ESPECIAL PAULO ROCHA

Sobre Manoel de Oliveira

por Paulo Rocha

Rodaje de Oliveira, o architecto (Paulo Rocha, 1993)

Cuando le conocí era alumno del IDHEC. Él estaba haciendo al mismo tiempo O Pão, A Caça y Acto da Primavera. Yo iba a ver el material a la mesa de montaje que él tenía en Oporto. Aquello no era nada industrial ni límpido, se notaba que siempre filmaba sin luces, con luz natural; las panorámicas temblaban y, a veces, el montaje daba saltos. Era lo contrario de lo que se podía ver en París.

Se sentía la mirada de un hombre solo, Manoel no era para nada el cineasta que es hoy, no era conocido en Europa, en Portugal gustaba a diez personas. Pensaba que no tendría ningún futuro, que no volvería a filmar. Todavía conservo una carta de él, de la época de Mudar de Vida, en la que me dice: usted tiene suerte, consigue hacer películas; yo nunca más lo conseguiré. Pensaba que su carrera se había acabado. Tenía la consciencia temerosa de un hombre solo que, a través de la cámara, iba reaccionando a lo que veía, intentando percibir lo que estaba bien y lo que estaba mal, lo que eran las fuerzas de las cosas que estaba viendo. Se sentía claramente la duda. Y, en medio de la lucha, de la duda, la decisión: de repente encuadraba hacia un lado. Y aquello nunca respondía a ningún modelo, era una especie de reacción visceral, en el momento, sin paracaídas, con riesgo. En la mesa de montaje se veían, a veces, las diferentes takes que siempre eran ideas un poco diferentes, todas extraordinarias, y él terminaba por escoger la que le interesaba más. Esa imagen de Manoel es, de largo, la que yo mejor conservé. A pesar de que me impresionara más adelante con el teatro, con los grandes textos, con las grandes operaciones ostensivas y estilísticas, de la cual, en ocasiones, tengo la mejor de las opiniones, en términos de ejercicio íntimo, del rudo trabajo de intentar percibir el mundo a través de una mirada, que es casi la mirada de la cámara, de cómo la materia se resiste a nuestra voluntad, y eso es bueno (la cámara tiembla porque no consigue percibir bien lo que hay que ver). El nunca fue mayor ni más difícil de imitar. Ese lado que es una especie de radiografía de la emoción, de la consciencia, de la duda, tiene pocos ejemplos en el cine mundial. Hoy, los realizadores con grandes equipos, grande actores, nacionales e internacionales, hacen cosas, a veces admirables, pero nunca con ese lado desamparado de una conciencia individual, una mano que intenta realizar el trazo correcto. El trazo responde a una serie de dudas de la conciencia, sublime y mucho más moderno, porque es mucho más parecido a la gran pintura moderna, con aquellas cosas que sentimos por ejemplo en un Picasso, las manchas de tinta que caían, que otros intentaron disfrazar, casi se notan las impresiones digitales del pintor, y todo eso es bueno para el resultado final. Me gustaría mucho poder trabajar así y que otras personas en Portugal pudieran trabajar de forma más desamparada y con una moral más arriesgada. En una situación de éstas, cuando me equivoqué, me equivoqué humanamente, me equivoqué moralmente, y ese riesgo es el que es importante. De esa forma, no estoy protegido por una gran producción, tengo que tener una especie de unión y humildad en relación con los lugares, tengo que tener una complicidad con las personas que hoy se perdió en las grandes producciones.

Manoel de Oliveira y Paulo Rocha (Oporto 1965)

Paulo Rocha, declaraciones grabadas, Hotel Impala, 28/8/1996.
Publicado en Paulo Rocha. O Rio do Ouro,
Cinemateca Portuguesa – Museu do Cinema, Lisboa, 1996.

Traducido del portugués por Francisco Algarín Navarro.