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VIENNALE '12 (2)

Conversación con Leonor Silveira (II)

por Alicia Mendoza

O Convento (Manoel de Oliveira, 1995)


¿Situarías esa transición hacia la madurez en algún personaje concreto?

Sí, en la transición de Vale Abraão hacia delante, por ejemplo O Convento (1995). Antes de esta película realizó O Dia do Desespero (1992), en la que yo no colaboré, de modo que fue una especie de regreso. Cuando volví, sentí que el personaje que interpreté era completamente diferente, sobre todo gracias a ese tiempo que había trascurrido. No sé si esto se puede apreciar al ver el personaje de Ema en Vale Abraão. Para mí, como actriz, es una película con una característica muy específica en relación con las otras 19 películas que hice con Oliveira. Se trata de una mujer que posee una tranquilidad y un dominio que no poseen ninguna de las otras. Me refiero al dominio de su actitud y de la palabra.

¿Crees que el personaje de Espelho Mágico (2005) no alcanza esta madurez?

No. El personaje de Alfreda en Espelho Mágico tiene mucho poder, es dominante, pero no es lo mismo. No es un dominio sobre sí misma. Domina con el cuerpo, con los gestos, con las manos. Mientras que el personaje de Vale Abraão no, se trata de una madurez interior, que queda expresada verbalmente. A través de la palabra Ema trata de expresarse, pero aguanta y aguanta. Es muy contenida.

Espelho Mágico (Manoel de Oliveira, 2005)

Um Filme Falado (Manoel de Oliveira, 2003)


Parece que el personaje de Um Filme Falado (2003) podría responder a otro estereotipo de mujer, pero no está claro que siga pautas diferentes a las de Ema en Vale Abraão.

En realidad es bastante parecida, si bien la libertad que presenta es mucho más amplia. Por otro lado, tiene algo que las otras no conocen: lleva una niña con ella, por lo que forzosamente hay una comunicación entre ambas. Abre un «más allá» que no se puede trabajar de forma interior. Hay que abrir el trabajo.

Por lo tanto, ¿cómo fue trabajar en el contexto de la introducción de la niña en ese paradigma de la mujer reservada a la que estás habituada, y también dentro de la disciplina física que has descrito?

Desde fuera, parece haber resultado difícil trabajar con un niño en este ámbito, pero no lo fue. Todo cambia cuando estás con ella, cuando la tienes a tu alrededor. Al empezar a trabajar las cosas se vuelven fáciles.

Mi impresión es que la dificultad se encontraba en el planteamiento del propio personaje, al tener a su cargo a una niña que dependía de ella.

Lo más complicado para mí fue intentar no evadir el tema de la maternidad en relación con el resto de mujeres que he interpretado; la universalidad, la urbanidad, la dimensión de la palabra que debe acompañarme. En este personaje de Rosa Maria encuentro que hay dos momentos diferentes: por un lado, ella es aquella que presenta el mundo, quien explica que las distintas lenguas no suponen un obstáculo, encontrándose «más allá de». Pero, al mismo tiempo, es alguien que no olvida la maternidad. Está pendiente de la niña: «Agárrate aquí», «quédate cerca de mí»… En ningún momento olvida esa relación de dependencia.

¿Considerarías entonces que siendo la mujer más libre que presenta Oliveira es también, a la vez, la más condicionada?
Por supuesto, teniendo una hija, sin lugar a dudas.

Rodaje de Espelho Mágico (Manoel de Oliveira, 2005)



Espelho Mágico es una de nuestras películas preferidas. En una ocasión, entrevistamos a Agustina Bessa-Luís. Creo que Espelho Mágico estaba preparándose y que se rodaría al año siguiente. Agustina nos contó que tenía muchas discusiones con Oliveira sobre esta adaptación de A Alma dos Ricos, en primer lugar porque odiaba el título. Espelho Mágico le parecía ridículo. También había profundas difrencias entre ambos en cuestiones teológicas.

Sí, a mí me gusta mucho Espelho Mágico. La primera vez que vi a Agustina Bessa-Luís fue en el rodaje de Vale Abraão. Vino para conocer a Ema. Me llamaron para presentármela y Manoel me dijo: «Leonor, ella es Agustina Bessa-Luís». [Leonor Silveira toma la pose de Agustina y nos mira de arriba abajo muy seria varias veces y añade un «Aha» con la cara girada, en un gesto más cercano al desprecio que a la indiferencia].

