Declaraciones de Paulo Rocha en Encontros, de Pierre-Marie Goulet
«El mar se lleva la arena… y la vida, otras cosas… los ancianos, las compañías… hasta las costumbres se lleva.»
Adelino (Gerardo d’El Rey) en Mudar de Vida
Conformada por una multitud de rostros, lugares y capas temporales, Encontros (2006), de Pierre-Marie Goulet, reúne las experiencias de Michel Giacometti, Manuel António Pina, António Reis y Paulo Rocha, en un periodo (1957-1966) en el que estos cuatro artistas coinciden en Portugal y cuyas huellas son recorridas hoy en día por Goulet. Entre estos «encuentros», Paulo Rocha vuelve a Furadouro cuarenta años después del rodaje de Mudar de vida (1966), el lugar donde aquellos grandes barcos de la compañía de pescadores estaban a punto de desaparecer y que él filmó antes de que lo hicieran definitivamente. Posteriormente, asistimos con el propio Rocha a una proyección de Mudar de vida en Furadouro, cuyos habitantes participaron en la película y reviven ahora sus recuerdos de aquel rodaje en 1966. Hemos transcrito aquí las declaraciones del cineasta en Encontros, película-passeur, testimonio esencial de uno de los momentos más bellos del cine, la música y la poesía en Portugal.




Paulo Rocha en Furadouro, donde se filmó Mudar de vida. Todas las imágenes de Encontros (Pierre-Marie Goulet, 2006).
Aquí estaba la ría y las matas a orillas del mar. Y las dunas y las casas de madera. Había una especie de reino aparte. El mar aquí era muy violento. Los campesinos venían aquí con los bueyes… para ayudar a empujar los barcos y las redes. En ese tiempo había todavía mucha pesca… y existían muchas compañías. Era un proceso que involucraba unas 300 personas. Los hombres de los bueyes dormían aquí muchas veces… dejaban los corrales cerca de los barcos… así, si el mar se ponía malo, servían para arrastrar los barcos lejos de la orilla. Esto era de una escala enorme: tirar las redes, que tenían kilómetros, con esas juntas de bueyes… tardaban casi una hora y media. Para mí, de pequeño, eso era todo un imaginario, algo mayor que la vida. Nada en la ciudad me impresionaba tanto. La compañía para mí era una entidad extraordinaria. Sin duda, acabó. Sólo quedó en la memoria.





He tenido grandes remordimientos a lo largo de mi vida por no haber sido fiel a las experiencias de las personas que vivieron frente a mí, y que yo podría haber salvado del olvido y de la muerte. Porque me entregaron, en un momento de confianza, un aspecto de sí mismos. He conocido centenas de personas y lugares, árboles que murieron, calles que fueron destruidas, personas que yo conocía, y lo que tenían de único y frágil desapareció. No soy lo suficientemente enérgico para filmar todos los días. Soy un poco como Camões en Macao: curador de difuntos y ausentes. En parte, mis películas son eso. En ellas preservé alguna memoria de familia y amigos… y de la playa… a lo largo de mi vida preservé eso en cada película.
Transcrito y traducido del portugués por Miguel Armas.




