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ESPECIAL CHICK STRAND

Cosas de mi vida. El cine etnográfico de Chick Strand

Por Chick Strand y Lumière

Señora con flores, de Chick Strand

 


PROGRAMA

Anselmo
, 1967, 3 min
Cosas de mi vida, 1976, 25 min
Anselmo and the Women, 1986, 35 min
Señora con flores, 1995/2011, 15 min

22 de enero, 18h30. Xcèntric. Auditorio del CCCB. Barcelona

Proyección en 16 mm
Copias restauradas por el Academy Film Archive (Academy of Motion Picture Arts & Sciences)

Chick Strand, fundadora de la cooperativa Canyon Cinema junto a Bruce Baillie en 1961, fue una cineasta pionera en la combinación poética de elementos documentales y técnicas experimentales. A lo largo de sus treinta años de carrera, realizó numerosos viajes veraniegos a México, en los cuales filmó las películas etnográficas que conforman esta sesión, algunas de las más importantes del cine de vanguardia.

Entre los años sesenta y ochenta, la mayoría de las películas que realizó Chick Strand están formadas por retratos de las personas que iba encontrando a lo largo de sus viajes por Guanajuato. La trilogía Anselmo, Cosas de mi vida y Anselmo and the Women (1966-1987) se centra en la vida de un músico callejero, su mujer, su familia, sus hijos, los roles sociales e identitarios y la exploración de la cooperación y las emociones de la pareja desde un punto de vista etnográfico. Señora con flores es el último retrato que realizó Strand antes de morir: en ella vemos sus intensos primeros planos, la viveza de sus colores o la dureza de la vida, pero también sentimos el peso de la memoria o escuchamos en off el testimonio de la mujer con flores púrpuras del título. Esta película, la más hermosa que haya filmado nunca Strand, fue montada póstumamente.


Anselmo
, 1967, 3 min

Una reconstrucción simbólica de un hecho real. Le pregunté a un amigo indio mexicano qué es lo que más le gustaría en el mundo. Su respuesta fue: «una trompeta extra grande». Pensé que no sería complicado encontrar una barata en Goodwill. No fue tan sencillo, pero un tipo bastante simpático que trabajaba en una tienda de música encontró una barata, pero muy bonita, de metal de segunda mano. La compré, la llevé a México de contrabando y se la di a mi amigo, en el desierto. La película es una interpretación poética de este hecho, una celebración de los deseos y las trompetas. Chick Strand

Cosas de mi vida, 1976, 25 min

Este es un documental expresivo sobre Anselmo, un indio mexicano que vive en la meseta central. Es una película sobre su lucha por la supervivencia. Anselmo nació en un remoto pueblo indio en el que se hablaba otomí. Se mudó a una pequeña ciudad bastante moderna con sus padres, pero se quedó huérfano a los siete años; sólo se tenía a sí mismo, pues su niñera enfermó de inanición y finalmente falleció en sus brazos. Totalmente inculto a nivel formal, aprendió él solo a tocar la trompa; siendo ya adulto, formó su propia banda callejera. Empecé esta película en 1965 y la acabé en 1975. Durante esos diez años, vi los cambios físicos en la vida de Anselmo, por ejemplo las cosas que podía comprar, primero para la supervivencia de su familia, y durante los últimos años, para que vivieran más cómodos. Sentí un cambio en su manera de pensar, pasando de ser un hombre orgulloso, individualista y elegante a un tipo obsesionado con las posesiones y con su posición en el grupo, pretendiendo tomar la delantera y destacar; pero yo no podía ayudarle, sólo admirar su energía y su determinación para el triunfo... El gran problema a la hora de hacer la película consistió en encontrar una voz justa. Probé con unas veinte voces, durante un periodo de dos años. Ninguna funcionaba, por lo que volví a México y enseñé a Anselmo a decir sus propias palabras en inglés. Esta película es un tributo de una artista a un artista. Chick Strand