Es cierto que ella toma esta actitud que nos has descrito respecto a los personajes femeninosde sus novelas, sin mostrar ninguna piedad por ellos. Pero luego llama la atención ese contraste: estuvimos viendo una serie de la RTP producida por Fernando Lopes, consistente en varias conversaciones entre Bessa-Luís y Maria José Seixas. Entre ambas explican los orígenes, los significados y los posibles cambios de algunas expresiones populares. En la serie, Agustina parece una mujer amable.

Es cierto que no muestra ninguna piedad ante los personajes femeninos. Es una mujer sorprendente, y tanto ella como Manoel son grandes conversadores.

¿Suele acudir Agustina Bessa-Luís al rodaje de sus novelas que Manoel adapta?

No, ¡en absoluto! Como ya he dicho una vez vino a visitarnos al rodaje de Vale Abraão, pero fue la única vez. Por supuesto lo recuerdo porque fue muy impactante.

¿Y se quedó hablando con vosotros un poco o se marchó?

Se quedó un rato charlando con nosotros.

¿Nunca ha pensado Oliveira rodar la tercera parte de O Princípio da Incerteza, la trilogía de Bessa-Luís (formada por Jóia de Família (2001), A Alma dos Ricos (2002) y Os Espaços em Branco (2003)?

No lo sé. Son preguntas que nunca le hago. Nunca me ha comentado nada, pero es cierto que no suelo planteárselo.

O Principio da Incerteza (Manoel de Oliveira, 2002)


¿Has visto la «película secreta» de Oliveira, Visita ou Memórias e Confissões (1982)?

Leonor Silveira: No, no la he visto. La copia se encuentra en la Cinemateca Portuguesa. En la única proyección privada, de los años 80, la vieron entre otros Botelho, pero no entiendo por qué fue tan complicado.

¿Por qué no muestra la película? ¿Hay algo en ella que pueda doler o molestar a alguien?

Francisco Ferreira: No lo creo. Pienso que simplemente hizo esa película por pura apetencia.

Leonor Silveira: Lo cierto es que él nunca habla de esa película.

¿Soléis tener momentos de humor en los rodajes?

Leonor Silveira: Sí, son muy divertidos. De hecho, Manoel es muy divertido. En Gebo, salvo en el caso de algunas dificultades sin importancia, lo pasamos muy bien.

O Gebo e a Sombra (Manoel de Oliveira, 2012)


Ingmar Bergman solía decir que detrás de las películas más tristes se encontraban los rodajes más divertidos, como sucedió por ejemplo con Viskningar och rop (1972). Esta película es en ese mismo sentido bastante oscura.

Luís Urbano: En O Gebo e a Sombra encontramos momentos muy complicados. Algunas escenas fueron muy difíciles de filmar.

Leonor Silveira: Cuando caigo al suelo, por ejemplo, se oye un grito. Ese grito viene del hecho de que me caí de verdad. Habíamos filmado una toma completa que quedó perfecta: el sonido estaba muy bien, el movimiento era muy bueno. La toma estaba bien filmada. Pero Manoel dijo: «Bueno, vamos a hacer otra…». Comenzamos la segunda toma y Ricardo Trepa me empujó tan fuerte que me di con la cabeza en el suelo. ¡Mi cabeza rebotó en dos ocasiones!

Rodaje de O Gebo e a Sombra (Manoel de Oliveira, 2012)


Luís Urbano: Los actores, en algunos casos, recitan textos de diez y hasta quince minutos.

Leonor Silveira: En algún caso llegamos a los 24 minutos… Cuando haces escenas con diálogos tan largos como en esta película, con una postura fija, inamovible, van pasando los minutos y tú te vas desorientando. Cuando pasan quince minutos ya no sabes dónde estás… empiezas a entrar en un bucle por la concentración.

Luís Urbano: Filmar una escena en la que un actor tendrá que estar recitando su texto ininterrumpidamente durante 24 minutos es realmente complicado. Y lo cierto es que Manoel lo controla todo con su propia presencia, con su propia fisicidad. Cuando entra en el rodaje, todos, actores, cámaras, técnicos, comienzan a trabajar de inmediato. Respondiendo a la pregunta, la gente cercana piensa en muchas ocasiones que es alguien muy mayor a quien hay que tratar con cuidado, pero justamente lo que más le gusta es sentirse y estar físicamente en forma y sorprenderles. Ese acto de sorpresa es lo que nos hace precisamente reír. Pero a la vez, también recurriendo a estas demostraciones, consigue que todo el mundo mantenga a la hora de trabajar un silencio absoluto.

