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Especial Manoel de Oliveira

Testimonio

Por Glória de Matos

O Quinto Império – Ontem como Hoje (Manoel de Oliveira, 2004)

 

Me pregunto con frecuencia, ¿cómo será visto Manoel de Oliveira, de aquí a 50 ó 60 años? ¿Será juzgado a través de su obra, incluyendo todo lo que filmó y no ha sido mostrado, incluyendo todo el material que escribió y preparó y que nunca filmó? ¿Por las centenas de entrevistas que ya le hicieron, donde revela, por otro lado, su poder crítico, incluso mordaz, así como un enorme sentido del humor, a veces ácido, y una simplicidad que, curiosonamente, mucha gente no quiere ver?

Entre aquellos que escriben artículos laudatorios y los fanáticos detractores de su obra (pienso que hasta el propio Manoel de Oliveira se asombra con lo que lee al respecto) hay un enorme vacío de público, con sensibilidad y buen gusto, que se sienta en una sala, con un corazón abierto y disponible para apreciar o para no apreciar, pero libre de los prejuicios, de ideas hechas y de lo «intelectualmente correcto». Infelizmente, todo lo que el público conoce de Manoel es que se trata de un portugués que hace películas apreciadas en festivales internacionales pero que, en su mayoría, nunca las vieron ni tienen intención de verlas. Espero que con el paso del tiempo este anacronismo fruto de múltiples razones que no cabe aquí referir se vea corregido.

Es curioso notar que Manoel de Oliveira manifiesta en su obra un componente de riesgo muy evidente. El mismo dice que «cada plano es un riesgo». Y añade: «el cine, esa máquina que es mi proceso más familiar, mi escudo y al mismo tiempo mi lanza…».

Manoel es un hombre que posee un gran encanto y un comportamiento social refinado, en el que se puede percibir una educación y una juventud basada en la competición –desde el atletismo a las carreras de coches–. Como contrapartida, tenemos al hombre que lidera un equipo de trabajo con mano de hierro, que se exige a sí mismo, a sus actores y a sus técnicos, una entrega que no pocas veces llega hasta el límite de las capacidades físicas de cada uno. No se trata de crueldad, sino de un deseo obsesivo de conseguir cada vez más y mejor. ¡Es su lucha por la perfección!

En esta lucha, se encuentra también el hombre simple, que conmueve y que hace conmover, capaz de encontrar lo bello y lo horrible donde quiera que se encuentren: dentro de una flor, en una piedra o en lo más profundo del alma humana. Cuando acecha al mundo a través de la lente de su cámara (que es simultáneamente «su escudo y su lanza»), incluso hoy, con 92 años, tiene la extraordinaria capacidad de maravillarse y apasionarse por lo que ve a través de ella. Pero lo que ve es la vida real, completamente ficcionada. Y en esta dualidad –ficción, realidad– su relación con los personajes de su historia posee algo verdaderamente fascinante. Quieren que sean personas; pero no les quiere ver entrar en la realidad de la vida.

Jamás olvidaré la escena (por otro lado, hermosísima) de la muerte de Francisca, en la película del mismo nombre, donde yo, que hacía de su madre, la cogía en brazos, mientras ella expiraba pronunciando un pequeño texto muy bonito de Agustina Bessa-Luís. De acuerdo con las indicaciones, yo lloraba. Pero Manoel, al verme el rostro lleno de lágrimas, tuvo un choque. De repente, la figura de la pura ficción se había materializado y la pregunta fue inevitable: «Maria Glória [es así como me llama], ¿por qué lloraste?».

Le respondí, simplemente: «Porque me lo has pedido».

¡En su mirada podía leerse la perplejidad ante esta cosa misteriosa que es la vida!

Se habla mucho de la teatralidad en las películas de Oliveira, a lo que él responde: «Esa noción de teatro filmado que me aplican es errónea, un prejuicio».

«Teatro cinematográfico, cine teatral son prejuicios de un lado y otro… yo filmo la vida…». «Se filma lo que el actor representa».

El aforismo shakespeariano no puede tener más sentido: «All the world is a stage and all men and women merely players».

Un abrazo, Manoel.

Que vaya bien.

 

Glória de Matos interpretó a Etelvina en Benilde ou a Virgem Mãe, a Rita Owen en Francisca, a sí misma en Os Canibais, a Maria do Loreto en Vale Abrãao, a la Reina D. Catarina en O Quinto Império – Ontem como Hoje, a la enfermera Hilda en Espelho Mágico y a D. Sande en Singularidades de uma Rapariga Loura.

 

Publicado originalmente en Camões. Revista de Letras e Culturas Lusófonas,
nº 12-13, entero-junio de 2001.

Traducción del portugués de Francisco Algarín Navarro.