Os Verdes Anos (Paulo Rocha, 1963)
Os Verdes Anos es una película bien singular y secreta, que aún hoy permanece como una fuente de equívocos para quien de ella realice una lectura lineal. Si la película no envejeció una arruga y si hoy se ve con el mayor asombro, es porque la historia de los infelices amores de la «sopera» y del «zapatero» queda vaciada de cualquier verosimilitud para adherirse al conflicto de los decorados y al conflicto de los actores. No creo que hubiera ya en el Paulo Rocha de esa época una influencia expresa del cine japonés, que apenas parece insinuarse en la película siguiente (Mudar de Vida). Lo que existe es un amor (¡increíble Isabel Ruth!) por los personajes, expreso en un erotismo difuso y nada físico, una especie de «saudade por amar» y por «amarlo todo» que, recuperando un imaginario típico de la literatura romántica portuguesa (de la novela popular a Amor de Perdição) cortan con el lado «queirosaino» del que el cine portugués había sido casi siempre su involuntario heredero, para enlazarlo con esa tradición fantomática, en el que el fatalismo es el único hilo conductor.
En ese sentido Os Verdes Anos es una película bisagra dentro de la historia del cine portugués.
Por un lado establece un puente entre un imaginario visual que el cine casi había ignorado y un imaginario cinematográfico específico. Os Verdes Anos pareció para muchos recuperar imágenes del antiguo cine portugués. Creo que no se trataba todavía de asumir esa tradición (visual y novelesca) que presidía y que por primera vez se articulaba coherentemente. Por otro lado ofrece las claves de las «figuras de retórica» posibles en la evolución futura de este imaginario, lo que hace de casi todas las mejores películas posteriores sus herederas.
Además, Os Verdes Anos es la película que da a ver por primera vez el mundo de la frustración, por elegir un término que más adelante Oliveira tomaría expresamente. La visión de Portugal, o de Lisboa, como espacio claustrofóbico, sin salidas, donde todo se frustra y donde todo agoniza (en una muerte leve) se ve por primera vez en la película de Rocha, que vista desde ese lado es más un retrato de un «país político que nos mata largamente» que una visión sumaria de un régimen que más sabiamente de lo que cualquier otro con ese país se identificó.
Alberto Vaz de Silva, en una crítica publicada en O Tempo e o Modo, en diciembre de 1963, habría sentido esa premonición cuando escribió que la película era por otra parte portuguesa, porque muy raras veces una obra de arte dejó, entre nosotros, así transparentarse también algo más allá de todo fatalismo, el tiempo absorto y el peso sordo, pesado, lo prolijo, que hace tanto se enraizó en nuestra tierra y que vanamente se define en nuestro futuro».
Rodaje de Os Verdes Anos (Paulo Rocha, 1963)
Publicado originalmente en «Cinema Novo Português: Revolta ou Revolução».
En Cinema Novo Português, 1960/1974. Cinemateca Portuguesa, 1985.
Traducción del portugués de Francisco Algarín Navarro.