólo unas pocas buenas películas en San Francisco, que las conocemos bien y que vemos una y otra vez sus películas: y hay muchas que no son para nada buenas. Y no importa lo mucho que quieras que te gusten, no es posible. Por supuesto, lo mismo sucede con la costa Este. Estaba bien que te gustaran las películas de la segunda o tercera generación de cineastas independientes de los años 60, 62 ó 64, pero sólo había unos pocos –no tiene sentido pretender que nos gusten hoy, cuando hay bastantes buenas películas por hacer–.

Para mí, elogiar la obra de Chick Strand hoy o que me guste su trabajo sería traicionar las bases y los logros del cine de vanguardia de los últimos 30 años, así como aminonar mi gusto por las películas de cineastas de la costa Oeste como Bruce Conner, James Broughton, Bruce Baillie, Jordan Belson, Larry Jordan, Robert Nelson, Sidney Peterson, John y James Whitney y otros cineastas extraordinarios que trabajaron en la costa Oeste. Sus películas tienen un nivel de sensibilidad, de intensidad, de sutileza y de inteligencia formal frente al que tengo que medir el resto de trabajos, no importa de dónde vengan: Este, Oeste, Norte o Sur.

Publicado originalmente en Soho Weekly News, 28 de octubre de 1976.
Traducción del inglés de Francisco Algarín Navarro.