Anselmo and the Women, 1986, 35 min

Sigo con la vida de Anselmo, un músico callejero mexicano, y con su larga lucha vital para conseguir que sus hijos vivan lo mejor posible. Esta película se centra en la relación con su esposa, Adela, y con su amante, Cruz, y con las personas que les rodean. En una sociedad en la que los roles tradiciones de género están separados y se definen rápidamente, el número de hijos que se tenga determina la identidad masculina, de manera que la mujer se ocupa de la casa y se vuelve dependiente. La pobreza hace de la supervivencia diaria una lucha desesperada. Tanto el hombre como la mujer deben cooperar, el hombre con la casa y la comida, la mujer levantando y cuidando a la familia. Sin embargo, esta cooperación es a menudo superficial, con poca comunicación a nivel de necesidades emocionales internas de cada uno. Las relaciones se vuelven esencialmente económicas, los hombres y las mujeres se ven viviendo en una especie de desierto emocional. La película trata las vidas en conflicto partiendo de los tres puntos de vista que relata cada uno. Chick Strand

Señora con flores, 1995/2011, 15 min

Justo después de ver Señora con flores, de Chick Strand (el Academy Film Archive terminó este año el trabajo de post-producción), escribí en mi cuaderno: «Nunca he visto un púrpura como ése». Sé que me estaba refiriendo a las flores, igual que sé que ahora no podría conjurar su delicada forma. Y aún así, durante la inminente efervescencia de los colores y de las texturas de este retrato tardío realizado por Strand (falleció en 2009) elude la memoria consciente, permanece en la mente la resistencia entre la subjetividad con la que filma la cineasta y la voz en off de la persona del título de la película.

Strand experimentó con muchas formas y estilos a lo largo de varias décadas de trabajo, pero los inmersivos primeros planos de Señora con flores son característicos de las películas que rodó en México y en Sudamérica. Utiliza el zoom de su cámara como si fuera una brocha en busca de una sensibilidad universal, inclinándose ante los límites del conocimiento. No es necesario decir que Señora con flores traspasa la distancia objetiva característica de tantas películas etnográficas. Los temblores involuntarios de las manos de la cineasta tambalean el encuadre con una fuerza asombrosa; es la narración de la vendedora de flores la que ofrece algo de estabilidad a esas manos. Su franca descripción de los atroces abusos que sufrió de su marido atraviesan la película como un río. En esos torrentes de color, vemos a la mujer vendiendo puerta a puerta y luego lavando. Las imágenes flotan, libres de los vínculos indexales de la evidencia documental, encarnada aunque abstraída. La voz en off ancla la coz en el tiempo, desencarnada aunque con una presencia en el decir. Strand golpea los diferentes elementos de la experiencia, unos contra otros, como si quisiera encender fuego.

El doloroso testimonio de la mujer existe más allá del alcance de las imágenes de Strand, pero en el intervalo entre lo que muestra la imagen y lo que dice la voz, encontramos algo parecido a la intimidad. La visión floreciente (la mujer y las flores irradian la misma luz maravillosa), así como el peso de la escucha, son expresiones duales de la empatía. Strand aproxima su cámara a la incertidumbre, mientras que el relato de la mujer nos indica que se siente lo suficientemente segura con Strand como para hablar con ella libremente. Estas dos presencias no son equivalentes, pero están entrelazadas (Strand combinó múltiples testimonios de mujeres en varias de sus películas, sobre todo en Soft Fiction, de 1970). Aquí encontramos esos notables interludios propios de la vida en los que encontramos cosas a un extraño que jamás contaríamos a un amigo cercano. Esto parece algo básico para que se produzca un intercambio documental, pero muy pocas veces sucede, sobre todo con tanta poesía.

Los créditos finales de la película señalan los años del rodaje y del montaje, 1986 y 1995. Strand solía dejar descansar a menudo el material, montando al mismo tiempo varios proyectos, pero la apabullante intimidad de Señora con flores evidencia especialmente las elipsis. ¿Por qué pasó tantos años esculpiendo este pequeño fragmento de experiencia que, por su propia fluidez, parece que pudiera haber caído como la fruta de un árbol? Podríamos leer a Odilon Redon, un gran pintor de flores: «Las flores se encuentran en las confluencia de las dos orillas del río, la de la representación y la de la memoria. Es el terreno del propio arte, la buena tierra de lo real, desgarrada y cultivada por el espíritu». Strand recoge lo que ha cosechado, y el resultado es hermoso y justo. Max Goldberg.

Publicado originalmente en MUBI.

Traducido del inglés por Francisco Algarín Navarro.