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ESPECIAL CHICK STRAND

El cine de la simpatía

Por Noël Carroll

 


Chick Strand es una cineasta de la Costa Oeste que fundó Canyon Cinema junto a Bruce Baillie. Estudió la licenciatura de antropología debido a su temprano interés por el que sería el tema principal de sus películas –la historia de las personas de otras culturas. Sin embargo, Strand no pretende ser socióloga. No está tan interesada en el lugar que ocupan los individuos dentro de su cultura como en las historias personales, en la tristeza y, por encima de todo, en las epifanías. Se siente cercana a sus personajes en todos los sentidos de la palabra, filmándoles a menudo desde una distancia de dos metros, con sus lentes de telefoto.

Cosas de mi vida es una biografía de Anselmo. Indigente de nacimiento y huérfano a los siete años, veía con envidia cómo crecían los otros niños disfrutando de la comida, la familia y la formación. Sólo es agraciado en algo, la música, y le saca el máximo partido, pues toda su vida y la de sus hijos gira alrededor de ella. Como padre, es una cualidad que puede legar a sus herederos, consiguiendo algunas ayudas, obteniendo una formación y un futuro prometedor.

Anselmo es la historia de un padre apasionado dispuesto a darlo todo para que los fallos de su infancia no se repitan en la vida de sus hijos. No quiere a su mujer, pero no la dejará. No quiere abandonar a sus hijos. Utilizan este dos de la música como forma de autorrealización, es lo único que les puede dejar. Vemos fotos de dos de sus hijos tocando en una orquesta sinfónica. Después vemos planos cerrados de los indios bailando con trajes multicolores. Hay brillo en la pantalla, rojos, verdes, plumas, una correlación objetiva con la felicidad del padre.

Anselmo cuenta su propia historia. Hay material documental cuando Anselmo habla de su vida adulta, pero cuando habla de su infancia vemos planos de niños y de lugares que evocan los primeros recuerdos de Anselmo. Strand mezcla el registro y la representación. Sorprende su técnica por su intimidad. Es como si quisiera, literalmente, vivir la vida de los demás. Unos primeros planos enormes enfatizan las bocas y los dedos de los músicos, una manera de poner en valor lo que es esencial en la vida de Anselmo. La cámara se acerca tanto a los detalles que se vuelven abstracciones. Pero estas abstracciones no están separadas de las emociones humanas; evocan la riqueza de las experiencias de la vida extremadamente sencilla de Anselmo.

El cine de Strand se caracteriza sobre todo por la celebración. En Anselmo, registra la euforia del músico cuando le regala una trompeta. Se encuentran en el desierto, de una manera un poco mítica. Se yuxtaponen y superponen varios símbolos tradicionales relacionados con el sentimiento de regocijo: un avión haciendo piruetas, unos pájaros volando, unos caballos solarizados corriendo en libertad, fuegos artificiales, en resumen, una serie de imágenes asociadas con la alegría. Aunque estos símbolos sean un lugar común, son efectivos, pues el torrente de imágenes es tan extremo y abrumador que las emociones desbordantes que siente Anselmo se vuelven literales.

En Mujer de milfuegos Strand pasa de la representación del éxtasis a la de la desesperación. Una mujer vestida de negro camina, presumiblemente en México, por las arcadas de su ciudad, como un alma en pena. Salvo un par de plano de la mano de su amante, siempre la vemos sola. Como Sísifo, mueve piedras de un lado a otro del patio de su casa. Su paseo por la ciudad termina en un cementerio. La proximidad de la cámara de Strand es esencial para conjugar la imagen de una profunda soledad, pues los planos repetidos de la mujer vestida de negro evidencian expresivamente las posibilidades más turbias de la experiencia.

En un principio, Mosori Monoki parece más interesada en las cuestiones sociales que en las personas. Filmada en Venezuela, trata de la transformación de un poblado nativo por parte de los misioneros católicos. La película comienza con una monja explicando en qué consiste su vocación y describiendo muy satisfecha cómo sus compañeras y ella, desde hace 20 años, han llevado la civilización a la jungla. Afirma que antes de su llegada los nativos no podían hacer nada. Irónicamente, Strand cuestiona sus palabras montando planos en los que vemos las herramientas de los nativos –arcos, flechas y hamacas. La monja dice que los indios eran como animales, pero les vemos pintándose las caras, de manera que el maquillaje evidencia que poseen su propia cultura, aunque la monja no sea capaz de reconocerlo.

Strand pasa al relato de una mujer india, Carmelita. Habla de su pasado, de su marido, de sus hijos, de la comida, etc. Strand introduce material de la vida cotidiana, mezclándolo con planos de la vida «civilizada» de los misioneros, mientras Carmelita habla de su pasado «primitivo». Los nativos tejen con máquinas, por ejemplo; los médicos poseen agujas hipodérmicas. Poco a poco, el neocolonialismo va perdiendo presencia frente a la experiencia de Carmelita. Su voz se hace con la película; no hay rabia en su tono de voz, más bien disyunción, pérdida, disociación. Strand evita la obviedad del enfoque político y centra su interés en lo que más le interesa: la manera en que las personas sienten el mundo.

Strand no es crítica ni observadora. Intenta entender a los demás desde el interior. En Guacamole documenta una corrida de toros. El momento en el que matan al toro es especialmente fuerte, ralentizado, como el planeta al completo pudiera compartir esos últimos momentos agónicos del animal. Pero Strand no presenta el sacrificio como un signo de brutalidad. Lo sitúa en el contexto de un festival en el que vemos la colorida comida en un mercado en el que también hay carne fresca. Strand enmarca la muerte del toro en un contexto social más amplio. Podemos sentirnos tristes por el toro, pero como sería posible el ultraje en su nombre cuando el propio sacrificio forma parte de la vida de la comunidad.

El intento de comprender de Strand la lleva a intentar entenderse a sí misma. En Elasticity, la película más personal y creo que la mejor del programa, pasa de la biografía a la autobiografía. Una anciana, un ejemplo para Strand, sube por una colina. Su medallón plateado centellea con la luz del sol. Este destello se relacionará después con el haz de luz del proyector. Es un símbolo de cine, entendiendo el cine principalmente como memoria. La vida, presente por material de archivo y planos de los amigos, continúa. Un amigo oriental, por ejemplo, parece evocar las imágenes hollywoodienses de China. También se estudian los diferentes caracteres –la amnesia (no saber quién eres, queriendo saber), la euforia (no sabiendo, pero no preocupándose por ello) y el éxtasis (sabiendo pero no preocupándose por ello). En medio de esta confusión de asociaciones personales, se introduce la idea de futuro. De repente, toda la fantasía se invierte, cada plano previo queda reducido a un solo fotograma hasta que volvemos a ver a la anciana. Strand parece estar invocando la idea del momento prolongado, del segundo privilegiado entre el derrumbe y el estallido de una chimenea evocado por Cocteau. El tiempo del cine se identifica con el tiempo psicológico y el montaje con la memoria. 

Publicado originalmente en Soho Weekly News, 23 de febrero de 1978.

Traducción del inglés de Francisco Algarín Navarro.