www.elumiere.net

Especial Manoel de Oliveira

Querido Serge Daney

Por Manoel de Oliviera

O Estranho Caso de Angélica (Manoel de Oliveira, 2010)

 

Querido Serge Daney,

Hace ya mucho tiempo que no paro de pensar en ello y no me puedo resistir a comentarlo contigo, ya que ahora que no estás aquí, y no sé si, desde ahí en lo alto, desde el cielo, te llegan ecos de lo que sucede aquí abajo. Sólo quería decirte que las diferentes técnicas han avanzado a la velocidad de la luz, pero con efectos nefastos. Si es verdad que por un lado nos seducen porque nos ofrecen mayores comodidades, también es cierto que cada día sobrecargan nuestra vida social y absorben nuestra vida privada, en un crescendo de problemas que, al mismo tiempo, despojan de todas sus virtudes nuestra apacible vida, hijos de la naturaleza como somos, a la que estamos umbilicalmente unidos. Alteran nuestra forma de vivir, alteran la propia naturaleza, garantía de nuestra supervivencia, por medio de artificialismos que siempre acometen mayores desafíos, con prudencia o inconsciencia, corriendo riesgos incapaces de controlar, y de los que en buena medida somos ya víctimas. ¿Cómo podemos vivir en esta situación que nos presenta el mundo, situación tan contradictoria como descontrolada, sin gritar de angustia y de desesperación? Pero si gritamos, ¿acaso no sabemos que se perderá este grito en el espacio sin que se escuche? ¿Cómo puede el mundo bajar hasta tal grado de inconsciencia, justo en el momento en el que afirma dominar mejor que nunca la ciencia?

En esta situación confusa, que me inquieta y en la que me contradigo, me pregunto cómo explicar que, en paralelo a mi rechazo de las ciencias aplicadas, soy un cineasta apasionado, un enamorado del cine, mientras que el cine deriva precisamente de esta ciencia que acabo de condenar.

Las ciencias puras, que descubren los fenómenos y las leyes del universo, me parecen respetables, y es por lo que admiro a los hombres que dedican su vida a la ciencia y la ofrecen al mundo, para que éste la conozca. Pero por otro lado, para las ciencias aplicadas, en las que se inscribe el cine, ¿tengo una respuesta plausible? Tener una la tengo, pero aunque la tome por válida, es verdad que estoy tan implicado en su interior que esto pone en cuestión lo que voy a argumentar.

De hecho, creo profundamente en esta cosa que llamamos cine y que, en tanto que imagen proyectada en la pantalla, es inmaterial y, como el fantasma de toda realidad, real o imaginaria, una imagen que no pertenece a la realidad concreta de las ciencias aplicadas. Lo que subsiste de esta última es la pantalla en sí misma, la película en sí misma, la maquinaría en sí misma, y finalmente las cosas materiales, pero no el sustrato inmaterial, que se abstrae de todas estas cosas y no forma parte de ellas.

Te escribo a partir de esta base, pensando de nuevo con emoción en aquella época maravillosa en la que estabas con nosotros y en la que nos confirmabas que el cine es cine cuando está aquí o allá. Ciencia «borrada» por todo lo que sobrepasa la materia, es decir, el espíritu. Es lo que nos da fuerza y una razón para continuar viviendo, siguiendo nuestro camino en la oscuridad del túnel del futuro, animados por una luz lejana que, al fondo, nos hace una señal y a la que damos el nombre de esperanza, esperanza diferente: la del espíritu que vemos al otro lado.

Animado por todas estas ilusiones que iluminan nuestra realidad, te escribo esta carta porque necesito decirte que siempre estás entre nosotros, como sucedía en el pasado, a partir de este espíritu que tenemos en común y cuyo intermediario es el cine. Y que tú, como él, estáis tan presentes hoy como ayer. De la misma manera que, cuando nació el cine éste existía ya, existía desde siempre, no como máquina, sino como cine. Es por lo que decimos que el cine escapa al tiempo, porque es el fruto del espíritu que anima a todas las otras artes. Tú también, Serge, tú también eras ya este espíritu crítico, que disecaba y analizaba las películas, que permanecían en ti, en las proyecciones fantasmagóricas, donde la realidad y la ficción se confundían y eran equivalentes.

De la misma forma que estuviste, estás entre nosotros y seguirás estando en alguna parte, en la que esperas la división de las cosas, tal y como son divisibles en este mundo, en el que vivimos una ilusión del tiempo que, él también, pertenece a este lugar, hasta entrar finalmente en la metafísica del más allá, que no tiene tiempo, lugar o espacio.

Veo lo que es el Cine de acuerdo con su aspecto trascendental, a partir de determinadas preguntas. Porque el cine no es la cámara, ni la película, ni los aparatos que sirven para revelar, o los estudios o las salas de cine, y todavía menos los vídeos y compañía, ni siquiera los actores, los cineastas, los autores de los argumentos o los diálogos, los compositores y los intérpretes de las músicas, o no importa qué técnico que se ofrezca tan generosamente al proceso de creación, para que el complejo proceso de creación se pueda llevar a cabo, ya que, a la manera de nuestro cuerpo, no puede funcionar si le falta el espíritu, el impulso de cualquier cosa.

Espíritu que planea, que anima a la inteligencia y que hace vibrar las cosas desde el vacío de los tiempos, ya que el cine, que escapa al tiempo, conoce todos los tiempos, en el exterior y en el interior del tiempo y del espacio. El Cine no es otra cosa que una realidad virtual, fruto de una proyección del espíritu creador. Del mismo modo, la espiritualidad del espíritu analítico del crítico se fija en el papel en lo que él, el crítico, ha dejado escrito, o en lo que, por medio del recuerdo, ha quedado de lo que ha dicho justamente.

Querido Serge Daney, continúas siendo recuerdo y presencia en el tiempo y fuera de él, continúas siendo una parte complementaria del cine. Y el cine es tanto lo que es proyectado como lo que se proyecta y se proyectará en las pantallas de las salas de cine. Como hemos hablado y hablamos de estas proyecciones, hemos escrito y escribiremos sobre este tema, lo que se pensó, lo que se piensa y lo que se pensará. En una palabra, el cine no ha sido, y ni siquiera ha comenzado. El cine es. Es porque lo era ya, y lo era porque contenía el espíritu de las cosas, y así como siempre fue, siempre será. Y tú, Serge Daney, has sido, porque eras ya y estarás siempre con nosotros.

Oporto, junio del año 2000.

 

Publicado originalmente en Trafic, nº 37, primavera de 2001.
Número especial dedicado a Serge Daney.
Traducido del francés por Francisco Algarín Navarro.

O Estranho Caso de Angélica (Manoel de Oliveira, 2010)