Leonor Silveira: Es un cineasta que domina. Recuerdo momentos en los que llega una sonrisa. Pero se trata de una sonrisa únicamente, bastante leve. No llegan las risas.

Y entre toma y toma, ¿suele haber un clima de mayor distensión?

Leonor Silveira: No, entre toma y toma el actor debe permanecer quieto, debe quedarse en su sitio. En realidad no necesitas moverte, puesto que es él quien se mueve. Se mueve todo el tiempo, ¡necesita moverse!

Luís Urbano: ¿Estabas el día en el que fue a visitarle Álvares al rodaje?

Leonor Silveira: No, justo ese día no…

Luís Urbano: Cuando Álvares llegó, Manoel le dijo: «¿Pero qué está haciendo usted aquí?». Álvares le dijo que simplemente venía a visitarle. «Ah bueno, ahora estoy trabajando… ¡pero siéntese, siéntese ahí!», le respondió.

Leonor Silveira: Es cierto que le encanta sorprender a la gente. Sobre todo es algo que le agrada mucho si hay persoans más mayores que él, lo cual es complicado. Pero en cualquier caso, le gusta demostrar que está activo, como un niño, especialmente cuando hay personas delante de cierta edad.

Luís Urbano: Una de sus actuaciones principales es la de la canica. Consiste en tomar el bastón y hacer rodar una canica con él.

¡Hemos visto algunos vídeos en Internet en los que deja el bastón y comienza a bailar!

Leonor Silveira: Puedo contar una anécdota, de hecho, del rodaje de Viagem ao Princípio do Mundo (1997). No recuerdo muy bien dónde nos encontrábamos exactamente, pero era en un pueblo situado al norte de Portugal, en la zona en la que se rodó parte de la película. Hacía un frío increíble, era horrible. Nos encontrábamos en un hotel bastante antiguo, un hotel que recordaba a un casino. Me desperté a las 6.00 de la mañana. Me sentía descansada, así que me dispuse a comenzar la jornada para empezar a trabajar. Abrí la ventana y vi frente a mí una piscina. De repente, fijé la vista y… ¡creí ver a un muerto! Me quedé completamente impresionada, muda. La temperatura sería de unos 3ºC. El cuerpo estaba inmóvil, flotando en el agua. Casi no podía respirar cuando, de repente, ¡veo que se mueven los brazos y comienza a nadar!

Viagem ao Princípio do Mundo(Manoel de Oliveira, 1997)


Francisco Ferreira: Recuerdo que una noche me encontré en la Cinemateca con Manoel, que habia ido alli presentar una película. La session empieza y nos quedamos fuera charlando. Hasta que él me dice: «Necesito tomar un café, ¿me acompañas?». Fuimos a la cafetería y pedimos un café cada uno. Pero Manoel no tomó soóo uno, tomó trés, casi inmediatamente. Imaginad, ¡tres cafés a las once de la noche!

Leonor Silveira: ¡Cuando hace mucho frío suele hacer flexiones para entrar en calor!

Luís Urbano: Manoel vive en un quinto piso y tiene su oficina en el sexto. Necesita sentirse en forma porque tiene que subir una planta para llegar hasta su lugar de trabajo. Allí tiene su ordenador portátil, con un ratón táctil, donde escribe sus proyectos. Un día le dije algo mientras escribía, me miró y me dijo: «Un momento, ¡voy a hacer un save!».

Cuando está preparando el proyecto de una película, ¿con cuánta antelación te llama?

En O Gebo e a Sombra, por ejemplo, me llamó con tres días de antelación. Normalmente el productor contacta conmigo y me dice: «¿Te han entregado ya el guión?». Yo le respondo: «¿Qué guión? Ah… Sí, sí, ya me lo han entregado».

Francisco Ferreira: ¿En qué películas no has trabajado con Oliveira?

En O Dia do Desespero, A Caixa (1994), O Quinto Império - Ontem Como Hoje (2004)... No quiero parecer pretenciosa, pero desde Vale Abraão aparezco en todoas sus películas salvo esas tres.

Cristóvão Colombo - O Enigma(Manoel de Oliveira, 2007)


¿Y qué recuerdas de tu papel en Cristóvão Colombo - O Enigma?

En ella soy la madre que se despide. Para este filme, le dije: «Manoel, me encantaría rodar, pero estoy embarazada». «¿Cómo? ¿Pero ya se nota?», me preguntó. «No, no, todavía no». «¡Ah bueno!».

Francisco Ferreira: ¿Conocéis la película que le dedicó Paulo Rocha para la serie Cinéma, de notre temps? En Oliveira, o Arquitecto (1993) también aparece Leonor, y hay una historia que debería contar…

Leonor Silveira: No, no la voy a contar… Cuéntala tú. Fue horroroso, todo fue muy mal, es lo único que puedo decir. Fue terrible mi aparición delante de la cámara, vestida de rojo, en su casa, filmada por Paulo Rocha. No, no. No quiero contar esa historia. «Pero… ¿qué es eso? ¿Qué vestido es ese?». Y aquel sombrero… prefiero no acordarme.

Francisco Ferreira: Pienso que Paulo quería, muy respetuosamente, provocar a Manoel. Está claro… dirigió a Leonor, que es la matriz de Oliveira. Fue una provocación. 

Leonor Silveira: Nadie podía ir al baño… «¡En mi casa nadie va al baño!». Pero me decía: «Tú puedes, tú puedes…». Fue una pesadilla entrar en medio de ese tiroteo. Creo que Paulo quería que también Doña María Isabel, la esposa de Oliveira, se colocara un sombrero. Manoel estaba muy enfadado. Al final ganó Doña María Isabel, pues no se puso el sombrero. Pero todo esto duró horas y horas. Paulo trabajaba a pesar de todo con su mejor educación, con calma y sosiego e intentaba explicar por qué era importante que ella se pusiese aquel sombrero. Yo llevaba uno y ella también debía llevarlo.

Francisco Ferreira: ¿Cuál ha sido la película más complicada de hacer para ti, ya sea por la interpretación o por el trabajo sobre el texto?

Sin duda Vale Abraão.

¿Y las dos de Bessa-Luís? El texto de O Espelho Mágico parece realmente complejo.

En realidad, en las películas, no se siente el trabajo de Bessa-Luís. Estás trabajando en una película de Manoel de Oliviera. Ella relata de una manera bastante diferente.

Conozco un poco la obra de Bessa-Luís y es verdad que, al compararla con la de Oliveira, aunque se reconoce un mismo relato, las miradas hacia él son totalmente diferentes. Es como si Bessa-Luís culpabilizase a sus personajes por su propia vida, mientras que Oliveira los respeta, sobre todo en el caso de los personajes femeninos.

Leonor Silveira: Sí, creo que hay que tener en cuenta que para Manoel la mujer es siempre un misterio, mientras que para Bessa-Luís está hecha de la piel del diablo.

¿Hay alguna actriz a la que admires o en la que te hayas inspirado?

Leonor Silveira: Hay muchísimas actrices a las que admiro. Sin embargo, mi fuente de inspiración es Manoel: le miras y la sientes de inmediato.

1 En O Princípio da Incerteza (2002) Manoel de Oliveira adaptó la novela Jóia de Família, llamando a esta película de la misma forma que Bessa-Luís a su trilogía completa. Espelho Mágico, por su parte, es una adaptación de A Alma dos Ricos. Pero Bessa-Luís ha colaborado en muchas otras ocasiones en las películas de Oliveira, por ejemplo inspirando la historia de 'Fanny' Owen en Francisca (1981), escribiendo los diálogos de Visita ou Memórias e Confissões, la mencionada película secreta de Oliveira, Vale Abraão parte de su novela homónima, O Convento se inspira en una idea suya, en Party (1996) también escribió los diálogos de la película, en Inquietude (1998) Oliveira adaptó un relato suyo, Mãe de Um Rio –los otros dos son Prista Monteiro (Os Imortais) y António Patrício (Suzy), y como actriz tiene un pequeño papel en Porto da Minha Infância (2001) (NdE.).



Inquietude (Manoel de Oliveira, 1998)

 

Declaraciones recogidas en Viena el 3 de noviembre de 2012. Todo nuestro agradecimiento para Fredi Themel, Francisco Ferreira, Luís Urbano y, por supuesto, Leonor Silveira